
Desde que la invasión rusa llegó a la planta de Chernobyl, sitio del desastre nuclear de 1986, los experimentados técnicos y expertos han estado trabajando a punta de pistola, en medio de preocupaciones por las medidas de seguridad para contener el combustible usado, altamente radioactivo.
“La situación psicológica se está deteriorando”, reconoció el supervisor Valentin Heiko, veterano empleado de la instalación, que junto a unos 200 técnicos y personal de apoyo se encuentran en una situación desesperada, según las llamadas y testimonios de las últimas semanas recogidos por el Wall Street Journal.
Algunos trabajadores que exigen poder volver a sus casas llegan a amenazar con salir a pie por delante de los tanques rusos que vigilan los exteriores. Pero también tienen el debate interno: sienten el deber de trabajar para cuidar las instalaciones ante el enorme riesgo que conlleva la situación. “Todo el mundo quiere irse a casa, pero sabemos que tenemos que quedarnos”, añade Heiko.

Se trata de una crisis de rehenes. Así lo describe el WSJ, que revisó videos y textos enviados por los empleados a sus familias, y habló con decenas de funcionarios y personal cercano a los trabajadores, así como grabaciones de la llamada telefónica diaria con el reporte de la situación. A 50 kilómetros del lugar, los reguladores locales e internacionales intentan entender lo que pasa en la planta, en medio de versiones opuestas de Kiev y Moscú.
Son casi tres semanas en las que el equipo de técnicos ha estado trabajando bajo máxima presión, a doble turno permanente, algunos de ellos con problemas de salud. Solo recuperan sus celulares por breves minutos para hablar con sus familias, a quienes les cuentan los problemas de fatiga, mareos, náuseas y otros dolores. El ánimo decae incluso afectado por la dieta: todos los días hay avena y comida enlatada, hecha por un cocinero de 70 años que ya se ha desplomado por el agotamiento.
“No reconocí su voz. Me di cuenta de que había alguien detrás de él. Frases muy cortas”, dijo la esposa de un trabajador de la planta que habló con su marido el viernes.

Pero también hay espacio para señales de rebelión. Según relata el WSJ, el personal discute con sus captores la naturaleza de la invasión rusa y todas las mañanas pone en los altavoces el himno nacional ucraniano. Los trabajadores se ponen de pie y la mano en el pecho. Y hasta hay momentos de humor. En la bitácora, en la que habitualmente se registra el cambio de turno, a los empleados solo les queda reírse cuando se pasan la posta... a sí mismos, sin nadie que los reemplace.
“Incluso en la fase aguda después de 1986, los trabajadores tuvieron descansos por seguridad”, dijo al WSJ Serhiy Myrniy, que fue comandante de un pelotón de reconocimiento de la radiación, parte del despliegue soviético de 600.000 soldados, bomberos y otros enviados para limpiar después del accidente y contener la radiación. “La situación ahora que la central está ocupada es increíblemente peligrosa”, añadió.
El reactor número 4 de la central de Chernóbyl explotó en 1986, provocando el peor desastre nuclear civil de la historia. Está cubierto por un doble sarcófago, uno construido por los soviéticos, ahora dañado, y otro, más moderno, inaugurado en 2019.
Los reactores requieren de electricidad para los sistemas de seguridad, incluido el de enfriamiento para el sitio de almacenamiento del combustible nuclear usado. Sin embargo, el OIEA dijo recientemente que, dado el tiempo transcurrido desde el accidente de 1986, “la carga térmica de la piscina de depósito de combustible usado y el volumen de agua de enfriamiento son suficientes para garantizar una evacuación eficaz de calor sin electricidad”.

El presidente de la empresa nuclear ucraniana Energoatom, Petr Kotin, alertó del uso de las centrales nucleares de Zaporiyia y Chernobyl como bases militares por parte del Ejército ruso. En una entrevista concedida a NV, Kotin ha señalado que existe “mucho material nuclear” en la zona y que cada reactor está cargado de gasolina. “Sabe dios lo que los invasores harán con este material. Si lo dejan todo tal y como está no pasará nada malo”, declaró, antes de indicar que por el momento “no han interferido con el trabajo del personal”.
Kotin ha reafirmado, por otra parte, que Ucrania ganará la guerra. “Lo que no sabemos es cuándo”, dijo. “Es muy triste que hayamos perdido Zaporiyia, pero no entiendo los motivos de hacerse con Chernobyl. Solo hay material radiactivo del que preocuparse. Es peligroso y además hay que invertir mucho dinero para mantener unas buenas condiciones. No veo los beneficios”, afirmó.
No obstante, recordó que hay que estar preparados para el momento en que Ucrania “pueda entrar de nuevo” en la zona. “Lo recuperaremos todo”, zanjó.
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