
"Si mi familia lo supiera, sin ninguna duda me encerrarían en algún lado, o me matarían". En Pakistán, la homosexualidad es un tabú total y está castigada penalemnte, pero el primer peligro lo constituyen los allegados, en este país conservador.
Gulsanga (nombre ficticio), de 28 años y media melena, afirma ser lesbiana desde su paso por un centro de secundaria femenino.
En aquella época, sorprendieron a una pareja. Una de las adolescentes desapareció de la escuela, adonde regresó semanas después, llena de moratones. "Sus padres la casaron a la fuerza. Su marido tenía 50 años. Le pegaba", cuenta Gulsanga.
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Al principio, la joven luchó contra su orientación sexual. Flirteó con algunos chicos. Y, pese a pertenecer a una familia conservadora, logró librarse de varios proyectos de matrimonios concertados. Luego, fue asumiendo progresivamente su homosexualidad, hasta que en la actualidad vive "una doble vida", según ella.
"Mis hermanos y hermanas lo saben, mis amigos también. Mis padres no", indica. Vive en casa de sus padres, quienes, según cree, no sospechan nada.
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Gulsanga invita a sus parejas eventuales a "fiestas del pijama", con la puerta cerrada a cal y canto, en su casa de Islamabad. "¿Dónde podría verlas sino? No tengo ningún sitio a donde ir". Hace poco, unos policías la sorprendieron besando a una amiga en un vehículo, por la noche, cuenta.
"No tuve miedo de las fuerzas de seguridad, pero temí que llamaran a mis padres. Aquí, la mayor amenaza viene de nuestro entorno inmediato", lanza Gulsanga. Los policías, finalmente, las dejaron ir.
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– Chantaje –

En Pakistán, los homosexuales corren el riesgo de ir a la cárcel, un vestigio de luna ley antisodomía que data de la época colonial británica. Pueden llegar a ser ejecutados en virtud de la sharia, que también se aplica en el país.
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Pero, a diferencia del vecino Irán o de Arabia Saudita, la justicia paquistaní nunca ha condenado a nadie por tales hechos. En las familias, sin embargo, la situación es otra: cada año se perpetran cientos de homicidios en nombre del "honor" familiar.
Naveed (nombre ficticio), de 25 años, tuvo menos suerte. Cuando iba de camino a un parque para encontrarse con un "hombre muy guapo" al que conoció por las redes sociales, dos policías, que según él lo descubrieron, lo "abofetearon, pegaron" y lo extorsionaron, cuenta.
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Naveed hizo lo que le pidieron, pero los policías conocen su identidad. "Temí que me chantajearan o que le contaran la verdad a mis padres", explica el joven delgado, que quiere dejar Pakistán. "Ahora, cada vez que paso por un puesto de control, intento esconder la cara".
– MSM –
El suyo no es un caso aislado. Hay multitud de historias de policías chantajistas que encontraron a sus presas por internet. En 2014, un asesino en serie acabó con la vida de tres de ellos, a los que conoció por internet, para "dar una lección".
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La red es tanto una amenaza como un refugio de libertad. Cientos de gays pertenecen a grupos de Facebook en los que se ayudan entre sí. Los sitios de contactos homosexuales se utilizan de forma masiva.
En Pakistán, las asociaciones LGTB (de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales) solo militan abiertamente por los derechos de los transgéneros, aceptados culturalmente en Pakistán. Solo se ocupan de la homosexualidad desde el punto de vista de la lucha contra el sida. La terminología empleada en esos casos es "MSM" ("men who have sex with men" -hombres que tienen relaciones con hombres-), ignorando la sexualidad de las mujeres.
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"El 90% de los hombres paquistaníes son MSM, simplemente porque las mujeres no son fácilmente accesibles", afirma Qasim Iqbal, presidente de NAZ, la única organización LGTB que aceptó que la AFP la entrevistara sobre el tema.
– 'Hipocresía' –
En India, la homosexualidad se despenalizó en septiembre, pero en Pakistán, gays y lesbianas se muestran divididos sobre el tema, según Lieu Anh Vu, coordinador regional de la organización LGBT Ilga.
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"Muchos creen que si el tema se trata, habrá una reacción brutal contra la comunidad", señala.
Ali Saleem, uno de los pocos actores paquistaníes que afirman su diferencia, conocido por haberse travestido en un talk-show muy popular, explica que "en Occidente, se quiere hablar de todo. Aquí, en absoluto. Vivimos en una cultura de la hipocresía".
"En Pakistán, puedes hacer lo que quieras a puerta cerrada", señala. "Pero si deseas que se sepa, nadie lo tolerará. Te perseguirán".
Con información de AFP
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