
Un muy esperado informe interno sobre el escándalo de las fiestas celebradas en Downing Street durante los confinamientos contra la pandemia fue entregado este lunes al primer ministro Boris Johnson y divulgado al público.
Amenazado desde hace semanas por una posible moción de censura en su Partido Conservador, que de arrebatarle el liderazgo de la formación lo desalojaría también del gobierno británico, Johnson comparece ante la Cámara de los Comunes.
“Lo entiendo, y lo arreglaré”, dijo, prometiendo cambios administrativos en su operación en Downing Street, pero sin abrir la posibilidad de una renuncia.
Entre esas reformas, adelantó que creará la función de un “secretario permanente” que supervise el funcionamiento de las oficinas del primer ministro, aunque no ofreció más detalles. Asimismo, aseguró que revisará los códigos de conducta que rigen para el gobierno y sus asesores, así como mejorará la “conexión” entre el Ejecutivo y el Parlamento.
Johnson aseguró que lo principal ahora es “aprender” de los errores cometidos con la celebración de las fiestas, y dijo que enmendará los problemas de estructuras y de rendición de cuentas que hicieron posible esos “fallos de liderazgo” que critica el informe de Gray.
“Sé cuál es la pregunta: ‘¿se puede confiar en que este gobierno cumpla?’”, reconoció. “Sí se puede”, afirmó defendiendo su labor a favor del Brexit y contra el coronavirus.
La clase política del país, y sobre todo los diputados del Partido Conservador de Johnson que contemplan sumarse a una rebelión contra su líder para intentar sacarlo del poder, esperaban nerviosamente desde hace una semana las conclusiones de esta investigación interna, encargada en diciembre a la alta funcionaria Sue Gray.

La entrega del informe se vio retrasada por la decisión de la policía, anunciada el pasado martes, de abrir su propia investigación oficial y la petición por Scotland Yard de que las conclusiones de Gray solo mencionasen de forma “mínima” ocho fiestas posiblemente ilegales que están siendo objeto de pesquisas policiales.
Muchos diputados conservadores están a la espera de la publicación de este informe interno para decidir si intentan destituir a Johnson como su líder y por consiguiente como jefe de gobierno. Sin embargo, los elementos más perjudiciales para el primer ministro deberían estar incluidos en la investigación policial cuyo resultado puede llevar semanas o meses conocer.
Todo depende del contenido
El denominando “partygate”, o escándalo de las fiestas, se convirtió en una bola de nieve que amenaza con arrasar a Johnson a su paso.
A principios de diciembre, intentando esquivar un escándalo entonces incipiente sobre una supuesta fiesta de Navidad organizada por sus colaboradores un año antes, cuando las normas anticovid lo prohibían, el primer ministro se declaró “furioso” y ordenó esta investigación interna prometiendo “consecuencias” si se infringieron las reglas.
Pero desde entonces, en un goteo incesante de filtraciones, la prensa ha publicado informaciones sobre más de una docena de estos eventos presuntamente ilegales, en algunos de los cuales Johnson tuvo que admitir haber participado aunque esforzándose por eludir responsabilidades.

Esto no impidió que la oposición al completo y algunos de sus propios diputados pidieran la dimisión del controvertido líder, quien pidió a todos esperar a las conclusiones del informe.
Ahora, si este se limita a temas menores y deja los posibles delitos a la policía, cuya investigación puede durar semanas o meses, eso daría a Johnson uno precioso respiro para intentar levantar su popularidad aprovechando la mejora de la situación sanitaria, el levantamiento de las restricciones la semana pasada y el impulso económico que debe seguir.
Pero si contiene conclusiones comprometedoras, puede precipitar su caída.
Johnson, de 57 años, llegó triunfalmente al poder en 2019 prometiendo llevar a cabo un Brexit con el que su predecesora, Theresa May, llevaba años debatiéndose. Sedujo así a un gran número de bastiones laboristas en el norte posindustrial de Inglaterra y se alzó con la mayoría conservadora más importante desde los años 1980.
Pero ahora son precisamente los jóvenes diputados de su partido elegidos en esas circunscripciones que tradicionalmente votaban a la izquierda quienes se rebelan con más fuerza contra su líder.
Para lanzar una moción de censura interna necesitan enviar al menos 54 cartas, 15% de los 360 diputados de la mayoría gubernamental, al denominado Comité 1922, encargado de la gestión del grupo parlamentario.
Su número se mantiene secreto hasta que se alcanza ese umbral, lo que podría ocurrir rápidamente según lo que exponga Gray y cómo consiga Johnson defenderse.
(Con información de AFP)
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