
"¿Dónde puedo comer la mejor hamburguesa de Nueva York?". Esa es una de las preguntas que uno podría hacer cuando llega a esa gran ciudad. La respuesta, si quien se tiene delante es un conocedor de la gastrononía, será inmediata: "The Spotted Pig, en West Village". Y allí se degustará una variedad única de emparedados. Se reserva y a degustar.
Pero no todo son pedidos y rostros felices en sus mesas pequeñas y abarrotadas. Sus camareros -o algunos de ellos- guardan secretos, murmuran entre ellos sobre su jefe, el famoso Ken Friedman, 56 años, quien quedó envuelto en una profunda investigación del diario The New York Times, que reunió a diez mujeres que dieron fe de cómo las acosaba sexualmente. El artículo escandalizó a la industria gastronómica neoyorquina y norteamericana.
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Todo ocurría en el tercer nivel de The Spotted Pig. En el lugar reservado para los exclusivos after hour, sólo para unos pocos. En esa amplia habitación sucedía de todo. Era un amplio lugar para el sexo público. Era conocida como "la sala de violación" por los trabajadores y quienes conocían de cerca la industria. Pero pocos se animaban a hablar sobre ello. Las camareras eran sometidas a todo tipo de humillación y hostigamiento sexual.
A Friedman se lo acusó de cometer diferentes delitos de carácter sexual. Desde tocamientos en zonas íntimas, besos no requeridos, demanda de fotos desnudas de las meseras… los amigos VIP del restaurateur neoyorquino también eran partícipes de este tipo de conductas inapropiadas.
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Trish Nelson, 40 años, una de las mujeres que sufrió la inapropiada conducta sexual de Friedman, contó que una vez, estando arrodillada detrás de la barra buscando copas, su jefe se acercó, la tomó de la nuca y la aproximó a su entrepierna. "Mientras estás allí…", fueron sus palabras. "Fue horrible", reconoció la víctima. Pero no fue la única vez.
Años antes, el hombre la había invitado a fumar marihuana en su automóvil. Era tanto el poder que ejercía sobre su empleada que no pudo decir que no. Una vez dentro, él se inclinó de manera abrupta para ella y le metió la lengua en su boca.
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Otra de sus presas, la ex directora de sommeliers Carla Rza Betts (39 años), dijo que una vez Friedman la besó súbitamente y que quiso pegarle, pero que sabía que no podía golpear a su jefe. Entonces sólo se lo quitó de encima. Renunció, pero entonces comenzaron a llegarle mensajes de texto de su ex patrón. "Buenas noches, hermosa. Envíame una foto sexy", fue uno de los chats. Ella se negó. "Vamos. Una foto sexy", insistió el exitoso empresario gastronómico. "Sólo una. De tu cuerpo". Estaba obsesionado.
Cercado por las pruebas en su contra, Friedman debió emitir un comunicado en el cual anunciaba que se retiraba por un tiempo del negocio y que se disculpaba por su conducta, aunque no todo había sido como se describía en el artículo del diario norteamericano. "Soy dueño de mi comportamiento, que puede describirse con precisión como abrasivo, grosero y francamente incorrecto. Las mujeres que trabajan en nuestros restaurantes se encuentran entre las mejores en el negocio, y poner a cualquiera de ellas en situaciones humillantes es injustificable. Algunos incidentes no fueron como se describen, pero el contexto y el contenido no son la discusión de hoy. Me disculpo ahora públicamente por mis acciones".
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Pero no sólo Friedman fue blanco de las críticas. Su socia, la reconocida chef April Bloomfield, fue cuestionada por no haber hecho nada para impedir lo que ocurría en el afamado restaurant. La mujer negó que conociera las denuncias y que hubiera encubierto a su compañero de éxito. "En los dos casos que involucraban enfoques no convenientes y que me llamaron la atención a lo largo de los años, inmediatamente remití ambos a nuestro asesor laboral externo, y fueron abordados internamente. He hablado con Ken sobre los límites profesionales y he confiado en él para mantener nuestras políticas. Sin embargo, siento que hemos decepcionado a nuestros empleados y por eso me disculpo sinceramente", fue el comunicado de Bloomfield.

The Spotted Pig es uno de los puntos gastronómicos obligados cuando se visita Nueva York. Está situado en la esquina de West 11th Street y fue inaugurado en 2004 con la inversión de Kay-Z, Michael Stipe y el chef Mario Batali.
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En el tercer nivel, "en la sala de violación", al menos 25 empleados sufrieron acoso sexual por parte de los comensales VIP de Friedman, que se acercaban al exclusivo after hour para tener sexo desenfrenado a la vista de los demás. Todo tipo de celebridades pasaron por ese lugar, aunque no se tiene registro de qué hicieron o si participaron de fiestas extremas. Beyoncé, Gwyneth Paltrow, Chris Martin, Kim Kardashian, Charlie Rose… todos frecuentaban alguna vez ese tercer piso, aunque con reservas privadas.
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