
Generalmente, la preocupación por el futuro de la región de la Amazonia en América del Sur pasa por la deforestación de su vegetación. Pero un grupo internacional de investigadores, liderados por científicas de la Universidad Internacional de Florida, en los Estados Unidos, han llamado la atención sobre los cambios que se están produciendo en el ciclo natural del agua y que podrían alterar para siempre la Amazonia. Es un fenómeno clave y que pasa desapercibido en general.
La Amazonia siempre ha atravesado períodos de sequía o temporadas de lluvias anormalmente intensas causadas por los patrones climáticos naturales de El Niño y La Niña.
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Sin embargo, el reciente aumento de fenómenos climáticos extremos llevó a que los investigadores examinen más de cerca los ciclos del agua que conectan el océano Atlántico con la cordillera de los Andes y partes distantes del Amazonas.

Descubrieron que la actividad humana podría estar afectando al ciclo natural del agua a través de la alteración de los ríos, la deforestación y el cambio climático. El trabajo se publicó en la revista PNAS de la Academia de Ciencias de EE.UU.
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El río Amazonas es el que más agua dulce vierte al océano Atlántico. Aporta más 105.000 millones de litros de agua dulce cada minuto. Durante muchos años, los científicos han hablado de la importancia de la interconectividad del agua dulce entre la cordillera de los Andes y las tierras bajas del Amazonas. Pero hasta ahora no se había reconocido tan rápidamente la importancia del océano Atlántico.
En el nuevo estudio, los científicos intentan concientizar sobre la conectividad Andes-Amazonas-Atlántico (AAA) con la esperanza de que se tenga más en cuenta esta vía y los recursos de agua dulce en la conservación de la Amazonia.
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“En este siglo ha aumentado enormemente el número y la extensión de las zonas protegidas, como parques nacionales, reservas y territorios indígenas reconocidos oficialmente en la Amazonia, pero la atención se ha centrado en los bosques y los ecosistemas terrestres”, explicó Anderson.

“Ha llegado el momento de ampliar el apoyo a la conservación a los sistemas de agua dulce como los ríos”, resaltó la experta.
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La conectividad AAA es un gigantesco ciclo multidireccional del agua que conecta los Andes, el Amazonas y el océano Atlántico. Alrededor del 90% del sedimento total de la cuenca del Amazonas procede de la cordillera de los Andes, baja por el Amazonas y otros ríos y desemboca en el océano Atlántico.
A medida que aumentan las temperaturas globales y la Amazonia se enfrenta a la deforestación, aumentan las posibilidades de que se produzcan fenómenos climáticos extremos que puedan alterar este ciclo.
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La región tiene una importancia global. En la Amazonia viven 47 millones de personas. Abarca ocho países y un territorio, y es la mayor selva tropical de la Tierra. Sustenta una quinta parte de la biodiversidad de agua dulce del mundo y alberga algunas de las colecciones de aves, mamíferos, anfibios y plantas más diversas del planeta.
Sus bosques contribuyen a mitigar el cambio climático global. El futuro de la Amazonia y su capacidad para mantener a las personas, los animales y las plantas que viven en ella depende totalmente de la conectividad AAA.
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Anderson señaló la necesidad inmediata de enfoques integrados de gestión medioambiental, conservación y gobernanza para sostener la conectividad AAA.
Entre las recomendaciones de los científicos, sugieren:
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- la vigilancia de todos los componentes del sistema AAA
- la coordinación más allá de las fronteras políticas para mejorar la recolección y gestión de datos
- el refuerzo de la colaboración entre investigadores interdisciplinarios, gestores del agua y comunidades locales que se enfrentan a cambios en la conectividad AAA
- la detención de la deforestación, la restauración de la vegetación y la mitigación del cambio climático en la Amazonia

“Esperamos que este estudio haga que la conectividad Andes-Amazonia- Atlántico se convierta en un sistema comúnmente reconocido, fomentando una comprensión más holística de las aguas dulces del Amazonas y de cómo están conectadas con las personas y la naturaleza en otras partes de Sudamérica y del mundo”, dijo Claire Beveridge, codirectora del estudio.
Además de Anderson y Beveridge, entre los coautores estuvieron Natalia Piland, Clinton Jenkins y Simone Athayde. También contribuyeron al estudio, científicos de la Université Grenoble Alpes y la Université de Toulouse en Francia, la Universidad de Lancaster en el Reino Unido, la Pontificia Universidad Católica de Perú, la Universidad de São Paulo en Brasil, y las universidades de Mississippi State y Cornell en Estados Unidos.
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