Desde una embarcación de turistas se ve la erupción volcánica de Whakaari, en Nueva Zelanda. (INSTAGRAM @ALLESSANDROKAUFFMANN/vía REUTERS)
Desde una embarcación de turistas se ve la erupción volcánica de Whakaari, en Nueva Zelanda. (INSTAGRAM @ALLESSANDROKAUFFMANN/vía REUTERS)

“Básicamente instantánea”, así describió Brad Scott, experto del Instituto de Investigaciones Geológicas y Nucleares (GNS) de Nueva Zelanda la erupción del volcán Whakaari que causó al menos cinco muertos, 18 heridos y más de 25 desaparecidos. “Un minuto no pasaba nada y al minuto siguiente, se desencadenó”, dijo al New Zealand Herald. Con el coincidió Shane Cronin, volcanólogo de la Universidad de Auckland, quien dijo a Ciencia de Australia que “las erupciones repentinas e imprevistas como la de Whakaari pueden suceder en cualquier momento”.

¿La razón? “Sabemos que las erupciones hidrotermales y freáticas, como se las llama, pueden ocurrir de pronto y luego de escasas señales, e incluso sin señales, porque las impulsa la expansión de agua súper caliente que se convierte en vapor”, agregó. Eso es prácticamente imposible de anticipar y sólo se detecta cuando sucede. “El magma se halla cerca de la superficie, y el calor y los gases que emite tienden a formar sistemas hidrotermales fuertes en las aguas superficiales y subterráneas", agregó.

Sucede entonces una vaporización violenta que rompe la roca que la contiene y expulsa fragmentos y cenizas ardientes. En cuestión de segundos se forman corrientes huracanadas de partículas húmedas que "pueden ser mortales en términos del trauma que causan al impactar, como por las quemaduras y los problemas respiratorios”, destacó.

Los guías de turismo debieron convertirse en rescatistas para ayudar a la evacuación de los visitantes en la isla, que en cuestión de segundos fue afectada por la erupción. (@SCH/via REUTERS)
Los guías de turismo debieron convertirse en rescatistas para ayudar a la evacuación de los visitantes en la isla, que en cuestión de segundos fue afectada por la erupción. (@SCH/via REUTERS)

En un breve artículo que publicó en The Conversation, Cronin, profesor de Ciencias de la Tierra en Auckland, escribió: “Monitorear y hallar señales de advertencia en las erupciones hidrotermales es un desafío enorme. Normalmente no podemos preverlas, no importa cuánto queramos hacerlo. Muchos sistemas ya vienen ‘preparados’ para tales eventos, pero se conoce poco sobre los factores desencadenantes”.

El volcanólogo explicó que, a pesar de los grandes desarrollos tecnológicos en los instrumentos de medición de estos fenómenos, el margen de prevención es insignificante. Eso se debe a que “no es el magma lo que causa la erupción, sino el vapor, y esto es algo mucho más difícil de rastrear con nuestros sistemas de monitoreo actuales”.

Una vez que la reacción se desencadena, “el período de alerta suele ser del orden de segundos o minutos”, subrayó el volcanólogo. “La expansión del agua que se convierte en vapor es de velocidad supersónica y el líquido puede ganar hasta 1.700 veces más volumen que el que tenía originalmente. Eso produce un impacto catastrófico”.

“Monitorear y hallar señales de advertencia en las erupciones hidrotermales es un desafío enorme. Normalmente no podemos preverlas
“Monitorear y hallar señales de advertencia en las erupciones hidrotermales es un desafío enorme. Normalmente no podemos preverlas", escribió el volcanólogo Shane Cronin, de la Universidad de Auckland. (INSTAGRAM @ALLESSANDROKAUFFMANN/via REUTERS)

La única esperanza para anticipar estos eventos "rastrear la presión potencial de vapores y líquidos en los sistemas hidrotermales y aprender, en el largo plazo, sobre sus comportamientos cuando se encuentran en un estado más que crítico”, propuso. “Sin embargo, no hay reglas simples que se puedan seguir, y cada sistema hidrotermal es diferente”.

Otros casos similares fueron la erupción del volcán Ontake en Japón, en 2014, que causó más de 60 muertos y fue el peor caso en casi un siglo de historia de ese país, y la del volcán Poás de Costa Rica en 2017, que forzó al cierre del parque nacional donde se encuentra y la evacuación de las poblaciones cercanas.

Los científicos, además, insistieron en la necesidad de vigilar de cerca el Whakaari ahora. “Luego de un periodo de inquietud, siempre hay más probabilidad de erupciones”, dijo Scott al Herald de Nueva Zelanda. “Sin embargo, la incertidumbre es grande”. Algunos elementos que se pueden tener en cuenta son, por ejemplo, los niveles de dióxido de azufre gaseoso, que aumentó poco antes de la erupción e hizo que las autoridades elevaran el riesgo de erupción en la isla al nivel 2. Luego del incidente se la subió a nivel 4, y actualmente está en nivel 3.

La erupción del volcán Ontake, también hidrotermal y por eso inesperada, causó más de 60 muertos en Japón en 2014. (Reuters)
La erupción del volcán Ontake, también hidrotermal y por eso inesperada, causó más de 60 muertos en Japón en 2014. (Reuters)

“Las erupciones son breves, pero una vez que sucede una, aumentan las probabilidades de otras, por lo general más pequeñas, hasta que el sistema se reequilibra”, coincidió Cronin en su texto.

Sin embargo, el evento en Whakaari no implica que vaya a haber actividad en otros volcanes de la zona. “Cada uno es distinto y tiene escasa o ninguna relación con los otros”, dijo Scott. “Podríamos decir que, aunque todas las casas de un barrio están conectadas al mismo servicio de agua, si una casa tiene un problema con su tanque de agua caliente no causará nada a la casa de al lado”.

En estos volcanes el agua vive atrapada en los poros de la roca, normalmente a altísima temperatura. “Cualquier proceso externo, como un terremoto, un ingreso de gas desde las capas inferiores o inclusive un cambio en el nivel de agua del lago pueden alterar este equilibrio delicado y liberar la presión del agua caliente atrapada”, describió Cronin. “La expansión de energía es suficiente para destrozar roca sólida, excavar cráteres y lanzar fragmentos de roca y ceniza a cientos de metros de la boca del volcán”.

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