
(PARÍS, especial) - Podremos “reconstruir nuestra asociación”: el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, caracterizó la agenda de la futura relación con en su mensaje de felicitación al nuevo jefe de estado electo de los Estados Unidos, Joe Biden.
Después de una época de tensiones políticas, incluso con cierta hostilidad hacia Europa, los dirigentes de ese continente esperan una relación más racional. Así lo pronosticó el politólogo alemán Markus Kaim, quien en el análisis desplegado en la prensa europea señaló que, sin embargo, “Estados Unidos seguirá plegado sobre sí mismo. No debemos esperar un cambio radical”.
Los politólogos europeos prevén una “nueva normalidad”. Pero las ilusiones sobre la futura relación pueden esfumarse por la continuidad de las desconexiones evidentes en los últimos años. Si los europeos tienen una preferencia por Biden es porque el trato de Donald Trump hacia la Unión Europea fue agotador. No obstante el triunfo de Biden, festejado en Bruselas, no disimula un vínculo con Washington destinado a profundizar desequilibrios.

Una agenda predecible
Nada tendrá la misma impronta. Entre Europa y Estados Unidos, el día después de Trump no se debe “cometer el error de ver la era de Trump como una mera aberración”, como señalan Ian Bond y Luigi Scazzieri del Centro de Reforma europea.
Para la Unión Europea perseguir y fortalecer su “autonomía estratégica”, militar, política y económica, implica lograr acuerdos hasta ahora delegados en la figura de Trump. El presidente saliente de la Casa Blanca fue la excusa para obviar las definiciones que Europa debía tomar, como por ejemplo cuál será la posición frente a conflictos como los abiertos con China, Rusia e Irán, entre otros.
Para Mujtaba Rahman, director de Eurasia Group Europe, el panorama no es tan complejo: “La relación será más predecible y más constructiva en el comercio, la OTAN , Irán, Oriente Medio y la lucha contra el cambio climático”. Incluso se espera con ansiedad que uno de los primeros pasos del futuro presidente estadounidense sea sumarse al Acuerdo Climático de París, recomponer vínculos con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el acuerdo nuclear con Irán, al que rompió Donald Trump.
Con hostilidades marcadas, también la impaciencia está orientada hacia una relajación en las relaciones comerciales, donde Washington se había convertido en una pesadilla. Sanciones comerciales, aranceles para productos europeos, la idea de un impasse con el objetivo de un acuerdo comercial a la espera de concretarse.

París y Washington, recomponer una relación tensa
Como otros países, Francia se reconforta con un Joe Biden en la Casa Blanca. Es un sentimiento europeo hacia una nueva era en la relación transatlántica.
El sábado, Emmanuel Macron felicitó al presidente electo por su victoria. Las discrepancias entre Macron y Trump fueron evidentes, si bien nunca estuvieron a punto de romperse. Hay gran esperanza en el lado francés de poder comenzar sobre nuevas bases. Básicamente, París apuesta así por la “vuelta a un enfoque cooperativo”, según el portavoz del gobierno Gabriel Attal, que espera en particular “mucho de la nueva administración estadounidense” sobre “la gestión de la pandemia” del covid-19, la búsqueda de una vacuna, la cuestión de la OMS y “en particular sobre el clima y el multilateralismo”
El tiempo de la autodeterminación
Angela Merkel, en tanto, deberá dejar de disimular su poder en este ajedrez. Europa tendrá que mostrar las verdaderas cartas en materia de relaciones internacionales. No solo después del protagonismo de Trump, que los obligará a tomar determinaciones, sino dado que Estados Unidos continuará enfrascado en un enfrentamiento estratégico con China. El desinterés de Washington será una política de largo plazo. Una Europa consciente de la necesidad de “tomar las riendas de su destino”, como dice Ángela Merkel.
“Los europeos tendrán que vivir durante mucho tiempo con unos Estados Unidos que no cooperan” y voluntariamente hacerlo solos, dice Jean-Dominique Giuliani, que preside la Fundación Robert-Schuman. Analistas coinciden que si bien se puede esperar un tono más cooperativo de Biden -defensor de la relación transatlántica- saben que los años de Trump pueden haber marcado una inflexión en la relación.
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