
La calidad del aire es un aspecto importante para la vida humana y, además, es un factor clave entre los objetivos de desarrollo sostenible relacionados con la buena salud y el bienestar. En ese sentido, se prevé que alrededor de dos tercios de la contaminación futura del aire provendrá de las plantas, ya que todas ellas producen sustancias químicas llamadas compuestos orgánicos volátiles biogénicos o BVOC.
Por sí solos, los BVOC son benignos. Sin embargo, una vez que reaccionan con el oxígeno, producen aerosoles orgánicos y, a medida que se inhalan, pueden causar asma infantil e incrementar la mortalidad en los niños, así como promover enfermedades cardíacas y cáncer de pulmón en los adultos.
Estas partículas finas -conocidas como PM2.5 por su diámetro de 2,5 micrómetros o menos- a nivel de la superficie forman un carcinógeno relacionado con una tasa de exceso de mortalidad mundial de 8,8 millones de personas por año, incluidas 5,5 millones debido a fuentes antropogénicas y 3,3 por fuentes naturales. Esto indica que no toda la contaminación del aire proviene de las personas.
En ese tono, cuando las temperaturas globales aumenten en 4°C, las emisiones nocivas de plantas y el polvo también se incrementarán hasta en un 14%, según una nueva investigación publicada en Nature Communications Earth & Environment y que ha estado a cargo de un equipo de trabajo de la Universidad de Riverside (UCR). El trabajo no tuvo en cuenta un aumento simultáneo en las fuentes de contaminación del aire creadas por el hombre, que ya ha sido predicho por otros estudios.

“No estamos analizando las emisiones humanas de contaminación del aire, porque podemos cambiar lo que emitimos. Podemos reemplazar el parque automotor por autos eléctricos, por ejemplo, pero es posible que eso no cambie la contaminación del aire por las plantas o el polvo. El olor de un césped recién cortado o la dulzura de una fresa madura son BVOC. Las plantas los emiten constantemente”, indicó James Gómez, estudiante de doctorado de la UCR y autor principal del estudio.
¿Plantas contaminando?
Hay dos razones por las que las plantas aumentan la producción de BVOC: aumentos en el dióxido de carbono atmosférico y aumentos en las temperaturas. Se prevé que ambos factores sigan incrementándose. Cultivar plantas es un beneficio neto para el medio ambiente, ya que reducen la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera, lo que ayuda a controlar el calentamiento global.
Los BVOC de los jardines pequeños no dañarán a las personas. “Su césped, por ejemplo, no producirá suficientes BVOC para enfermarlo -aclaró Gómez-. Es el aumento a gran escala en el dióxido de carbono lo que contribuye a que la biosfera aumente los BVOC y luego los aerosoles orgánicos”.

Es probable que el segundo mayor contribuyente a la contaminación del aire en el futuro sea el polvo del desierto del Sahara. “En nuestros modelos, se proyecta que un aumento en los vientos arrojará más polvo a la atmósfera”, señaló Robert Allen, profesor asociado de Ciencias Planetarias y de la Tierra en la UCR y coautor del estudio.
A medida que el clima se calienta, es probable que aumente el polvo del Sahara en todo el mundo, con niveles más altos en África, en el este de Estados Unidos y en el Caribe. Estos indicadores están pronosticados especialmente para el norte de África, incluidos el Sahel y el Sahara, debido a los monzones más intensos del área occidental del continente. Tanto los aerosoles orgánicos como el polvo, así como la sal marina, el carbón y el sulfato, pertenecen a la categoría de contaminantes transportados por el aire.

El aumento de la contaminación por PM2.5 de origen natural aumentó, según datos del estudio en cuestión, en proporción directa a los niveles de CO2 .”Cuanto más aumenta el CO2, más PM2.5 se lanza a la atmósfera, y lo contrario también es cierto. Cuanto más reducimos, mejor es la calidad del aire”, aportó Gómez. Por ejemplo, si el clima se calienta solo 2°C, el trabajo encontró un aumento del 7% en PM2.5.
Todos estos resultados solo se aplican a los cambios encontrados en la calidad del aire sobre la tierra, ya que el estudio se centra en los impactos en la salud humana. Los investigadores esperan que el potencial para mejorar este indicador inspire una acción rápida y decisiva para reducir las emisiones de CO2. Sin esto, las temperaturas pueden aumentar 4°C para fines de este siglo, aunque es posible que ocurra antes.

Gómez advirtió que las emisiones de CO2 tendrán que disminuir drásticamente para tener un efecto positivo en la calidad del aire en el futuro. “Los resultados de este experimento pueden incluso ser un poco conservadores porque no incluimos como factor los cambios dependientes del clima en las emisiones de incendios forestales”, concluyó Gómez. De esta investigación también participaron Steven T Turnock, Larry W. Horowitz, Kostas Tsigaridis, Susanne E. Bauer, Dirk Olivie, Erik S. Thomson y Pablo Ginoux.
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