
El calentamiento del Ártico se consolida como un fenómeno irreversible, aun si las acciones globales logran revertir los niveles de dióxido de carbono (CO₂) a sus cifras preindustriales. Esta afirmación surge de investigaciones recientes que demuestran que la región polar conservará parte del daño, reteniendo cerca de 1,5 °C de calentamiento adicional sobre lo que existía antes de la industrialización.
La principal inquietud científica es que los esfuerzos actuales para reducir el CO₂ podrían no ser suficientes o llegar demasiado tarde para revertir los profundos cambios climáticos a largo plazo que ya están en marcha en esta zona del planeta. La irreversibilidad del calentamiento ártico se fundamenta, en parte, en la diferencia entre las variaciones atmosféricas y los procesos físicos subyacentes en los océanos y el hielo.
Aunque el planeta en su conjunto respondiera favorablemente a reducciones drásticas de CO₂, el Ártico experimentaría una recuperación mucho más lenta, ya que las dinámicas internas de la región retendrían ese exceso de calor durante siglos. Según afirmaron los investigadores, “estos hallazgos resaltan la naturaleza irreversible del cambio climático en el Ártico, incluso bajo escenarios de CDR agresivos”. “El Ártico retendrá alrededor de 1,5 °C de calentamiento, incluso si el dióxido de carbono en la atmósfera regresa a los niveles preindustriales y el planeta en su conjunto se enfría”, recalcaron.

Una de las conclusiones más impactantes del nuevo estudio es la predicción de que incluso tras revertir los niveles de CO₂, las precipitaciones en el Ártico permanecerán elevadas. Se espera que la región mantenga un exceso aproximado de 0,1 milímetros por día de precipitaciones, independientemente de los eventuales proyectos masivos de captura y eliminación de carbono de la atmósfera.
Es la primera vez que un modelo climático sugiere que este tipo de alteración en el ciclo hídrico será duradera, un fenómeno que presenta consecuencias ecológicas y geofísicas significativas para una región ya sometida a estrés. En palabras de Michael Meredith, del British Antarctic Survey: “Por primera vez, sugiere que las precipitaciones también se mantendrán elevadas”.
El equipo de investigación utilizó 11 modelos climáticos independientes para evaluar el futuro del Ártico bajo varios escenarios. Uno de estos consistió en una simulación abstracta donde el CO₂ se cuadruplicaba respecto a los niveles preindustriales durante 140 años, luego descendía igual periodo y se estabilizaba durante seis décadas más. En este caso, la región seguía arrojando un sobrecalentamiento de 1,5 °C junto con el incremento en las precipitaciones, incluso después de restaurar los niveles atmosféricos de CO₂.
Además, se consideraron situaciones más ajustadas a la realidad: una donde las emisiones se reducen de inmediato y otra donde, tras décadas de emisiones elevadas, se implementa una drástica captura de carbono después de 2070. Los resultados en ambos casos señalan que en el año 2100 la región ártica seguiría registrando cerca de 1,5 °C adicionales y un aumento sostenido en la lluvia, sin importar la estrategia de reducción de gases empleada.

Este comportamiento obedece, en gran parte, al papel que juega el océano en la persistencia del calentamiento. El mar ha absorbido cerca del 90 % del calor generado por el calentamiento global. Así, incluso si la atmósfera lograra enfriarse rápidamente por una disminución del CO₂, el océano tardaría siglos en responder, liberando ese calor retenido y manteniendo al Ártico más cálido de lo que era antes del inicio de la industrialización.
Meredith lo explica así: “Incluso si la atmósfera se enfría, el océano quedará rezagado y presionará en contra de ese enfriamiento”. Sumado a esto, los ciclos de retroalimentación, especialmente la pérdida de hielo marino que deja más aguas abiertas y, por consiguiente, más capacidad de absorción de calor solar, refuerzan la dificultad para revertir la tendencia. Estas dinámicas internas significan que un enfriamiento atmosférico no se traduce automáticamente en una recuperación inmediata, ya que el océano actúa como un reservorio y “freno” al cambio inverso.
En el contexto de las posibles soluciones tecnológicas, surgen múltiples limitaciones y un escepticismo creciente hacia los proyectos de eliminación de dióxido de carbono (CDR). Los métodos varían desde la plantación masiva de árboles hasta sofisticados sistemas de captura directa del aire con ventiladores y filtros químicos.
Sin embargo, además de la magnitud logística y los elevados costos, científicos consideran poco probable que estas intervenciones reduzcan el CO₂ a escala suficiente como para devolver el sistema climático global, y menos aún el ártico, a su estado original en un plazo razonable. Según los cálculos, estos procesos requerirían miles de años para producir un efecto significativo.

El estudio revela detalles adicionales sobre anomalías regionales, señalando que al sur de Groenlandia e Islandia, tanto la temperatura como las precipitaciones podrían disminuir en el futuro. Esta excepción se vincula a una desaceleración de la Circulación Meridional Atlántica (CMA), una corriente oceánica que, al perder fuerza debido al calentamiento global, transportará menos agua cálida desde los trópicos hacia esas latitudes, potencialmente resultando en inviernos más fríos para partes de Europa.
Las consecuencias a futuro se extienden más allá del simple aumento de temperatura. Aunque el análisis no modeló en detalle algunos efectos secundarios, los expertos prevén la continuidad del deshielo del permafrost y la desaparición progresiva de la capa de hielo de Groenlandia.
Mark Serreze, del Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo de Estados Unidos, advierte: “Es de esperar que la capa de hielo de Groenlandia se comporte como lo observamos, es decir, que seguirá perdiendo masa y contribuyendo al aumento del nivel del mar”.
Los hallazgos recientes refuerzan la percepción de que, respecto al Ártico, la respuesta del sistema climático es mucho más compleja y duradera de lo que se pensaba. Las decisiones que se tomen ahora tendrán repercusiones que se mantendrán por siglos, aunque, en periodos de milenios, una recuperación aún podría ser posible, como sugiere el propio Serreze: el Ártico, a lo largo de muchos siglos o milenios, “debería acabar enfriándose”.
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