
En el marco de la COP 25, numerosos estudios están siendo publicados acerca de los efectos negativos que la crisis climática ya tiene en el medio ambiente, así como los catastróficos escenarios que se cernirán sobre el mundo si no se reducen dramáticamente las emisiones de carbono.
Uno de ellos, elaborado por la Universidad de Michigan, indicó este miércoles que las aves ya se han visto afectadas por el aumento de las temperaturas globales: se han achicado a lo largo de los años y sus alas se han agrandado para compensar por la reducción de tamaño.
Los investigadores de la casa de estudios estadounidense llegaron a la conclusión luego de analizar más de 70.000 especímenes de 52 especies a lo largo de 40 años. Aseguran que el estudio es el más exhaustivo en la historia de su campo y sirve para entender mejor la manera en que todos los animales -no solo las aves- se adaptarán al cambio climático.
“Encontramos que casi todas las especies se estaban achicando”, indicó el investigador principal, Brian Meeks. “Las especies eran bastante distintas, pero todas respondieron de manera similar. La consistencia fue impresionante”, agregó.
Meeks explicó que la mayoría de los estudios sobre la respuesta de los animales a este fenómeno se enfocaba en cambios migratorios o eventos de vida. Sin embargo, el estudio evidencia que los cambios morfológicos son un tercer elemento clave a tener en cuenta, el profesor indicó. “Es difícil entender cómo las especies se adaptarán sin tener en cuenta este factor”, graficó.
Los científicos no probado la relación entre temperaturas más altas y contexturas menores. Una teoría indica que los animales más pequeños tienen una mayor facilidad para reducir el calor de su cuerpo. De hecho, un estudio publicado en 2014 sugirió la posibilidad de que las cabras alpinas se estuvieron achicando por la misma razón. Y otro publicado el mismo año determinó que lo mismo había pasado con las salamandras.
El menor tamaño, no obstante, afecta la capacidad de las aves de completar sus migraciones, considerando que cuentan con menores reservas de energía para consumir. Consecuentemente, aquellas con alas más largas pudieron compensar esta carencia y sobrevivir el viaje.
La mayoría de los ejemplares usados para el estudio fueron recolectados por Dave Willard, un ornitólogo aficionado. En 1978, Willard comenzó a recoger las aves que caían a la calle luego de estrellarse contra los rascacielos de Chicago. Y continuó haciéndolo todos los otoños y primaveras, épocas migratorias. Se estima que millones de aves mueren todos los años alrededor del mundo de esta manera.
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