
"No se puede explicar, lo tienes que vivir", le dice a Wizenberg la señorita Song, la guía norcoreana que le tocó la periodista argentino. Lo que sigue es una recitación, el intento de la norcoreana de hacer entender un concepto que ni ella parece comprender del todo bien.
La filosofía Juche, cuyo lema es "el hombre es el centro de todo", es el marco teórico "que permite afirmar empíricamente por qué Corea del Norte no tiene un régimen comunista sino que ensaya su propio sistema. Pero nadie entiende muy bien cuál es", insiste el periodista.

En el Juche no hay clases sociales, sino tipos de personas "porque el principio básico es que el hombre es dueño de su destino". Estas castas se llaman songbun y hay tres: los leales, los vacilantes y los hostiles.
Cada una de estas castas se supone que son un tercio de la población y sólo los leales viven en Pyongyang. Son los científicos, los militares de alto rango, los veteranos de guerra y sus descendientes.

No hay ascenso social. Lo que sí hay son "matices". Entre el más leal y un vacilante hay 51 categorías: los dirigentes del Partido son la categoría 1. Obviamente, es mucho más difícil tener una buena vivienda o mejores raciones de comida si se es "vacilante".
Y además, están los "traidores"… ellos, según Human Right Watch, viven en los campos de concentración. Son los acusados de delitos contra el Estado o, claro, los familiares directos de uno de los desertores o "traidores graves". Por ejemplo, uno de los catalogados como "traidor grave" fue Ri Yong Gil, el ex jefe del Estado Mayor. ¿Qué pasó con él? fue fusilado.

Wizenberg ofrece una crónica de su aventura. Cuenta cómo logró llegar a tierras norcoreanas y cómo se enteró de que había contratado para la tarea a la misma agencia que llevó al estadounidense Otto Warmbier, que no regresó con sus compañeros a la frontera china de la que había partido. Pasó un año preso del régimen y después de mucha negociación, lo devolvieron en estado vegetativo y, finalmente, murió en EEUU.

Para graficar el respeto- o delirio- por el "líder supremo" Kim Il-sung, no sólo cuenta el despropósito de los monumentos en su honor (siempre más altos que los edificios que lo rodean) sino que revela que en Corea del Norte está prohibido doblar al medio los billetes (wons) "para no estrujar la cara de algún Gran Líder".

También echa luz sobre uno de los mitos más repetidos por los pocos occidentales que visitaron Corea del Norte: la marihuana.
"Ah, la planta especial", dice casi mofándose el otro guía, el señor Jong, y finalmente confirma que sí hay plantaciones, que no está prohibida y, de hecho, es más barata que el tabaco.


La experiencia de Wizenberg es el 50% del libro "Corea, las dos caras extremas de una misma nación", la otra mitad es la aventura de otro periodista, Julián Varsavsky, pero por el sur.

"No lo olvide, dígaselo a todos, somos un pueblo de paz", le dice el señor Jong a Wizenberg minutos antes de abordar el tren de regreso a China.
La señorita Song inicia la cuenta hasta que se señala a sí misma. "Veintiuno", dice aliviada. De su último viaje no volvieron todos….
Fotos: Daniel Wizenberg
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