"Damas y caballeros, estamos dejando Downing Street por última vez, tras 11 años y medio maravillosos. Estamos muy contentos de dejar al Reino Unido en un estado muy muy superior que cuando llegamos", dijo Margaret Thatcher el 28 de noviembre de 1990, cuando dejó de ser primera ministra.

De fondo estaba el número 10 de la calle Downing Street, residencia oficial y sede del gobierno británico en Londres. Se iba con aire victorioso, porque si bien había sido derrotada en la interna del Partido Conservador, sabía que su gobierno había conseguido hacer profundas reformas económicas desde su asunción en 1979, y que para muchos había sido muy exitoso.

Margaret Thatcher durante un discurso en el Centro Bloomsbury de Londres, enero, 19 1981. (Photo by Graham Turner/Keystone/Getty Images)
Margaret Thatcher durante un discurso en el Centro Bloomsbury de Londres, enero, 19 1981. (Photo by Graham Turner/Keystone/Getty Images)

"Ahora es tiempo de que se abra un nuevo capitulo y le deseo a John Major toda la suerte del mundo. Estará espléndidamente servido y tiene las cualidades para ser un gran primer ministro, y estoy segura de que lo será en muy poco tiempo. Muchas gracias. Adiós", dijo antes de subirse a un auto y retirarse.

Su sucesor gobernó hasta 1997, cuando fue derrotado por Tony Blair, quien devolvió al Laborismo al poder tras más de una década. Major se mostró bastante más parco. Quizás tenía claro que su gobierno no iba a pasar a la historia.

"Cuando cae el telón es tiempo de dejar el escenario, y eso es lo que me propongo hacer. Por lo tanto, aconsejaré a mis colegas parlamentarios que sería apropiado que consideraran la elección de un nuevo líder del Partido Conservador para que dirija al partido a través de la oposición por los años venideros", sostuvo al despedirse.

Tony Blair (Reuters)
Tony Blair (Reuters)

Blair, en cambio, prefirió no hablar. Tras diez años en el gobierno, había decidido renunciar en 2007 luego de que su popularidad cayera dramáticamente por la participación británica en distintos conflictos internacionales, como la Guerra de Irak.

Sólo saludó a los periodistas a la distancia e ingresó en un vehículo oficial. La que dijo algunas palabras fue su esposa, Cherie Blair. "Adiós. Creo ya no nos vamos a ver", les dijo a los fotógrafos.

El discurso más corto fue el de David Cameron, que asumió en 2010 tras el triunfo conservador en las elecciones. No llama la atención. Anunció su renuncia un día después del referéndum del Brexit, que él convocó porque había prometido que lo haría para ganar la reelección, a pesar de que estaba en contra de que el Reino Unido saliera de Europa.

David Cameron (Reuters)
David Cameron (Reuters)

"El miércoles pretendo ir a la Cámara de los Comunes por asuntos del primer ministro. Luego de eso voy a ir al Palacio (de Buckingham) para ofrecer mi renuncia, así tendremos un nuevo primer ministro en ese edificio que esta detrás mío el miércoles a la noche. Muchas gracias", dijo. De todos modos, mientras entraba al número 10 el micrófono lo captó tarareando.

Ningún discurso fue tan emotivo como el de Theresa May, que asumió precisamente para tratar de resolver el Brexit, aunque sin éxito. No pudo evitar el llanto al cerrar su alocución.

Fue después de resaltar que se retiraba tras ser "la segunda primera ministra de la historia, pero no la última", para luego asegurar que renunciaba "sin mala voluntad, sino con una gratitud enorme e imperdurable por haber tenido la oportunidad de servir al país que amo".

Theresa May se presentó a las puertas del 10 de Downing Street en Londres, sede del gobierno británico (Foto de Tolga AKMEN / AFP)
Theresa May se presentó a las puertas del 10 de Downing Street en Londres, sede del gobierno británico (Foto de Tolga AKMEN / AFP)

Fue entonces que se quebró, su gesto se torció, dio media vuelta y se retiró buscando esconder la emoción. May dijo antes que el proceso de elección que traerá al poder a un nuevo líder conservador comenzará "la próxima semana" y que éste líder será quien trate de impulsar el Brexit de modo más decisivo.

Su partida profundizará la crisis de la salida del Reino Unido de Europa, ya que es probable que su sucesor desee una división más tajante, lo que aumenta las posibilidades de una confrontación con la Unión Europea y una elección parlamentaria impredecible.

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