Cómo China está destruyendo la libertad académica en Hong Kong

El régimen de Beijing avanza desde hace años y de manera implacable sobre el mundo universitario de la ex colonia británica, pero ha intensificado sus esfuerzos con su nueva Ley de Seguridad

Oficiales de policía escoltan a manifestantes detenidos fuera de la Universidad Politécnica de Hong Kong en noviembre de 2019. Foto: REUTERS/Thomas Peter
Oficiales de policía escoltan a manifestantes detenidos fuera de la Universidad Politécnica de Hong Kong en noviembre de 2019. Foto: REUTERS/Thomas Peter

La nueva Ley de Seguridad Nacional instaurada por China tiene entre sus objetivos principales suprimir las críticas al Partido Comunista en Hong Kong. Las consecuencias inmediatas se han visto en las calles, al arrestar las fuerzas de seguridad a los manifestantes que habían salido para protestar contra el avance sobre la autonomía de la ex colonia británica.

Poco después, los efectos comenzaron a manifestarse también en el ámbito universitario de Hong Kong. Considerado uno de los escenarios académicos más vibrantes de Asia, su estatus ya se está viendo socavado de múltiples maneras por las limitaciones a la libertad de expresión impuestas que resultan de la nueva ley impuesta por Beijing.

Según consignó The Economist, numerosos profesores han decidido dejar de dar clases sobre China. Uno de ellos dijo estar nervioso de abordar temas como la revolución estadounidense, en caso que una conversación sobre democracia pueda ser usada como excusa para achacarle un delito.

De hecho, todos los profesionales que hablaron con el prestigioso medio británico lo hicieron de manera anónima por temor a recibir represalias.

Pero el avance de Beijing sobre el ámbito académico de Hong Kong no se materializó luego de la aprobación de la Ley de Seguridad. El Partido Comunista ha buscado dar pasos en esta dirección desde el estallido de las protestas pro-democracia de 2014, también conocida como la “Revolución de los Paraguas”, en las que profesores y estudiantes tuvieron un rol preponderante.

El paraguas se ha convertido en un símbolo de las manifestaciones pro democracia en Hong Kong. Foto: REUTERS/Tyrone Siu
El paraguas se ha convertido en un símbolo de las manifestaciones pro democracia en Hong Kong. Foto: REUTERS/Tyrone Siu

De hecho, un informe publicado en 2018 por Hong Kong Watch, una Organización no Gubernamental, reveló numerosas represalias tomadas contra profesores considerados problemáticos desde entonces: entre ellas se contaron despidos, bloqueos de ascensos y campañas de desprestigio orquestadas por medios favorables a Beijing.

El documento también concluyó que funcionarios nombrados por el régimen habían comenzado a administrar las universidades para el beneficio del Partido Comunista, y en detrimento del cuerpo académico.

No obstante, las medidas encontraron una intensa resistencia por parte de los miembros del movimiento, algo que se vio reflejado en la continuidad de las protestas y las críticas abiertas a China.

Pero los activistas hongkoneses coinciden en que la nueva ley cambió drásticamente el escenario: las definiciones extremadamente ambiguas de las conductas que configuran un crimen, así como la posibilidad por parte del régimen de llevar disidentes a China e imponerles elevadas penas -incluso cadena perpetua- han llevado a que muchos cambien su comportamiento.

Alvin Cheung, profesor de derecho de la Universidad de Nueva York, explicó que las definiciones de los crímenes de la ley son tan ambiguas que nadie sabe con seguridad que representa un delito. Esa opacidad, le dijo a The Economist, es una característica clave, no un error. Y su objetivo es llevar a los profesores a ejercer la autocensura.

Los peligros se manifiestan de distintas maneras. El primero es ser denunciado por colegas o alumnos. Un profesor de la Universidad de Hong Kong dijo que siempre ha sido consciente de que estudiantes de China continental pueden haber sido reclutados por el régimen para reportar sobre el contenido de las clases. No obstante, dijo que la práctica parece estar expandiéndose.

Las universidades se convirtieron en uno de los escenarios principales de los choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad. Grupos de estudiantes se refugiaron en campuses durante las protestas. Foto: REUTERS/Adnan Abidi
Las universidades se convirtieron en uno de los escenarios principales de los choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad. Grupos de estudiantes se refugiaron en campuses durante las protestas. Foto: REUTERS/Adnan Abidi

Otro refiere a la financiación de la investigación académica. La institución más grande del territorio, el Comité de Becas Universitarias (CBU), ha recibido más de USD 2.500 millones de Beijing. El CBU asegura que mantiene su criterio independiente del origen de los fondos. Pero sus miembros son nombrados por la jefe del ejecutivo, Carrie Lam, quien responde a China.

Ante ello, numerosos profesores manifestaron su preocupación respecto de la posibilidad de que el CBU confeccione listas del tipo de investigación propuesta o realizada, para luego identificar a quienes se enfoquen en temas considerados inviables por el régimen.

Un académico indicó que, por esa razón, decidió no aplicar a ninguna beca, mientras que muchos otros fueron advertidos por personas con posiciones superiores para que removieran referencias que el Partido Comunista pudiera considerar negativa.

“No podemos saber si esto realmente destruirá el sistema de becas, pero en algún punto la pregunta es irrelevante porque ya está causando miedo y alentando la autocensura. Está diseñado para generar ansiedad en los académicos que buscan financiación”, indicó Chung.

Distintos académicos temen que los hagan responsables por la investigación de sus alumnos de doctorado, algo que los forzaría a convertirse ellos mismos en censores. También mostraron preocupación porque se los considere aliados de una potencia extranjera si aceptan financiamiento externo.

Casi 370.000 alumnos chinos y alrededor de 7.000 hongkoneses se matricularon en universidades estadounidenses en el año académico 2018/2019
Casi 370.000 alumnos chinos y alrededor de 7.000 hongkoneses se matricularon en universidades estadounidenses en el año académico 2018/2019

El alcance de la ley no está circunscripto a territorio chino o hongkonés. También abarca a quienes se encuentran fuera de ellos, por lo que universidades de Estados Unidos -entre ellas Harvard, Princeton y Amherst- también han tomado medidas para reducir los posibles riesgos que pueda conllevar dictar cursos sobre china.

Según consignó The Wall Street Journal la semana pasada, quienes formen parte de estos cursos en Princeton usarán códigos en vez de nombres para proteger sus identidades; en Amherst, un profesor considera llevar a cabo clases en salas de chat anónimas para que los alumnos puedan discutir libremente; y la Harvard Business School podría habilitar a que los alumnos se excusen de discutir ciertos temas si están preocupados por posibles retaliaciones.

Los potenciales riesgos que acarrea la sanción de la ley del régimen chino se ven exacerbados por la pandemia de coronavirus. Considerando que numerosas universidades darán sus cursos de manera virtual, al menos durante el primer semestre, alumnos que se encuentren en China o Hong Kong estarían al alcance de las autoridades si material en el que realizaran críticas terminara en sus manos.

Casi 370.000 alumnos chinos y alrededor de 7.000 hongkoneses se matricularon en universidades estadounidenses en el año académico 2018/2019. Los primeros se encuentran al tope de la lista de alumnos extranjeros que asisten a las instituciones. De acuerdo al medio citado, los estudiantes suelen tomar cursos sobre política, cultura y derecho chino para mejor comprender su país y la manera en que el mundo lo ve.

El régimen chino comenzó a aplicar la ley inmediatamente después de su aprobación y ya ha arrestado a numerosos manifestantes pro democracia en Hong Kong. También ha apuntado fuera de las fronteras: The Wall Street Journal reportó también el 7 de agosto que Samuel Chu, un hongkonés naturalizado estadounidense fue incluído en una lista de fugitivos luego de que abogara para que el Congreso estadounidense impusiera sanciones a China por socavar la autonomía de la ex colonia británica.

Robert Quinn, miembro de la ONG “académicos en riesgo”, dijo que las universidades de Hong Kong han sido una de las principales fuentes de atractivo para que inversores internacioneles se interesen en el territorio. “Lo que está en juego al fin y al cabo es el estatus de Hong Kong como una de las grandes ciudades globales”, concluyó Quinn.

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