
Tras la invasión rusa, Estados Unidos aprobó por primera vez el envío de misiles portátiles Stinger a Ucrania como parte de un paquete aprobado por la Casa Blanca el pasado viernes para respaldar a las fuerzas ucranianas en su intento de contener el avance de las tropas rusas.
Ese tipo de proyectiles son extremadamente eficaces para derribar helicópteros, aeronaves que son utilizadas por las tropas invasoras para atacar a Ucrania. El misil utiliza un buscador de infrarrojos para fijar el calor del escape del motor, y alcanzará casi cualquier cosa que vuele por debajo de los 3.000 metros de altura.
Es decir, este tipo de misiles, conocidos oficialmente como FIM-92A, están diseñados para que las tropas terrestres hagan frente a aeronaves enemigas que vuelan a baja altura. En las últimas horas han circulado imágenes de devastadores bombardeos rusos contra objetivos militares y civiles.
Asimismo, las aeronaves que vuelan a tan baja altura suelen ser una gran amenaza puesto que, además de servir para atacar los objetivos, pueden realizar tareas de vigilancia, así como insertar, extraer o reabastecer a sus tropas.
El misil y su lanzador pesan cerca de 15 kilos, lo que la convierte en un arma sumamente ligera y fácil de movilizar. El lanzador es reutilizable, mientras que cada proyectil pesa unos 10 kilos.
Esas características hacen que no se requiera gran cantidad de tropas para su uso. Con apenas un uniformado basta para utilizar los misiles Stinger, que se lanza desde el hombro. Sin embargo, normalmente dos personas son las que suelen operar el dispositivo.
Es un arma que utiliza un buscador infrarrojo pasivo, capaz de captar el calor que produce el motor del avión. Se denomina “pasivo” porque, a diferencia de un misil guiado por radar, no emite ondas de radio para “observar” su objetivo.
También identifican la “sombra” ultravioleta del objetivo y utilizan esa identificación para distinguir el objetivo de otros objetos que producen calor.
Antes de disparar el arma, el soldado apunta al objetivo. Una vez que se fija el buscador, hace un sonido característico. Al apretar el gatillo, sale despedido el misil. Luego, el motor de lanzamiento se desprende y se enciende el motor principal del cohete sólido. El cohete propulsa el Stinger a unos 2.400 kilómetros por hora.
Además de alcanzar una aeronave que vuela por debajo de los 3.000 metros de altura, cuenta con un alcance de unos ocho kilómetros.
Según explica el portal How Stuff Works, mientras el misil vuela, la imagen del objetivo que intenta alcanzar puede descentrarse en el sensor. Cuando esto ocurre, el proyectil se desvía de su curso y el sistema de guía tiene que decidir cómo volver a su curso. En ese momento entra en acción la navegación proporcional.
El misil observa el ángulo de descentramiento y cambia su ángulo de vuelo de forma proporcional utilizando un multiplicador. Es decir, si el multiplicador es 2 y el sistema de guía piensa que está 10 grados fuera de curso, cambiará su dirección de vuelo en 20 grados. Posteriormente, una décima de segundo más tarde, mirará el ángulo de nuevo, y cambiará de nuevo.
Esa corrección le permitirá al misil anticipar la trayectoria de la aeronave en movimiento.
Por ahora se desconoce el momento en que los misiles Stinger serán entregados, pero las autoridades indicaron que Washington está trabajando en la logística del envío.
La medida adoptada por el gobierno de Biden llegó tras el anuncio de Alemania de que enviará 500 misiles Stinger y otras armas y suministros a Ucrania.
Ante la imperiosa necesidad de contener el avance de las tropas rusas, las autoridades ucranianas han estado solicitando que se les envíen armas más poderosas.
Estonia le ha estado proporcionando Stingers a Ucrania desde enero, y para poderlo hacer tuvo que recibir autorización de Estados Unidos. El Gobierno neerlandés, por su parte, anunció el sábado pasado el envío de 200 misiles tierra-aire de tipo Stinger “lo antes posible”, así como otros materiales como 3.000 cascos de combate y 2.000 chalecos con placas de blindaje; 30 detectores de metales y dos robots de detección de minas guiados por cable; dos radares de vigilancia y cinco de localización de armas; y 100 rifles de francotirador con 30.000 piezas de munición.

Entre el material de nueva generación que ostenta el Ejército de Ucrania se destacan también los misiles Javelin y NLAW, capaces de destruir tanques y blindados rusos.
El pasado 17 de enero, previo a la invasión rusa, llegaron a Kiev aviones de carga C-17 de la Fuerza Aérea Real británica. Ese día, el ministro de Defensa del Reino Unido, Ben Wallace, sostuvo que el gobierno de Boris Johnson decidió “suministrar a Ucrania sistemas de armas defensivas ligeras antiblindaje”.
Estados Unidos, por su parte, comenzó a enviar a Ucrania sus propios misiles antitanques Javelin en 2018. En diciembre del año pasado aprobó un paquete adicional de armas de 200 millones de dólares, incluyendo más proyectiles de ese tipo.
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