Una pareja de ancianos se reencontró con su anillo de boda 60 años después de haberlo perdido

La conmovedora historia ocurrió en Lincent, un pequeño pueblo de Bélgica

Emile y Francine, el matrimonio belga que recuperó su anillo de boda perdido hace casi 60 años (Sudinfo)
Emile y Francine, el matrimonio belga que recuperó su anillo de boda perdido hace casi 60 años (Sudinfo)

En medio de la pandemia que atemoriza al mundo, una historia de amor bella y simple conmovió a Bélgica. Acaba de ocurrir en el pequeño pueblo de Lincent.

Emile y Francine se casaron allí el 24 de diciembre de 1960. Unos meses más tarde, Emile, granjero, perdió su anillo de bodas mientras cosechaba en su campo. No supo bien cómo ocurrió, pero nunca más lo encontró. Francine se enfureció en un comienzo, pero con el paso de los años supo perdonarlo y el episodio quedó como una anécdota risueña del matrimonio.

En el interior del anillo se podía leer todavía con claridad el nombre de la pareja y la fecha de la boda
En el interior del anillo se podía leer todavía con claridad el nombre de la pareja y la fecha de la boda

El domingo pasado, casi 60 años después, alguien tocó a la puerta del ya anciano matrimonio belga. Emile, de 81 años, abrió, y allí estaba Peter, un vecino de la zona, con el anillo en su mano.

Peter es un cazador de joyas que recorre los caminos del pueblo usando un detector de metales: “El domingo, estaba rastreando en un campo y encontré el anillo. Estaba en perfecto estado. Pude leer sin problemas el nombre de ambos y la fecha de la boda (que estaban grabados en el interior)”, contó a Sudinfo.

Aunque le va un poco grande, Emile no se quita el anillo desde el domingo pasado
Aunque le va un poco grande, Emile no se quita el anillo desde el domingo pasado

No le fue difícil hacer un par de preguntas en el pueblo y localizar la casa de Emile y Francine.

“Estaban muy felices. Por supuesto, ya no creían que lo encontrarían y me invitaron a pasar y tomar una tasa de café con ellos”, agregó Peter.

“¡Es asombroso! No lo podíamos creer”, se emocionó Emile ante los periodistas. Las manos y los dedos del octogenario se han vuelto más delgados con el paso de los años y el anillo le queda un poco grande. Igualmente, desde el domingo no se lo saca. Francine, de 79 años, había querido comprarle uno para reemplazarlo, pero él se negó: “No necesito ese anillo para saber que estamos casados y que nos amamos”, le respondió hace muchos años.

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Nadie sabe cómo el anillo de bodas fue a parar al lugar donde fue hallado el domingo pasado. “No solía pasar por ese campo”, sostuvo Emile. El anillo podría haber sido llevado hasta allí por algún animal o una urraca. Es posible que nunca logren develar el misterio. Lo cierto es que este diciembre, la pareja podrá celebrar su aniversario, sus 60 años de casados, y por primera vez, con el anillo que se colocaron el día de su boda.

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