Durante cinco años creyó que tenía alergia, pero algo más peligroso amenazaba su cerebro

Kendra Jackson sufrió años por una filtración de líquido cerebrospinal. (Nebraska Medicine/ENT)
Kendra Jackson sufrió años por una filtración de líquido cerebrospinal. (Nebraska Medicine/ENT)

Kendra Jackson tenía una salud perfecta hasta que sufrió un accidente automovilístico. Poco después comenzó con una extraña alergia, una rinitis que parecía un goteo constante de su nariz, que luego de horas y horas cada día le dejaba un dolor de cabeza insoportable, terminaba con su sentido del olfato y cubría la parte posterior de su garganta de una película salada.

"Un médico tras otro le dijeron a Kendra que el líquido que salía de su nariz se debía a las alergias", publicó el equipo médico que por primera vez en años tuvo otra hipótesis y descubrió la peligrosa condición que sufría Jackson. "Pero luego de años de sufrir este problema y los dolores de cabeza asociados a él, consultó a los médicos de oído, nariz y garganta de Nebraska Medicine. Carla Schneider descubrió que Kendra tenía una pérdida de fluido cerebrospinal. ¡Del cerebro, que le salía de la nariz!".

La médica Christine Barns escuchó a Kendra Jackson y buscó qué problema podría causarle esos síntomas que no fuera una alergia. (Nebraska Medicine/ENT)
La médica Christine Barns escuchó a Kendra Jackson y buscó qué problema podría causarle esos síntomas que no fuera una alergia. (Nebraska Medicine/ENT)

Tras dormir mal (la nariz tapada y los estornudos la despertaban continuamente), probar todos los antihistamínicos del mercado y agotar innumerables cajas de pañuelos de papel, debió dejar de trabajar. Hizo muchísimas consultas durante cinco años, pero dado que el 15% de la población de los Estados Unidos sufre de alergias, en la mayoría de ellas nadie vinculó el traumatismo con la rinitis.

Jackson vivía en un estado de ansiedad insoportable, no salía ni quería ya jugar con sus nietos. Un día, completamente alterada, decidió ir a un hospital-escuela. La atendió la médica Christine Barnes, a quien le advirtió: "No me voy a ir hasta que descubra qué me pasa".

Kendra Jackson dejó de trabajar, casi no dormía y no salía de su casa sin pañuelos de papel. (Nebraska Medicine/ENT)
Kendra Jackson dejó de trabajar, casi no dormía y no salía de su casa sin pañuelos de papel. (Nebraska Medicine/ENT)

Tras escucharla, Barnes pensó en la posibilidad del fluido cerebrospinal. Pidió entonces la opinión de Schneider, quien analizó el material que le salía de la nariz a la mujer de 52 años. El 23 de abril un equipo conducido por Barnes y el neurocirujano Dan Surdell cerró el hueco en el interior de la cabeza de Jackson, que causaba el problema desde el accidente, y cambió su vida.

En las evaluaciones para enmendar el tejido rasgado que permitía el paso del fluido que recubre al cerebro para evitar que sufra presión, los médicos del hospital de Omaha descubrieron que perdía casi un cuarto de litro de líquido por día. Eso la expuso a un riesgo mayor de infección, entre ellas la peligrosa meningitis.

Los otorrinolaringólogos del hospital-escuela hicieron un diagnóstico que le permitió una solución quirúrgica a su problema. (Nebraska Medicine/ENT)
Los otorrinolaringólogos del hospital-escuela hicieron un diagnóstico que le permitió una solución quirúrgica a su problema. (Nebraska Medicine/ENT)

Las filtraciones del fluido cerebrospinal se pueden deber a una lesión de la cabeza o la columna, un tumor, una punción lumbar o una inyección epidural y también a causas desconocidas. Muchas veces se corrigen solas; otras veces es necesaria la cirugía, como en este caso. La operación se hizo por la nariz, gracias a cámaras e instrumentos de ángulos especialmente diseñados para otorrinolaringología.

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