
Científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts han logrado aislar y precisar las señales climáticas que dejan grandes incendios forestales y erupciones volcánicas en el sistema atmosférico, capaces de alterar notablemente la temperatura global.
Utilizando un novedoso enfoque estadístico, los especialistas descartan que tres de los eventos naturales más extremos de las últimas décadas ‒la erupción del Monte Pinatubo (1991), los incendios australianos (2019-2020) y la erupción del Hunga Tonga (2022)‒ estuvieran detrás de la aceleración del calentamiento global de superficie que marcan los registros recientes, atribuyendo el fenómeno directamente a la influencia humana, según revela el estudio publicado por el MIT en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias.
PUBLICIDAD
Incendios y volcanes alteran la estratosfera: mediciones y parámetros sin precedentes
La investigación del MIT documenta tres episodios extraordinarios que, por su magnitud y características, constituían candidatos óptimos para detectar variaciones térmicas a gran escala. La erupción del Monte Pinatubo expulsó un estimado de 20 millones de toneladas de aerosoles volcánicos a la estratosfera, el mayor volumen registrado por sensores satelitales hasta esa fecha.

Durante los incendios forestales de Australia, el humo llevado por los vientos ascendió y situó aproximadamente un millón de toneladas de partículas en la troposfera superior y la propia estratosfera. La erupción submarina del Hunga Tonga, por su parte, originó la mayor explosión atmosférica monitoreada por medios satelitales, inyectando casi 150 millones de toneladas de vapor de agua por encima de la tropopausa.
PUBLICIDAD
Al evaluar datos satelitales de temperatura atmosférica recolectados desde 1979 por la Unidad de Sondeo Estratosférico (SSU) y las Unidades de Sondeo de Microondas (MSU y MSU Avanzada), el equipo de Yaowei Li, ex investigador postdoctoral y actual científico visitante del Departamento de Ciencias de la Tierra, Atmosféricas y Planetarias del MIT, se propuso despejar la “señal” atribuible a estos sucesos, minimizando primero el ruido inducido por la variabilidad natural y las tendencias a largo plazo.
Las cifras de récord son inequívocas. La Organización Meteorológica Mundial acredita que los años 2023, 2024 y 2025 han sido los tres más cálidos de la serie instrumental, y que los últimos 11 años constituyen la seguidilla anual más calurosa registrada. Estas anomalías se deben, advierte, al predominante impacto de las emisiones humanas de gases de efecto invernadero acumuladas durante siglos de industrialización.
PUBLICIDAD

El enfoque del MIT consistió en eliminar de los datos las tendencias debidas al incremento antropogénico de dióxido de carbono y otros gases de invernadero. Quitados estos efectos, los investigadores depuraron además el impacto de fenómenos internos del sistema climático como El Niño y La Niña ‒ciclos irregulares multianuales que alteran la temperatura planetaria– así como la oscilación de aproximadamente 11 años del ciclo solar sobre la radiación terrestre.
Del análisis resultó un conjunto de datos en el que cualquier variación térmica residual podía atribuirse razonablemente a los tres eventos naturales seleccionados. En esa secuencia depurada, los especialistas detectaron la huella de cada fenómeno.
PUBLICIDAD
Tras la erupción del Monte Pinatubo, la temperatura global de la troposfera experimentó un enfriamiento de hasta 0,7 °C durante más de dos años. El enfriamiento respondió a la capacidad reflectora de los aerosoles de sulfato volcánico dispersados en la estratosfera, que redirigieron hacia el espacio una fracción significativa de la radiación solar. Al mismo tiempo, la estratosfera se calentó, dado que esos mismos aerosoles retuvieron parte del calor infrarrojo emitido por la superficie terrestre.

Sobre los incendios forestales australianos (2019-2020), el estudio revela que las partículas de humo generaron un calentamiento estratosférico global de hasta 0,77 °C, persistente durante alrededor de cinco meses. Esa señal térmica se concentró en la estratosfera y no resultó detectable en la troposfera a escala global. El autor principal, Li, aporta una clave física sobre este fenómeno: “El humo de incendios forestales está compuesto por partículas de color oscuro capaces de absorber eficientemente la radiación solar. Por esa razón, incluso una cantidad relativamente pequeña de partículas puede causar un calentamiento drástico”. La diferencia química de estas partículas respecto a los aerosoles de sulfato volcánico resulta decisiva en la forma en que modifican la radiación atmosférica.
PUBLICIDAD
Para la erupción del volcán submarino Hunga Tonga (2022), los datos del MIT señalan lo opuesto: el vapor de agua lanzado masivamente a la estratosfera generó un efecto de enfriamiento en la estratosfera media y superior hasta de medio grado Celsius, prolongándose el fenómeno durante varios años, sin manifestar tampoco incidencia en la troposfera.
La conclusión que extrae el equipo liderado por Yaowei Li junto a Susan Solomon –profesora del MIT y una de las referencias mundiales en química atmosférica– es que, aunque incendios forestales y volcanes pueden provocar notables alteraciones en las capas altas de la atmósfera, su influencia en la temperatura superficial ha resultado, para los eventos estudiados, escasa o nula en los dos años subsiguientes a su aparición.
PUBLICIDAD
“El enfriamiento global de la troposfera y la superficie causado por el Pinatubo fue claro y persistente. Sin embargo, tanto los incendios australianos como Hunga Tonga no produjeron una señal troposférica robusta y globalmente detectable en ese lapso”, detalla Li.

Por tanto, los autores consideran excluidos estos fenómenos como responsables del aumento de temperatura superficial observado en los últimos años, reforzando la interpretación dominante sobre el papel central de las actividades humanas.
El propio Li lo expresa: “Comprender las respuestas del clima a los factores naturales es esencial para que podamos interpretar el cambio climático antropogénico”. Según su análisis, si la aceleración reciente en el calentamiento terrestre no puede explicarse por volcanes ni grandes incendios, “debe haber otros factores”, y la evidencia apunta de forma consistente hacia la acción humana.
PUBLICIDAD
La metodología para distinguir señales en el sistema climático
Llegar a estas conclusiones requirió una estrategia estadística precisa. El procedimiento se basó en comparar intervalos antes y después de los sucesos clave, usando registros satelitales entre 1986 y la actualidad, y buscando no solo tendencias a largo plazo, sino variaciones abruptas difícilmente atribuibles al azar o a oscilaciones internas. Para cada evento, se identificaron “saltos” coincidentes en el tiempo con la erupción o el incendio, y se descartaron hipótesis alternativas mediante el modelado de fenómenos de fondo como El Niño, La Niña y la variabilidad solar.

La comparación con estudios previos confirmó la eficacia del método. En el caso del Pinatubo, la magnitud y patrón del enfriamiento troposférico y el calentamiento estratosférico coincide con lo reportado por múltiples investigaciones internacionales, lo que otorga validez adicional a los hallazgos respecto a los incendios australianos y a Hunga Tonga, menos estudiados hasta la fecha.
PUBLICIDAD
Susan Solomon, profesora Lee y Geraldine Martin de Estudios Ambientales y Química en el MIT, junto con Benjamin Santer y David Thompson (Universidad de East Anglia, Universidad Estatal de Colorado) y Qiang Fu (Universidad de Washington), completan el equipo de autores, que destaca en sus conclusiones la potencia de la nueva metodología para cuantificar, por primera vez, la fuerza del impacto de estos eventos a distintos niveles atmosféricos.
La serie de temperaturas globales sitúa al sistema climático terrestre en un contexto de emergencia. El propio artículo del MIT subraya que el planeta se calienta “debido principalmente a las actividades humanas que han emitido enormes cantidades de gases de efecto invernadero a la atmósfera durante siglos".
Este campo de estudio, sintetizan los autores, gana relevancia en un escenario donde emergen eventos cada vez más “extraordinarios y muy singulares” por la naturaleza y altitud de los materiales inyectados. Como resume Li: “Al final, descubrimos que el humo de los incendios forestales provocó un calentamiento muy intenso en la estratosfera, ya que estos materiales son químicamente muy diferentes del sulfato. Son partículas de color oscuro, lo que significa que absorben eficazmente la radiación solar. Por lo tanto, una cantidad relativamente pequeña de partículas de humo puede causar un calentamiento drástico”.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
El Niño 2026 en Argentina: un informe analiza el mapa de lluvias para la primavera y el riesgo de inundaciones
Un reportes de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA advierte que parte del país registrará precipitaciones por encima de las marcas habituales. Este panorama meteorológico elevará la probabilidad de desbordes fluviales y anegamientos

El Niño pone en riesgo especies emblemáticas de un archipiélago único de América
El alza prevista en la temperatura del Pacífico amenaza con reducir el alimento de pingüinos, aves y mamíferos marinos en las islas Galápagos, mientras las lluvias podrían impulsar el avance de plantas invasoras

Un estudio reveló el particular vínculo entre las ratas invasoras y la vida en los arrecifes de coral en el océano Índico
Investigadores de la Universidad de Lancaster descubrieron que la presencia de estos roedores en islas de la región repercute directamente en el equilibrio de especies que habitan los ecosistemas marinos cercanos

La NASA monitorea El Niño con satélites para mejorar el pronóstico de huracanes
En colaboración con organismos europeos, la misión Sentinel-6 mide la temperatura del océano y la altura del mar para anticipar la intensificación de las tormentas antes de su impacto en la costa

Los incendios y las olas de calor podrían elevar las enfermedades respiratorias y cardiovasculares
La OMM advirtió que los episodios extremos de humo se triplicaron desde la década de 1990 y que las partículas finas pueden desplazarse a grandes distancias, incluso lejos de las zonas afectadas por el fuego

