
Presentadores de un popular podcast diario de noticias, Ken Young y Kylie Wang aseguran que no se sienten chinos, sino taiwaneses, un sentimiento compartido por gran parte de la juventud de esta isla gobernada separadamente de Pekín desde hace más de 70 años.
El régimen comunista ve esta isla como parte de su territorio y ha incrementado la presión sobre Taipéi. Pero este creciente antagonismo ha cimentado en los jóvenes de Taiwán una identidad distinta, arraigada en la democracia, lejos del autoritarismo chino.
“Para mi, identificarme como taiwanés significa todo de lo que estoy orgulloso”, dice Ken Young, de 38 años. “Apoyamos los derechos humanos, los derechos LGTB, ya sabes, apoyamos la libertad de expresión”, asegura este presentador, con una gorra de béisbol negra con la palabra “Taiwan” en rojo en la frente.

Desde que los nacionalistas del Kuomintang se instalaron en esta isla en 1949 tras su derrota ante los comunistas en la guerra civil, sus habitantes habían visto a sus líderes como los legítimos representantes de toda China.
Pero con la transición de Taiwán hacia la democracia en los años 1990, se ha forjado “un fuerte sentimiento cívico” a través “del proceso de democratización”, indica a AFP Wu Rwei-ren, experto en la historia de este territorio en la Academia Sinica.
“No se basa en la raza o la sangre pero (...) en los sentimientos de que somos un país con democracia, libertad, derechos humanos y Estado de derecho, y que podemos participar en la toma de decisiones políticas”, explica.
Una encuesta reciente publicada por la Universidad Nacional de Chengchi de Taiwán mostraba que menos de un 3% de la población isleña se identificaba como china, un mínimo histórico, contra casi un 26% en 1992.
Y alrededor de un 60% se sentía únicamente taiwanés.
“Las políticas cada vez más agresivas de China” han resultado en que la gente de Taiwán la ve como un país extranjero, incluso “enemigo”, dice Wu.

- “Amar nuestra democracia” -
La asistente administrativa Lin Yu-han, de 22 años, teme que Taiwán termine como Hong Kong, donde una ley de seguridad nacional impuesta por Pekín criminalizó la disidencia y provocó un ambiente de miedo.
“Lo que ha ocurrido en Hong Kong me ha hecho darme cuenta de cuán terrible China es. No quiero que el Hong Kong de hoy sea el Taiwán de mañana”, confiesa Lin.
Pekín se ha comprometido a recuperar Taiwán algún día, por la fuerza si fuera necesario. El presidente Xi Jinping recientemente dijo que la unificación de la isla con la China continental “se hará realidad”.
Pero la mayoría de taiwaneses rechazan ser gobernados por Pekín. Menos de un 8% apoyan una unificación.

La tensión se intensificó desde la llegada a la presidencia de Taiwán en 2016 de Tsai Ing-wen, que ve a la isla como una nación soberana.
“Queremos proteger el derecho a amar nuestra democracia, nuestra libertad”, asegura la presentadora del podcast Kylie Wang.
“Sigo diciendo que soy taiwanesa porque pienso que cuanto más gente se vea como taiwanesa y ame a nuestro país, nuestra tierra, eso nos protegerá de ser invadidos”, defiende.
- ‘Make China lose again’ -
Liljay Chen, de 36 años, lidera un grupo de hip hop que actúa en protestas callejeras y dirige un negocio de venta de camisetas y gorras proindependencia.
“Soy taiwanés, no chino. Taiwán es un país y China es un país. Somos iguales”, asegura desde su tienda a AFP.

En el aparador hay una gorra roja, que recuerda a las usadas por el expresidente estadounidense Donald Trump con el lema “Make America Great Again” (Haz América grande otra vez). En esta se lee: “Make China Lose Again” (Haz perder a China otra vez).
“Para los jóvenes, la principal diferencia entre Taiwán y China es la libertad para crear y el libre acceso a medios sociales”, señala Chen.
Para algunos residentes más mayores, sin embargo, ser taiwanés y chino no es incompatible.
“Yo me identifico como chino por mi sangre y mi cultura porque mis padres y abuelos proceden de China. También soy taiwanés porque nací y crecí en Taiwán”, argumenta Hu Min-yueh, un pastor de 56 años, nieto de un conocido general que se refugió en Taiwán en 1949.
Pero para muchos jóvenes, los lazos históricos de la isla con China no los definen.
“Soy taiwanés y somos un país”, dice Ayden Lai, de 17 años, durante una pausa de la clase de danza con sus compañeros de instituto. “Creo que la mayoría de jóvenes no sienten ningún apego hacia China”, afirma.
(Con información de AFP/Por Amber Wang)
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