Cada primavera, millones de aves regresan a Estados Unidos y Canadá tras recorrer miles de kilómetros desde América Latina. Este fenómeno, visible en parques urbanos y zonas rurales del norte continental, depende de ecosistemas tropicales situados lejos de esas latitudes.
La continuidad de ese ciclo migratorio enfrenta una amenaza concreta: la pérdida acelerada de los grandes bosques de Centroamérica. Una investigación reciente, citada por Wired, alertó que, sin la conservación de estos territorios, decenas de especies migratorias podrían desaparecer de los cielos norteamericanos.
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El estudio identificó que los llamados Cinco Grandes Bosques de Mesoamérica sostienen proporciones decisivas de poblaciones de aves que se reproducen en el norte y pasan el invierno en el sur, lo que los convierte en un pilar ecológico para todo el continente.
Una conexión ecológica directa entre norte y sur
“Un pájaro que alegra a un guardaparque en la Selva Maya, en México o en Guatemala, en diciembre, podría estar cantando en Central Park, Nueva York, en mayo. Es una conexión muy tangible”, explicó Anna Lello-Smith, coordinadora del programa de conservación de aves de Wildlife Conservation Society (WCS) para Mesoamérica y el Caribe Occidental.
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Esa relación quedó respaldada por un estudio elaborado por WCS y el Laboratorio de Ornitología de Cornell, que determinó que los Cinco Grandes Bosques albergan entre el 20% y el 46% de las poblaciones globales de 16 especies migratorias neárticas-neotropicales, además del 10% de otras 24 especies durante el invierno boreal.
Los Cinco Grandes Bosques de Mesoamérica
El conjunto está integrado por la Selva Maya (México, Belice y Guatemala), La Moskitia (Honduras y Nicaragua), Indio Maíz–Tortuguero (Nicaragua y Costa Rica), La Amistad (Costa Rica y Panamá) y El Darién (Panamá y Colombia). En total, abarcan más de 100.000 kilómetros cuadrados.
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Estos territorios concentran selvas tropicales, manglares, humedales y zonas montañosas. Según el estudio, también representan los bosques más extensos, más intactos y más amenazados de la región mesoamericana.
Ciencia ciudadana para medir la dependencia de las aves
Para dimensionar el rol de estos ecosistemas, el equipo utilizó datos de una plataforma de ciencia ciudadana con más de 2.000 millones de registros de observación aportados por más de un millón de usuarios. Tras un proceso de filtrado riguroso y el cruce de cerca de 150 variables ambientales, Cornell desarrolló el sistema eBird Status and Trends.
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Esta herramienta emplea modelos de aprendizaje automático para estimar, semana a semana, la distribución de las poblaciones de aves con resolución espacial de tres kilómetros. Así, el estudio logró cuantificar una dependencia que, hasta ahora, resultaba evidente solo para investigadores de campo.
“Por décadas, la relevancia de estos bosques para las aves migratorias ha sido axiomática”, señaló Lello-Smith, coautora del trabajo, al referirse a regiones como la Selva Maya.
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Especies en declive concentradas en pocos territorios
Según el informe de Wired, los resultados muestran una dependencia marcada de especies en retroceso poblacional. Un tercio de las reinitas de Kentucky (Geothlypis formosa) y casi una cuarta parte de los zorzales del bosque (Hylocichla mustelina) y de las reinitas alidoradas (Vermivora chrysoptera) pasan el invierno en estos bosques.
Durante un período de cuatro a seis meses, al menos una quinta parte de la población de cinco especies permanece en los Cinco Grandes Bosques, entre ellas el chipe flancos castaños, el chipe gusanero y las ya mencionadas.
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En algunos casos, estos territorios concentran especies dominantes según la región, como el gavilán aliancho (Buteo platypterus) en los bosques del sur.
Migración, embudos naturales y mayor riesgo
El estudio también subrayó la importancia de estos bosques durante la migración. Uno de cada cuatro gavilanes alianchos cruza estos territorios en otoño, mientras que el 42% de la población mundial de la reinita cerúlea pasa por ellos durante la migración primaveral. Esta última especie perdió el 72% de su población desde 1970.
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“La mortalidad es más alta en la migración porque recorren miles de kilómetros y enfrentan un conjunto de amenazas”, indicó Lello-Smith a Wired, al explicar la necesidad de hábitats que provean descanso, alimento y refugio.
Deforestación, crimen organizado y pérdida acelerada
La relevancia ecológica contrasta con la velocidad de la deforestación. Desde 2000, los Cinco Grandes Bosques perdieron entre el 5% y el 30% de su superficie, principalmente por la expansión de la ganadería ilegal vinculada al crimen organizado, según datos de WCS.
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Entre 2002 y 2023, más de una quinta parte de la cobertura forestal de la Selva Maya y La Moskitia coincidió con focos críticos de deforestación. Informes de InSight Crime también destacaron que las costas y los bosques de La Moskitia funcionan como corredor del narcotráfico.
Comunidades locales en la primera línea de conservación
El artículo publicado en Biological Conservation advirtió que la falta de inversión en los bosques remanentes más grandes de Mesoamérica, que se encuentran en grave peligro, probablemente socavará los esfuerzos para conservar las aves migratorias de Norteamérica.
Lello-Smith destacó a Wired el rol de las comunidades indígenas: “Las comunidades locales indígenas están frenando la tala ilegal, luchan contra incendios forestales y reforestan áreas degradadas; muchas veces ponen en riesgo su vida para hacerlo”.

En la Selva Maya de Guatemala, el líder comunitario Casimiro Panti organiza un vivero que produce 50.000 plantas nativas por año, empleadas para restaurar pastizales ilegales recuperados.
Según la investigadora, ese proceso permitió que en 2019 la reforestación superara a la deforestación y facilitó el regreso de más de 200 especies de aves, entre ellas especies migratorias en declive como el zorzal del bosque y la reinita de Kentucky.
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