
El avance de garrapatas invasoras en Estados Unidos generó inquietud entre científicos y autoridades sanitarias debido al riesgo de que introduzcan nuevas enfermedades y agraven la incidencia de las ya existentes.
El estudio, publicado en la revista iScience y replicado por National Geographic, indica que hasta el momento no se comprobó la transmisión de enfermedades nuevas a humanos por parte de estas especies invasoras, pero sí se detectó que portan patógenos similares a los que transmiten las garrapatas autóctonas, lo que podría provocar un aumento en los casos de enfermedades ya conocidas.
Entre 2019 y 2023, investigadores confirmaron la llegada de siete especies no nativas de garrapatas a Connecticut, fenómeno que expone la creciente movilidad de estos parásitos a través de las fronteras. Según el estudio, los casos de enfermedades transmitidas por garrapatas en el país se triplicaron en menos de 20 años, mientras especies foráneas originarias de lugares tan variados como Alemania, Guatemala, Tanzania, Brasil, Escocia y Polonia logran establecerse en territorio estadounidense.
Riesgo potencial: fiebre maculosa de las Montañas Rocosas
La alerta se intensificó cuando dos especies invasoras procedentes de Centroamérica resultaron portadoras de una bacteria emparentada con la causante de la fiebre maculosa de las Montañas Rocosas, enfermedad capaz de provocar fiebre, vómitos, dolor muscular y, en ausencia de tratamiento, ocasionar la muerte. Este hallazgo refuerza la preocupación de los expertos respecto a la capacidad de las garrapatas invasoras para transportar agentes infecciosos peligrosos.

En los últimos 50 años, más de 140 especies de garrapatas no nativas ingresaron a Estados Unidos, transportadas accidentalmente en ganado, mascotas exóticas o incluso personas. El cambio climático favoreció la expansión de su hábitat, permitiendo que especies antes incapaces de sobrevivir en el clima estadounidense prosperen y se desplacen hacia el norte.
“Un solo grado de aumento en la temperatura posibilita que las garrapatas extiendan su rango geográfico mucho más al norte”, explicó Bryon Backenson, director de la Oficina de Control de Enfermedades Transmisibles del Departamento de Salud del Estado de Nueva York, en declaraciones recogidas por National Geographic.
El impacto de esta situación queda reflejado en los datos: los casos de enfermedades transmitidas por garrapatas en Estados Unidos pasaron de unos 23.000 en 2004 a cerca de 71.000 en 2022. Goudarz Molaei, epidemiólogo de la Universidad de Yale y coautor del estudio, señaló que antes de 2018 no se registraban casos de fiebre maculosa de las Montañas Rocosas en el noreste del país, pero desde entonces Connecticut reportó hasta diez casos y se produjeron muertes asociadas.
Identificación, prevención y expansión de especies invasoras
La identificación precisa tanto de las especies de garrapatas como de los patógenos que transportan es crucial para contener la propagación de enfermedades. Saravanan Thangamani, microbiólogo de la SUNY Upstate Medical University, destacó la utilidad de un mapa colaborativo y validado en laboratorio que revela el desplazamiento de estas especies hacia nuevas regiones.

“Observamos una mayor prevalencia de patógenos en condados y zonas donde no se detectaban en 2019”, afirmó Thangamani, quien consideró fundamental que población y profesionales de la salud consulten esta herramienta para evaluar el riesgo de exposición. No obstante, la presencia de un patógeno en una garrapata no asegura que pueda transmitirlo a los humanos.
Molaei remarcó que aún se investiga el impacto de la garrapata asiática de cuernos largos, una de las especies invasoras más exitosas. Este insecto, originario de Asia Oriental y detectado por primera vez en Nueva Jersey en 2017, ya se encuentra en, al menos, 21 estados y Washington D. C., portando agentes infecciosos similares a los de las especies nativas.
Backenson expresó que “algunas preocupaciones iniciales sobre la garrapata asiática de cuernos largos no se han concretado”. Además, subrayó que la transmisión de enfermedades depende de que la garrapata encuentre al huésped y las condiciones idóneas.
Hasta ahora, no se documentaron casos clínicos en humanos en Estados Unidos causados por garrapatas introducidas, reportó Risa Pesapane, ecóloga de enfermedades de la Universidad Estatal de Ohio.
Sin embargo, la garrapata asiática de cuernos largos trajo consigo el parásito no nativo Theileria orientalis, responsable de la theileriosis bovina, enfermedad que ya afecta al ganado en el país. Además, otras especies invasoras iniciaron la alimentación de reptiles autóctonos en Florida, ampliando el rango de consecuencias ecológicas.

Cambio climático, resiliencia y vigilancia
El cambio climático no solo extiende el rango geográfico de las garrapatas, también prolonga su periodo de actividad anual. Pesapane explicó que inviernos más breves permiten que tanto las garrapatas como las personas mantengan su actividad durante mayor cantidad de meses, lo que incrementa las oportunidades de encuentro y transmisión de enfermedades.
La capacidad de adaptación de estos parásitos es asombrosa. Thangamani advirtió que una sola hembra puede poner miles de huevos tras alimentarse, favoreciendo así la rápida colonización de nuevas zonas. También alertó sobre el potencial riesgo de introducción de virus como el de la encefalitis transmitida por garrapatas, presente en Europa y Asia, si se cumplen las condiciones propicias en Estados Unidos.
Frente a este escenario, los expertos sugieren medidas preventivas como el uso de ropa protectora, repelentes y la revisión exhaustiva del cuerpo, la vestimenta y el equipaje después de actividades al aire libre o viajes internacionales. Hannah Tiffin, entomóloga de la Universidad de Kentucky, remarcó la importancia de informar a los médicos sobre viajes recientes en caso de picadura, ya que la similitud entre especies nativas e invasoras puede dificultar tanto la identificación como el tratamiento.
Tiffin advirtió sobre la necesidad de una mejor coordinación entre autoridades sanitarias y científicos para identificar a tiempo las especies invasoras y los patógenos, permitiendo contener la expansión antes de que se convierta en un problema mayor. “Podríamos mejorar mucho en este aspecto”, reconoció en diálogo con National Geographic.
En un contexto donde la movilidad global y el cambio climático propician la llegada de nuevas especies, la vigilancia continúa y la prevención representan herramientas esenciales. La introducción accidental de una sola garrapata puede acarrear consecuencias imprevisibles para la salud pública y los ecosistemas.
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