
(Desde Santiago, Chile) Es un verdadero fósil viviente en estado crítico de conservación y es por ello que investigadores de la Universidad de Chile, hicieron un llamado de alerta para preservar a la rana gigante chilena, que enfrenta la reducción de su hábitat debido a la sequía, el cambio climático, la contaminación del agua e incluso, la sobreexplotación debido al consumo humano.
Este curioso animal, no muy agradable a la vista para algunos, habita en la Región de Coquimbo por el norte y Chiloé por el sur, puede medir 32 centímetros y llegar a pesar hasta un kilo, lo que la convierte en la más grande de Latinoamérica.
Es justamente en estas zonas del país donde la sequía que se extiende por más de 15 años es más aguda, “lo que ha llevado a una pérdida significativa de su hábitat”, advirtió Paola Sáez, del Doctorado en Ecología y Biología Evolutiva de esa casa de estudios, según reza un anota de El Desconcierto.
Además, la rana gigante chilena posee un periodo de vida de 20 años y su tasa de crecimiento es baja, por lo que su madurez sexual tarda en desarrollarse, disminuyendo su población.
Su inusual tamaño es también otro punto débil: en algunas partes de Chile la carne de esta rana es considerada una delicia culinaria, y si bien su caza está prohibida, las autoridades afirman que muchos de los criaderos autorizados para venderlas capturan ejemplares en vez de criarlos.
Es uno de los anfibios más voraces del planeta, ya que además de alimentarse de insectos, es capaz de comer un ratón o incluso de alimentarse de otros anfibios y larvas de su especie. Eso explicaría cómo logró sobrevivir por unos 300 millones de años.
Sin embargo, al ser un animal acuático que sólo sale de los lagos para buscar comida, esta rana no puede vivir sin agua. Por eso la urbanización de muchos de sus hábitats naturales ha significado una sentencia de muerte para gran parte de la especie.
Septiembre y octubre son meses particularmente peligrosos para la rana grande. Es la época del año en la que muchos campesinos realizan la limpieza de acequias y canales de regadío, y suelen consumir las ranas que encuentran.
El profesor Marco Méndez, de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, afirmó que “esta ranita es única, grande y nuestra, es patrimonio de Chile. Necesitamos que siga viviendo”.
Si bien, el Ministerio de Medio Ambiente la ha catalogado como una especie en estado critico de conservación, desde el Ministerio de Economía la siguen considerando como un recurso explotable, aseguró Méndez.
Es por esto que para asegurar su existencia, los investigadores han intentado hacer un mapa con la distribución de este animal y evaluar su presente en la Región Metropolitana. “Lanzamos una campaña de difusión y realizamos estudios en terreno, aunque con recursos muy limitados”, señaló el profesor.

Importancia para la ciencia
Esta rana es considerada un fósil viviente debido a que ha cambiado muy poco desde tiempos prehistóricos. Su linaje se remonta a millones de años, lo que la convierte en una ventana viva al pasado evolutivo de los anfibios. De hecho, su registro fósil indica que sus ancestros vivieron durante el súper continente Gondwana.
Además, destaca por su singularidad evolutiva, siendo una especie única que representa a su género completo. Por otra parte, al ser un depredador en su ecosistema, juega un papel crucial en el control de las poblaciones de insectos y otros pequeños animales, ayudando a mantener el equilibrio ecológico.
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