
En su mensaje de año nuevo, Kim Jong-un advirtió: "Todos los Estados Unidos está al alcance de nuestras armas nucleares y hay un botón nuclear siempre en mi escritorio". Horas más tarde, Donald Trump le contestó en Twitter: "Por favor, que alguien de su régimen agotado y famélico le diga que yo también tengo un botón nuclear, pero mucho más grande y poderoso que el suyo, ¡y funciona!".
La imagen de la destrucción del mundo concentrada en un botón recorrió el mundo.
"Solo hay un problema", escribió Russell Goldman. "El botón no existe".

En efecto, como señaló el autor de la nota publicada en The New York Times, la expresión es tan impactante como meramente simbólica. Su origen se puede rastrear en el botón de pánico que tenían los aviones bombarderos en la Segunda Guerra Mundial para salvar la vida del piloto, pero la política la adoptó desde mediados de la década de 1960, cuando Lyndon B. Johnson estaba en campaña y prometió hacer todo lo posible para evitar "apretar ese botón que volará el mundo".
Pero aunque no tiene un botón, el presidente de los Estados Unidos puede ejecutar un ataque nuclear contra Corea del Norte.
Para hacerlo tiene una pelota y una galletita, dos herramientas que suenan menos poderosas que el botón, pero que, combinadas con la autoridad directa de Trump para tomar la decisión, cumplirían la función.

La pelota nuclear (nuclear football) es un maletín de aluminio que pesa 45 libras (un poco más de 20 kilos) y que lo acompaña a todas partes, cargado por uno de los cinco auxiliares militares de la presidencia.
La galletita (biscuit) es una tarjeta con una serie de códigos de verificación sin los cuales no se puede iniciar el proceso de lanzar un arma nuclear. El presidente la lleva siempre con él; Bill Clinton la perdió durante su mandato y no lo dijo durante meses.
"En la era atómica, cuando las decisiones se deben tomar muy velozmente, la presidencia ha evolucionado hacia algo similar a una monarquía nuclear", escribió Bruce Blair en Politico. "Con una sola llamada, el comandante en jefe tiene un poder virtualmente ilimitado para hacer que las armas nucleares le lluevan a cualquier régimen o país adversario en cualquier momento".

En efecto, no funciona en este caso el sistema de controles y equilibrios de poder: no hace falta aprobación del Congreso, no hace falta consejo de la Corte Suprema. El Ejecutivo concentra el poder de decisión, como en un botón.
El proceso de ataque nuclear desde los Estados Unidos, ofensivo o defensivo, se desarrollaría de este modo:
1) Trump decide que es necesario lanzar un ataque nuclear
Es improbable que se recurra a las armas atómicas como primera respuesta a un conflicto, "hay muchas opciones no-nucleares, como lanzar ataques aéreos para tratar de eliminar el arsenal nuclear de Corea del Norte", ilustró Alex Ward en Vox. Pero si el presidente decide hacerlo, es su prerrogativa.
2) Un auxiliar militar le abre el maletín
La pelota nuclear contiene "una guía instructiva para realizar un ataque, incluida una lista de localidades que pueden ser objetivo de las 900 armas nucleares que componen el arsenal estadounidense", explicó The New York Times. Allí también están las instrucciones para contactar a los comandantes militares y darles las órdenes de lanzar los misiles.

3) Trump se reúne, personalmente o por teléfono, con sus asesores
Los consejeros civiles o militares son un paso obligatorio del proceso; sin embargo, la decisión es exclusiva del mandatario. "Una persona clave con la que debe hablar en el Pentágono es el subdirector de operaciones del Centro Nacional del Comando Militar, o Sala de Guerra, el corazón del Departamento de Defensa", según Vox.
Por lo demás, el presidente puede incluir a todas las personas que considere conveniente en el paso de asesoramiento.
4) El presidente da la orden oficial de lanzar el ataque
Al hacerlo se debe identificar formalmente ante un oficial superior en la Sala de Guerra, quien debe verificar que la orden procede del mandatario en persona. Para eso, Trump debe recurrir a la galletita: cuando el militar le recite un código —Delta, Charlie, por caso— le responderá según esté impreso en la tarjeta.

Si el oficial considera que la orden es ilegal —algo que no está claramente definido, pero que comprende la desproporción del ataque o el sufrimiento excesivo—, puede rehusarse a aceptarla, y Trump puede echarlo. "Las cosas se pueden poner feas, con gente que renuncie hasta que por fin se encuentre alguien que quiera realizar el ataque", ilustró Vox.
5) Se hacen los preparativos para el ataque
Desde la Sala de Guerra se dan las órdenes para que los distintos grupos militares involucrados —submarinos, aviones, tropas, según se necesite— actúen según los planes del ataque. En el proceso hay varias instancias de seguridad.
6) Se lanzan los misiles
Si se lanzan desde tierra, es posible que hayan pasado apenas cinco minutos desde que el presidente dé la orden; si se lanzan desde submarinos, unos 15 minutos.

¿Y cómo sería un ataque desde Corea del Norte? Aunque un enorme misterio rodea el proyecto nuclear de Kim Jong-un, "es dudoso que realmente haya un botón en su escritorio", según The New York Times.
En todo caso, un ataque intercontinental no sucedería en cuestión de minutos: "Se cree que los misiles de mayor rango de Corea del Norte están impulsados por combustible líquido. Eso significa que no pueden estar guardados listos para usar en un momento. Se los debe llenar de combustible antes del lanzamiento, un proceso que puede llevar horas", estimó Goldman.
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