
El cuerpo del "hombre que nunca existió" fue encontrado por un pescador frente a la playa de La Bota de Punta Umbría, cerca del puerto de Huelva (Andalucía), la madrugada del 30 de abril de 1943.
Sus credenciales lo identificaban como mayor William Martin, un oficial de la Marina Real británica que prestaba servicio como mensajero entre Londres y el cuartel general aliado en Argel.
Entre sus pertenencias encontraron cartas a su prometida Pam y a su padre, fotos y recibos que mostraban que Martin era algo descuidado con el pago de las cuentas. Las cartas estaban arrugadas, como si Martin las hubiera estado leyendo una y otra vez.

Sobre todo, atado a su cintura, llevaba un maletín que contenía documentos altamente clasificados y una carta "personal y secreta": los planes para la invasión de Grecia por parte de las tropas aliadas en el Norte de África.
Pero nada de eso era auténtico: ni el nombre de Martin, ni su historia, ni los documentos.

El hallazgo era el primer paso de la delicada Operación Mincemeat (Carne Picada), planeada en el mínimo detalle por el Servicio de Inteligencia Británico para convencer a los alemanes de que el desembarco aliado de Sicilia —la mayor acción anfibia de la Segunda Guerra Mundial— se haría en Grecia y en la isla de Cerdeña.
El engaño había sido orquestado durante los meses anteriores por los oficiales ingleses Charles Choldmondley y Ewen Montagu, dos hombres a los que Winston Churchill recurría cuando necesitaba resolver algún problema con soluciones no convencionales.

Los dos oficiales usaron el cuerpo de un hombre británico cuidadosamente elegido y llevado a España en un submarino para que la información contenida en el maletín llegara a los alemanes a través de los españoles. Toda la historia —incluidas las cartas arrugadas, las facturas impagas de Martin— había sido inventada para que pareciera creíble sin ser demasiado perfecta, porque, sabían, la guerra no era perfecta.

El propio Montagu contó años después la historia del plan en un libro titulado El hombre que nunca existió, que se convirtió en una película de Hollywood con el mismo nombre.
El plan funcionó. Después de que el cuerpo terminara en manos de las autoridades españolas, el espía Adolf Clauss informó a los alemanes del hallazgo. Poco después, una copia de los documentos estaban sobre el escritorio del propio Adolf Hitler.
La primera autopsia realizada por el reputado forense Eduardo Fernández del Torno determinó que Martin había muerto ahogado. En tanto, el Gobierno español —España era formalmente un país neutral— notificó al británico sobre el hallazgo. Tal como estaba previsto en el plan, el Reino Unido pidió de forma urgente y "confidencial" que le fueran devueltos los documentos. Los británicos también publicaron un anuncio de la muerte de Martin en el Times de Londres, un diario que sabían era leído por el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels.

Un mes después, cuando llegaron los documentos de España, Montagu se dio cuenta de que habían sido alterados. Era la prueba de que los españoles estaban mintiendo y de que los documentos habían sido filtrados a los alemanes.
"Se tragaron la carne picada", recitaba la nota con la que Churchill fue informado.
Como resultado, los alemanes movieron 90 mil soldados de Sicilia a Grecia. Poco después, a principios de junio, los Aliados atacaron Sicilia. Era el principio del fin de la guerra.
Quién era el hombre que nunca existió
75 años después de esta increíble historia, aún queda para determinar quién era en realidad "el hombre que nunca existió".
Según la hipótesis más acreditada y filtrada tras el fin de la guerra por el Gobierno británico, el cuerpo era el de un alcohólico sin techo galés llamado Glyndwr Michael, que murió en enero de 1943 tras ingerir veneno para ratas.
Ese es el nombre que aparece en la lápida que se encuentra en el cementerio de La Soledad de Huelva, donde este lunes, en el día del 75 aniversario del suceso, se homenajeó a Martin con la participaciones de las autoridades locales y de Isabel Naylor, la hija de un inglés que, siguiendo la tradición de su padre, llevó flores a la tumba durante 68 años.

Sin embargo, varios investigadores creen que el cuerpo de Martin es el de otra persona.
De acuerdo con los historiadores escoceses Colin Gibbon y John Steele, el cadáver perteneció en realidad a un marino llamado John Melville, fallecido el 27 de marzo de 1943 en el hundimiento del portaaviones Dasher, un evento que causó la pérdida de 400 hombres.
Los investigadores Jesús Copeiro y Enrique Nielsen, autores del libro de 2017 William Martin, Crónica de la Operación Carne Picada, también respaldan esta teoría. Según dijeron al diario español ABC, la versión contada por Montagu en su libro contendría varias falsedades, ya que el oficial quería protegerse de la acusación de haber robado un cadáver sin el consentimiento de los familiares, algo que en Inglaterra es un delito incluso en tiempos de guerra.

Para Montagu, afirmar que el cuerpo era del vagabundo Glyndwr Michael era más seguro que revelar la identidad de John Melville, quien en cambio tenía familia, mujer e hija.
Según estos investigadores, además, es improbable que ni el forense español que realizó la primera autopsia de Martin, ni los alemanes que realizaron la segunda, detectaran la presencia de veneno. Al contrario, ambos confirmaron su asfixia por ahogamiento.
Nielsen y Copeiro creen que bajo la lápida no hay nada, porque Adolf Clauss robó el cadáver y lo llevó en un submarino a La Spezia, en Italia. Allí es donde los alemanes habrían realizado la segunda autopsia que despejó sus últimas dudas y permitió que Hitler, finalmente, se tragara la "carne picada".
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