
El Parque Nacional Galápagos informó que un grupo de 94 tortugas gigantes, de entre 5 y 10 años de edad, incubadas artificialmente y criadas en cautiverio en el Centro de Crianza de la isla Santa Cruz, fueron liberadas en su hábitat natural. El retorno de las tortugas a su hábitat natural se realizó en conjunto con la organización Galápagos Conservancy.
Las tortugas son de la especie Chelonoidis donfaustoi, descubierta en 2015. A esta especie se la bautizó en honor de Fausto Llerena, quien cuidaba al Solitario George, el último ejemplar de la Chelonoidis abigdoni.
Los 94 ejemplares cuentan con un chip de identificación que permitirá su seguimiento por parte de los investigadores. Además, las tortugas estuvieron en cuarentena antes de su liberación y fueron sometidos a exámenes médicos para asegurar que estuvieran en condiciones adecuadas de salud.

“Los centros de crianza representan una excelente estrategia de manejo que ha ayudado a alejar de la extinción a las diferentes especies de tortugas gigantes con las que se trabaja. Aquí, los quelonios permanecen en condiciones similares a su hábitat natural, a fin de que puedan adaptarse favorablemente cuando retornen a su ecosistema”, explicó el Parque Nacional Galápagos.
Las tortugas galápagos amenazadas por el plástico
Las tortugas gigantes de Santa Cruz, la isla más poblada de las Galápagos y donde fueron liberados los 94 especímenes mencionados, están ingiriendo plásticos en áreas urbanas y en los alrededores de estas, según reveló a inicios de noviembre la Fundación Científica Charles Darwin (FCD). Estas tortugas están clasificadas como “en peligro crítico” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
El estudio, realizado por investigadores de la FCD, la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), el Zoológico de San Louis (Estados Unidos), la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad James Cook (Australia), evaluó la ingesta de desechos por parte de las tortugas gigantes del oeste de Santa Cruz (Chelonoidis Porteri). La investigación, publicada esta semana en la revista Environmental Pollution, forma parte de la tesis de licenciatura de Karina Ramón, nacida en Galápagos.
En el estudio se analizaron más de 5.500 muestras fecales en zonas donde los quelonios entran en contacto con actividades humanas y más de 1.000 muestras en zonas protegidas del Parque Nacional Galápagos. Más del 86,3 % de los residuos encontrados en zonas de actividad humana eran plásticos. Otros materiales encontrados incluyen tela (8,4 %), metal (2 %), papel y cartón (1,7 %), materiales de construcción (0,5 %) y vidrio (0,3 %). En una misma muestra fecal se pueden encontrar varios objetos, apuntó la FCD en un comunicado.

Los resultados evidenciaron que las tortugas gigantes consumen con mayor frecuencia desechos producidos por la actividad humana en zonas intervenidas por el ser humano, como en el oeste de Santa Cruz, mientras que, en las áreas protegidas, la exposición a estos desechos es casi nula. La Fundación también anotó que la población humana de Galápagos “ha aumentado drásticamente en las últimas décadas y es un patrón relacionado al incremento del turismo, acelerando las presiones antropogénicas sobre los sistemas naturales del archipiélago”.
“Los plásticos perduran en el ambiente mucho más tiempo que la utilidad que se le brinda al producto y pensamos que las tortugas confunden estos desechos por comida”, indicó Karina Ramón, autora principal de este estudio, quien agregó que las tortugas gigantes pueden tardar hasta 28 días para digerir lo que comen.
Eso incluye zonas de agricultura, carreteras de primer y segundo orden, zonas industriales y urbanas de Puerto Ayora, la urbe más grande del archipiélago ecuatoriano. En la zona protegida del Parque Nacional solamente se encontraron dos fragmentos de plástico en las muestras colectadas en el área protegida, equivalente a 0,08 objetos por cada kilo de heces.
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