El presidente Barack Obama recibirá este miércoles en la Casa Blanca al líder espiritual budista Dalai Lama, luego de la advertencia del Gobierno chino de que espera que la visita no cuestione el apoyo de Washington a la política de una sola China que mantiene Beijing.

La residencia presidencial informó en su agenda diaria que el encuentro tendrá lugar el miércoles a las 10:15 de la mañana, hora local (14:15 GMT) en la sala de los mapas.

El líder religioso tibetano se encuentra en Washington, donde el martes se reunió con varios miembros, tanto demócratas como republicanos, del Congreso y dio un discurso en el Instituto de la Paz, lugar en el que empezó ofreciendo un minuto de silencio por las víctimas del tiroteo en Orlando del fin de semana.

La líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, apuntó: "Si los defensores de la libertad no nos pronunciamos contra la opresión en el Tíbet, renunciamos a nuestra autoridad moral para hablar en nombre de los derechos humanos en cualquier parte del mundo".

Por su parte, Beijing se manifestó al respecto con una advertencia. "Esperamos que el Gobierno de los EEUU cumpla sus compromisos y no envíe señales equivocadas a quienes intentan dividir a China", afirmó este miércoles un vocero del Ministerio de Exteriores, Lu Kang.

Además, el funcionario manifestó sus reticencias a la presencia en Washington del Dalai Lama, líder espiritual del budismo y del Tíbet, y del que Beijing considera que dirige el separatismo tibetano.

"Pedimos a todos los Gobiernos que no den al Dalai Lama la oportunidad de realizar actividades independentistas", afirmó.

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Oficialmente retirado de la política, el dalái lama insta más a una autonomía para el Tíbet que a la independencia formal. Numerosos tibetanos denuncian ser víctimas de represión política y cultural por parte de China, y estiman que no gozan del desarrollo económico de su región.

En febrero de 2014, la Casa Blanca tuvo la precaución de subrayar que el dalái lama era recibido "como un jefe espiritual y cultural respetado internacionalmente", dando a entender que no era invitado como dirigente político. Aquel encuentro fue también cerrado a la prensa. Pese a las precauciones, Beijing calificó de inmediato la entrevista como "una grosera ingerencia" en sus asuntos internos.

(Con información de EFE y AFP)