Ronny Scott: el argentino de 103 años que voló los míticos Spitfires para Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial

Un documental realizado en el Reino Unido reconstruye la vida del hombre que dejó la ciudad de Buenos Aires para alistarse en el Arma Aérea de la Marina Real británica y pelear contra los nazis

Imágenes del documental "Buena Onda: la historia de Ronny Scott", realizado por Grammar Productions

Ronald David Scott nació en Buenos Aires, Argentina, el 20 de octubre de 1917. A sus 103 años, sigue paseando en bicicleta por San Isidro, su barrio, con una sorprendente vitalidad, y sigue estando disponible para contar la impresionante historia de su vida: cuando siendo apenas un muchacho se ofreció como voluntario en el Arma Aérea de Marina Real del Reino Unido para combatir contra el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Ronny tenía 26 años y jugaba al rugby en el club Belgrano Athletic, en la ciudad de Buenos Aires, cuando en 1942 decidió que tenía que hacer algo “en contra de Hitler” y se convirtió en uno de los 4.000 argentinos en ofrecerse para combatir en Europa en las filas británicas.

“No tenía una real conexión con Inglaterra ni con Escocia. Siempre había tenido la idea de viajar allí. Aceptabas a Inglaterra y Escocia como algo de lo que querías ser parte”, expresó Scott en el documental sobre su vida Buena onda: The Tale of Ronny Scott, que fue presentado el domingo por la productora británica Grammar Productions.

Su figura ha sido comparada recientemente con la de Sir Tomas Moore, también conocido como el Capitán Tom, un ex combatiente que en 2020 ayudó a recaudar fondos destinados al Servicio Nacional de Salud del Reino Unido para hacer frente al coronavirus, y quien falleció en febrero de este año a los 100 años de edad. Pero si bien Moore sirvió en la infantería, para Scott siempre se trató de volar.

La calle Fore en Londres, arrasada por las bombas alemanas (AP/ Shutterstock)
La calle Fore en Londres, arrasada por las bombas alemanas (AP/ Shutterstock)

“Fui a la embajada y dije: ‘Aquí tienen otro voluntario, pero tengo una condición: no quiero ir a la Real Fuerza Aérea, todos quieren ir allí'. Yo quería ser piloto naval, con la experiencia que tenía. Me gustaba la atmósfera a bordo”, contó sobre el momento de su enlistamiento.

A la conjunción armónica entre aviones y barcos, que por aquel entonces seguía siendo un territorio novedoso en el mundo militar, la había conocido en 1931, cuando el Príncipe de Gales, el futuro rey Eduardo VIII, arribó de visita a Buenos Aires a bordo del portaaviones HMS Eagle.

Ronny tenía 14 años, de padre escocés y madre inglesa, y quedó impactado por el buque y por los aviones, un germen que quedó latente hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939.

Arribó finamente a Inglaterra en 1943, pero tras una corta visita en Albion, el joven Scott de 26 años fue enviado a Canadá a entrenarse como piloto. Allí recibió sus “alas” y en junio de 1944 (cuando comenzó el desembarco aliado en Normandía) finalmente fue enviado de vuelta al Reino Unido para incorporarse al Escuadrón 794 del Arma Aérea de la Marina Real (Fleet Air Arm).

Como piloto voló en los aviones de entrenamiento De Havilland DH.82 Tiger Moth y Miles Master, antes de pasar al Blackburn B-24 Skua , un ya obsoleto bombardero en picado, y finalmente al legendario caza Supermarine Spitfire.

Un Hawker Hurricane (arriba) y un Supermarine Spitfire (abajo) como el que volaba Scott (UK Ministry Of Defence/ Crown Copyright 2020/ Reuters)
Un Hawker Hurricane (arriba) y un Supermarine Spitfire (abajo) como el que volaba Scott (UK Ministry Of Defence/ Crown Copyright 2020/ Reuters)

De líneas elegantes y excelentes condiciones de vuelos; propulsado por un motor Rolls Royce que fue aumentando su poder durante el transcurso de la guerra; y armado con 8 ametralladores calibre .303, las diferentes versiones del Spitfire le permitieron al Reino Unido pelear en igualdad de condiciones ante los temibles Messerschmitt BF109 y Focke Wulf 190 alemanes.

“Creo que los Spitfires eran los que más me gustaban. Una vez que despegabas, podías hacer lo que quisieras con ellos, volaban a cualquier lugar”, señala Scott en el flamante documental dirigido por Alex Bescoby, en referencia a la ya icónica maniobrabilidad de estas aeronaves que saltaron a la fama especialmente durante la Batalla de Inglaterra, en 1940, y durante los combates sobre el Canal de la Mancha entre 1941 y 1942.

Durante la mayor parte de su servicio en los cielos de Inglaterra, Ronny no participó de acciones de combate: voló misiones de reconocimiento y entrenó pilotos. Más adelante, en cambio, formó parte de los grupos aéreos destinados a defender las islas británicas de los ataques con las temidas “bombas voladoras”, las Fieseler Fi-103, desarrolladas por los alemanes. Lanzadas desde sus bases en el norte de Francia y Bélgica, las Fi-103 volaban sin piloto, dirigidas por un giróscopo, a unos 600 kilómetros por hora hasta caer sobre sus blancos, las ciudades británicas, y sembrar destrucción.

“La guerra es algo realmente horrible. Las personas y sus familias son bombardeadas hasta su destrucción. La guerra es estúpida”, expresa Scott.

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