
George Gao, el experto que lideró la respuesta de China al coronavirus, aseguró este viernes que no implementar el uso generalizado de máscaras para protegerse contra el COVID-19 es un “gran error” que están cometiendo Estados Unidos y los países europeos en su respuesta al brote.
La Organización Mundial de la Salud y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos continúan afirmando que las máscaras no necesariamente protegen a las personas sanas de infectarse mientras realizan sus tareas cotidianas. Una posición con la que Gao, el director general del Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y uno de los mayores expertos mundiales sobre el brote que comenzó en la ciudad china de Wuhan a fines de 2019, no está de acuerdo.
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“Es un gran error", aseguró en una entrevista publicada en Science. "Este virus se transmite por gotitas y contacto cercano. Las gotas juegan un papel muy importante: tienes que usar una máscara, porque cuando hablas, siempre salen gotas de tu boca”.
Varios estudios han demostrado que las personas sanas, especialmente aquellas con trabajos esenciales que no pueden evitar tomar el transporte público o la interacción cercana con otros, pueden necesitar comenzar a usar máscaras con más frecuencia. Otras investigaciones recientes hallaron, además, que podría haber más casos asintomáticos de los que se conocían al principio de la pandemia.
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“Muchas personas tienen infecciones asintomáticas o presintomáticas", confirmó Gao. "Si usan máscaras faciales, pueden evitar que las gotas que transportan el virus escapen e infecten a otros”.
Para Gao, un científico especializado en inmunología y virología en las Universidades de Oxford y Harvard y jefe del equipo que por primera vez secuenció y aisló el virus SARS-CoV-2 que causa la COVID-19, el uso de barbijos debería ser acompañado por otras medidas, como la instalación de termómetros en los accesos de todos los lugares públicos para que las personas con fiebre alta puedan ser detectadas tempranamente y el aislamiento de las personas infectadas en grandes instalaciones.
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“Eso debería suceder en todas partes”, dijo Gao. “Solo es posible controlar COVID-19 si se puede eliminar la fuente de la infección. Es por eso que construimos hospitales modulares y transformamos estadios en hospitales”.

El experto, quien también participó en la comisión conjunta de la la Organización Mundial de la Salud (OMS) entre investigadores chinos y un equipo de científicos internacionales que escribió un informe clave para comprender la respuesta a la epidemia, confirmó que el distanciamiento social, el aislamiento de casos positivos y de sus contactos cercanos, la suspensión de las reuniones públicas y la restricción del movimiento mediante cuarentena masivas son las medidas que todos los países deberían adoptar para neutralizar la propagación del COVID-19, algo que China logró por primera vez la semana pasada.
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“El problema para China ahora son los casos importados. Muchos viajeros infectados están llegando a China”, dijo Gao, quien agregó que la estrategia es ganar tiempo mientras los científicos “están trabajando tanto en vacunas como en medicamentos". El experto reveló, además, que en abril se publicarán datos sobre un ensayo chino sobre el remdesivir, la droga que hasta ahora se cree sea las más prometedora contra el virus. También adelantó que un modelo realizado sobre monos para estudiar la patogénesis del brote y probar medicamentos y vacunas “funciona”.
Robert Atmar, especialista en enfermedades infecciosas de la Facultad de Medicina de Baylor opinó en la misma línea que Gao."El rápido aumento de los casos hasta esos niveles en los Estados Unidos pone de relieve en mayor medida la importancia de aplicar y cumplir las medidas de salud pública", explicó el médico a The New York Times. “Aunque el uso de una mascarilla no necesariamente evita que las personas sanas se enfermen, y ciertamente no reemplaza medidas importantes como el lavado de manos o el distanciamiento social, puede ser mejor que nada”, aseguró.
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El periódico norteamericano, detalla también que los estudios sobre las pandemias de gripe han demostrado que cuando no se dispone de mascarillas N95 de alto grado, las mascarillas quirúrgicas comunes protegen un poco más a las personas que no usan mascarillas en absoluto. Y cuando se combinan con la higiene de las manos, ayudan a reducir la transmisión de infecciones.
Durante el brote de SARS en 2003, los investigadores encontraron que lavarse las manos más de 10 veces al día era 55% efectivo para detener la transmisión del virus, mientras que usar una máscara era, en realidad, más efectivo, en alrededor del 68 por ciento. El uso de guantes ofrecía aproximadamente la misma protección que el lavado frecuente de manos, y la combinación de todas las medidas -lavado de manos, máscaras, guantes y una bata protectora- aumentaba la eficacia de la intervención al 91 por ciento.
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Es que en muchos países asiáticos se alienta a todos a llevar máscaras, y el enfoque se basa en la psicología de la multitud y la protección. Si todos usan una máscara, los individuos se protegen entre sí, reduciendo la transmisión en la comunidad en general. Los enfermos se ponen automáticamente una y también es más probable que se adhieran a mantener la máscara puesta porque se elimina el estigma de llevarla.
Las máscaras también son un símbolo. Sirven como recordatorio visual para mejorar la higiene de las manos y el distanciamiento social. También pueden servir como un acto de solidaridad, mostrando que todos los ciudadanos están en sintonía con las medidas de precaución necesarias para poner las infecciones bajo control.
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