
Al igual que ocurrió en invierno, esta semana primaveral dejó una postal repetida en el AMBA: mañanas grises, tardes sin sol y una sensación persistente de cielo tapado. Detrás de esa secuencia de nubes bajas, humedad y lluvias intermitentes hay un fenómeno que altera la circulación habitual de la atmósfera: el bloqueo atmosférico. ¿De qué se trata y por qué puede prolongar los días sin sol?
“La persistencia de la nubosidad y las precipitaciones por estos días responde a una situación de bloqueo atmosférico”, explicó a Infobae el meteorólogo Mauricio Saldivar. Según precisó, un centro de altas presiones sobre el Atlántico Sur, junto con áreas de baja presión mar adentro frente al Río de la Plata, “dificulta el avance normal de los frentes, manteniendo vientos del sector este que transportan humedad oceánica hacia el continente”.
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El especialista añadió que este patrón interactúa “con un eje de mínimas presiones en niveles medios de la atmósfera”, una combinación que “sostiene las condiciones persistentes de cielo cubierto y lluvias intermitentes”.

Saldivar aclaró que, aunque El Niño suele aparecer como una explicación recurrente ante los períodos más húmedos, en este caso no es el origen de los días grises.
“Un bloqueo como el actual es un fenómeno de circulación atmosférica; El Niño crea un escenario favorable, pero no es la causa directa: estos eventos no necesitan de El Niño para ocurrir”, afirmó. Detrás de la persistencia de las nubes hay otra dinámica: una suerte de freno en altura que altera el desplazamiento habitual de los sistemas meteorológicos.
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Sobre la evolución del tiempo, anticipó: “Habrá mejorías temporarias durante el fin de semana, aunque no un cambio definitivo”. Además, señaló que “las condiciones favorables para precipitaciones débiles e intermitentes se extenderán a la próxima semana” y que, “mientras el bloqueo no se debilite, los días grises seguirán alternándose con algunos claros entre las nubes”.
Qué se espera para la primavera
Sobre los próximos meses, los especialistas apuntan a una primavera con más lluvias, sobre todo en el este y norte de la Argentina. Marcelo Madelón, licenciado en Medio Ambiente y pronosticador del Aeropuerto de Córdoba, ya le había adelantado a Infobae que esperaban “un aumento de las lluvias principalmente en la Mesopotamia, Santa Fe, el este del Chaco y Formosa”, además del sur de Brasil y Uruguay. También habló sobre “más lluvias en todo lo que es el centro y Norte del país”.
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“Posiblemente al haber mayor humedad disponible en la atmósfera estas lluvias sean más intensas en la primavera que en otros años”, añadió.

La meteoróloga de Meteored Cindy Fernández señaló que las condiciones de El Niño empiezan a cambiar un poco en primavera: ”Lo más importante es que favorece los eventos de lluvia, sobre todo en el este de Argentina”. También advirtió que “el principal riesgo de precipitaciones extremas está hacia el litoral argentino, pero Buenos Aires no queda exenta de estos episodios”.
Sobre el nivel de precisión posible para un pronóstico estacional, Gerardo Barrera, pronosticador de la Dirección de Meteorología Aeronáutica del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), puso un límite. “No hay forma de armar una secuencia como si fuera un extendido para una semana”, señaló. Aun así, entre los especialistas aparece una coincidencia general: la primavera trae más humedad, más nubosidad y más lluvias que en otros años, con impacto más claro sobre el este y norte del país.
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Un patrón que se repitió durante varios días en invierno
En agosto pasado, los meteorólogos consultados por Infobae coincidieron en que la nubosidad invernal no resultaba extraña por sí sola, aunque sí llamó la atención la cantidad de jornadas cubiertas y la falta de días completamente despejados.

Una de las claves apareció en el exceso de humedad disponible en la atmósfera. Barrera le dijo a Infobae que “se combinaron sucesivas situaciones de presencia de humedad”, varias de ellas “por aporte de aire marítimo ante la presencia de viento del sector este”.
Ese patrón tuvo un efecto concreto sobre el cielo del AMBA. Cuando la atmósfera conserva más humedad, aumentan las condiciones para la formación de nubes bajas, nieblas y neblinas. Hubo más vapor de agua disponible y eso favoreció muchos días seguidos con escaso sol.
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A esa explicación se sumó Madelón: “Este invierno hemos tenido mayor humedad disponible en las capas de la atmósfera. Esa humedad ha dado lugar a una mayor cantidad de días de cielos cubiertos acompañados de nieblas neblinas y, en algunos sectores del país, precipitaciones”.
¿Fue normal tanta nubosidad en invierno?
Aunque para el centro y este del país varios especialistas marcaron que el invierno tuvo rasgos fuera de lo habitual, Barrera aclaró que no fueron “situaciones que se repitan todos los años con la misma intensidad y extensión en días”.

Madelón fue más directo sobre este punto. “No es común que en esta época del año tengamos tanta nubosidad”, afirmó y recordó que para el norte, el centro y gran parte del oeste del país el invierno suele ser la época seca, con menos lluvias y más cielo despejado.
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Al mismo tiempo, la estadística mostró que la nubosidad invernal en Buenos Aires tampoco es una rareza. Saldivar le había dicho a Infobae que “de los 90 días que dura el invierno, casi la mitad de ellos el cielo está nublado sobre la ciudad de Buenos Aires, y casi un cuarto son con cielos despejados”.
En esa misma línea, Cindy Fernández había explicado: “Lo normal es tener casi 40 días de los 90 que dura el invierno con el cielo nublado. Eso es lo que dicen las estadísticas”. Y concluyó: “La sensación de que el invierno fue especialmente gris se refuerza porque no tuvimos casi días completamente despejados”.
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