
Los edulcorantes artificiales, presentes principalmente en bebidas, alimentos procesados, medicamentos, enjuagues bucales y pastas dentales, son objeto de debate por sus efectos sobre la salud humana.
Sin embargo, una investigación internacional liderada por científicos de la Universidad Tecnológica de Sídney (UTS) pone el foco en otro tipo de impacto menos discutido: su presencia en el ambiente.
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El estudio publicado en la revista Journal of Hazardous Materials analizó cómo se comportan estos edulcorantes en las plantas de tratamiento de aguas residuales, que son los sistemas donde se limpian las aguas antes de ser devueltas a ríos, lagos y ecosistemas acuáticos.
La investigación revisó datos de 24 países y detectó que algunos de estos compuestos son prácticamente imposibles de eliminar.
¿Qué encontraron los investigadores?
Los cuatro edulcorantes más estudiados fueron sucralosa, acesulfame, sacarina y ciclamato.
El trabajo mostró que algunos de ellos, como la sacarina y el ciclamato, pueden eliminarse con cierta facilidad durante el tratamiento del agua. Sin embargo, la sucralosa, un endulzante muy común, resulta muy difícil de erradicar.
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Una de las conclusiones más llamativas es que, en algunos casos, las plantas de tratamiento liberan más sucralosa de la que reciben. “La baja remoción de sucralosa se atribuye principalmente a la liberación desde el lodo al agua residual”, explican los autores. En otras palabras, el edulcorante queda atrapado en los residuos sólidos y luego se libera nuevamente al entrar en contacto con el agua.
También registraron un leve aumento en la capacidad de algunas plantas para remover sucralosa y acesulfame a lo largo del tiempo. “Las crecientes tendencias en la remoción de sucralosa y acesulfame sugieren una posible evolución/adaptación microbiana”, señalan los autores.
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Esta observación lleva a pensar que ciertos microorganismos presentes en los sistemas de tratamiento podrían estar empezando a ajustarse a la presencia continua de estos compuestos, desarrollando gradualmente mecanismos para degradarlos. Los autores advierten que los mecanismos detrás de ese avance aún no están del todo comprendidos y que persisten importantes desafíos para lograr una remoción efectiva.
¿Cómo se llevó a cabo el análisis?
Los investigadores realizaron una revisión sistemática, un tipo de análisis que reúne y compara los resultados de estudios anteriores para identificar patrones.
En este caso, revisaron más de 3.400 publicaciones científicas y seleccionaron 108 estudios con datos de calidad y métodos comparables, publicados entre 2008 y 2023.
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El análisis incluyó mediciones de aguas antes y después del tratamiento en plantas de Asia, Europa, América, África y Oceanía.
También compararon estaciones secas y lluviosas para evitar distorsiones en los datos. Se observaron diferencias importantes entre países. Por ejemplo, en India se detectaron niveles muy altos de sacarina, mientras que en Alemania se registraron altos niveles de ciclamato. En Estados Unidos, la sucralosa fue el edulcorante dominante.
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Además, el estudio identificó variaciones según la estación del año: en muchos países, las concentraciones de edulcorantes en el agua fueron más altas en verano. Esto podría deberse al mayor consumo de productos fríos como bebidas, helados o jugos que contienen estos compuestos, según indican los expertos.
¿Qué riesgos puede implicar su presencia en ríos, napas y agua potable?
Los resultados preocupan porque muchos de estos edulcorantes terminan en ríos, lagos o napas subterráneas, y eventualmente podrían aparecer incluso en el agua potable. Según los autores, si bien las concentraciones son muy bajas, a largo plazo “los edulcorantes artificiales no eliminados de los efluentes fluyen hacia las aguas superficiales y subterráneas, e incluso terminan en el agua potable, lo que supone riesgos de toxicidad para los animales acuáticos y la salud humana”.
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“Por ejemplo, la sucralosa causa malformaciones embrionarias en el pez cebra, mientras que los altos niveles de sacarina son neurotóxicos para este pez. Además, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha informado que el uso prolongado de edulcorantes artificiales aumenta el riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y mortalidad en adultos”, agregaron.
Por ahora, no hay límites legales para la cantidad de edulcorantes que pueden estar presentes en el agua tratada que se libera al ambiente, según indicaron los investigadores.
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El equipo investigador considera que esta situación debería cambiar. “Las investigaciones futuras también deben enfatizar la formulación de políticas y regulaciones oportunas, como el establecimiento de límites de concentración de efluentes para edulcorantes artificiales”, afirman en el trabajo.
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