
Bajo la superficie de los bosques existe una red subterránea que sostiene la vida de las plantas y mantiene el equilibrio de la naturaleza. De acuerdo con Current Biology, entre el 79% y el 83% de los hongos llamados ectomicorrízicos (ECM), esenciales para la salud de los bosques, podrían seguir sin descubrirse ni describirse de forma oficial.
Los hongos ectomicorrízicos viven asociados a las raíces de árboles y arbustos, formando una capa que ayuda a las plantas a absorber nutrientes como fósforo y nitrógeno. A cambio, los hongos reciben parte de los azúcares que los árboles producen gracias a la luz solar. Esta relación es clave para la fertilidad del suelo, la captura de carbono y la resistencia de los bosques al cambio climático.
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Una red oculta que conecta la vida
Según Current Biology, unos 6.000 tipos de árboles, que representan alrededor del 25% de la vegetación mundial, dependen de estos hongos ECM para crecer sanos. Estas redes forman conexiones bajo tierra que permiten a las plantas compartir recursos y resistir mejor la sequía o las plagas. El estudio explica que cada año los árboles envían unas 2,5 gigatoneladas de carbono a estas redes subterráneas, lo que demuestra su importancia para el clima.

Aunque algunos hongos producen setas visibles, la mayoría no se ve a simple vista y solo se detecta analizando muestras de suelo. Bases de datos como GlobalFungi y el Global Soil Mycobiome han registrado más de 219.000 grupos diferentes de hongos ECM a partir de casi 39.500 muestras de tierra.
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Sin embargo, la mayoría de estos hongos no tienen nombre oficial porque nunca se han recolectado físicamente. Estas especies se conocen como dark taxa. De acuerdo con Current Biology, mientras no tengan nombre científico, no se pueden incluir en listas como la Lista Roja de la UICN, lo que limita su protección.
Ejemplos que muestran su importancia
Algunos hongos conocidos ilustran cómo funcionan estas alianzas. El Amanita muscaria, famoso por su sombrero rojo con puntos blancos, crece junto a abedules y pinos, ayudándolos a desarrollarse en suelos pobres. El Boletus edulis, o porcini, muy apreciado en la cocina, hace lo mismo con robles y abetos. La presencia de hongos como el chanterelle suele ser señal de un bosque sano, ya que ayudan a que los árboles se regeneren y se mantenga la fertilidad del suelo.
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De acuerdo con Current Biology, la tala de bosques para agricultura o ganadería y la plantación de especies no nativas pueden destruir estas redes invisibles. En la Amazonía, por ejemplo, la deforestación para criar ganado ha roto estas conexiones bajo tierra. Esto significa que un bosque puede parecer verde, pero si no tiene sus hongos asociados, pierde fertilidad y su capacidad de capturar carbono disminuye.

Dónde buscar y qué hacer
El estudio estima que en todo el mundo podrían existir entre 25.500 y 55.500 especies de hongos ECM. Oceanía tiene la mayor proporción de especies no descritas (87%) y Europa la más baja (78%). Muchas de estas especies sin identificar se encuentran en regiones tropicales y en algunos bosques templados.
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Otros hongos, como los ericoides micorrízicos (ERM), que ayudan a plantas como los arándanos a sobrevivir en climas fríos, los MFRE, que mejoran la absorción de nutrientes, y los endófitos oscuros de raíz (DSE), que fortalecen a las plantas frente al estrés ambiental, también están poco estudiados. De todos modos, perder estos hongos sin conocerlos puede afectar la salud de los suelos y la lucha contra el cambio climático.
Los investigadores citados por Current Biology insisten en la necesidad de explorar más estos hongos, recolectarlos, analizarlos y buscar formas de identificarlos a partir de su ADN, aunque no se tenga un ejemplar físico.
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También proponen incluir este conocimiento en programas de conservación y reforestación para proteger los bosques y sus redes subterráneas antes de que desaparezcan sin dejar rastro.
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