
China es el país más contaminante del mundo y no está haciendo lo suficiente para dejar de serlo. Por el contrario, parece estar haciendo exactamente lo opuesto.
La emisión de gases de efecto invernadero se incrementó 2,3% en China el año pasado, según un informe publicado esta semana por la consultora Capgemini. El aporte chino fue determinante para que las emisiones globales aumentaran un 2% en 2018, de acuerdo con el reporte World Energy Markets Observatory. El dato es preocupante, porque en 2017 la suba había sido algo menor: 1,6 por ciento.
China es uno de los 125 países que en 2015 firmaron el Acuerdo de París y se comprometieron a tomar medidas para limitar el aumento de la temperatura mundial a 2°C en 2050. Para cumplir esa meta es indispensable la disminución de las emisiones de gases contaminantes y la República Popular es el mayor emisor del planeta. En contraposición a China, las emisiones de la Unión Europea se mantienen prácticamente estables, tras una década de fuertes descensos.
El consumo de energía es la mayor fuente de emisiones de carbono, destaca el informe de Capgemini. A nivel mundial, creció un 2,3% en 2018, casi el doble de la tasa media de crecimiento desde 2010. China fue nuevamente uno de los países que lideró el aumento del consumo, con una suba de 3,5 por ciento.
En cambio, la demanda de energía se incrementó apenas 0,2% en Europa. En Alemania, por ejemplo, el aumento de la eficiencia energética permitió una caída del 2,2 por ciento. En Francia y en el Reino Unido se registraron aumentos, pero moderados.
Si bien Europa está cumpliendo en líneas generales con lo estipulado en el Acuerdo de París, su aporte no es suficiente, ya que es bastante poco lo que aporta al calentamiento global. En la medida en que China no cambie su modelo de producción y desarrollo, será casi imposible cumplir con los objetivos del milenio.
Las emisiones absolutas de China han aumentado considerablemente en los últimos años, impulsadas por el auge de su capacidad de fabricación y su demanda de bienes de consumo en el exterior. Alrededor de dos tercios de sus emisiones se explican por su dependencia del carbón para la generación de electricidad.
Es cierto que China realizó algunas inversiones para producir más energía limpia, pero a un ritmo demasiado lento para satisfacer la demanda, y al mismo tiempo que continúa construyendo plantas de carbón. De hecho, redujo un 39% la inversión en energías renovables durante el primer semestre de 2019, pero su capacidad de extracción de carbón aumentó un 6% en 2018, según la Administración Nacional de Energía de China.
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