
La Tierra refleja cada vez menos luz solar, un fenómeno que avanza con mayor rapidez en el hemisferio norte que en el sur, según un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (2025).
Norman Loeb, del NASA Langley Research Center, lideró la investigación que puso en cuestión la antigua idea de que la simetría hemisférica del albedo —la capacidad planetaria para reflejar radiación solar— era una propiedad constante del sistema climático.
A partir de 24 años de registros satelitales del programa Clouds and the Earth’s Radiant Energy System (CERES), el análisis reveló que los dos hemisferios absorbieron cada vez más radiación solar, pero el norte lo hizo a un ritmo superior.

Entre 2001 y 2024, la diferencia de tendencia en la radiación solar absorbida fue de 0,34 ± 0,23 W/m² por década entre hemisferio norte y sur. Aunque la cifra puede parecer pequeña frente al promedio global de 240 a 243 W/m², el resultado resultó estadísticamente relevante y marcó un cambio respecto a décadas anteriores, cuando la simetría era la norma.
Factores físicos y químicos detrás de la asimetría
El equipo de investigación asoció este desequilibrio a varios factores interrelacionados. En el hemisferio norte, la disminución de aerosoles —partículas en suspensión que afectan la formación de nubes y la reflexión de luz solar— redujo la capacidad de reflejar radiación tras políticas ambientales en regiones como Europa, Estados Unidos y China.
Por el contrario, el hemisferio sur experimentó un aumento de aerosoles debido a incendios forestales en Australia y la erupción del volcán Hunga Tonga (2021-2022).

Las variaciones en el albedo superficial reforzaron la tendencia asimétrica. La pérdida de hielo marino y de cobertura de nieve en el norte redujo la reflectividad de la superficie, facilitando el oscurecimiento. El incremento del vapor de agua atmosférico en ese hemisferio agravó el fenómeno. En el sur, la prevalencia de nubes y superficies altamente reflectantes moderó el avance del oscurecimiento.
Límites de la función compensatoria de las nubes
El estudio destacó que el papel de las nubes para compensar la asimetría fue menos eficaz de lo que se creía. Si bien las nubes contribuyeron al albedo global de ambos hemisferios, su efecto sobre la diferencia norte-sur resultó limitado.
Las tendencias opuestas en las zonas tropicales y extratropicales tendieron a equilibrarse, lo que redujo la capacidad de las nubes para restablecer la simetría. El trabajo concluyó que la ruptura de la simetría hemisférica en la radiación solar reflejada desafía la visión clásica de la simetría como propiedad fundamental de la Tierra.
Consecuencias para la circulación y los modelos climáticos
De acuerdo con los expertos, el aumento de la asimetría hemisférica en la absorción de radiación solar podría modificar la circulación atmosférica y oceánica global. Tradicionalmente, el hemisferio sur ganaba energía radiativa que el norte perdía, compensación gestionada por intercambios de energía a través del ecuador.

Sin embargo, la intensificación de la asimetría podría alterar la distribución de temperaturas, las precipitaciones tropicales y la posición de zonas clave como la Zona de Convergencia Intertropical (ITCZ).
Los modelos climáticos actuales presentaron importantes discrepancias (hasta ±5 W/m²) en la simulación de estas diferencias, lo que limitó su fiabilidad. El estudio sugirió que la capacidad de las nubes para compensar los efectos de aerosoles, cambios superficiales y vapor de agua podría estar llegando a su límite, sobre todo si estos factores operan en escalas de tiempo distintas.
Históricamente, la simetría albedo-hemisférica era considerada un rasgo robusto y atribuida en gran medida a la distribución de nubes. Los resultados recientes demostraron que esta simetría puede ser frágil y transitoria. El hemisferio norte, sujeto a calentamiento y oscurecimiento más intensos, mostró junto a ello un aumento relativo de las precipitaciones tropicales, reflejando cambios en la circulación a gran escala.
Comprender cómo interactúan estos factores resulta crucial para mejorar la precisión de los modelos climáticos y anticipar la evolución futura del sistema climático global.
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