Peter Thiel era conocido como multimillonario, primer inversor externo de Facebook y miembro de su directorio, co-fundador de PayPal, presidente de Clarium Capital (un fondo de inversión que maneja más de USD 2.000 millones), socio administrador de otro, The Founders Fund, y de la poderosa incubadora de start-ups Y Combinator. Pero en 2016 se popularizó como el archivillano de Silicon Valley, al convertirse en el único empresario tecnológico que apoyó al candidato Donald Trump, con palabras y con dinero.

Ahora administra las relaciones del presidente de los Estados Unidos con aquellas compañías que lo criticaron durante la campaña —Amazon, entre ellas—, en su papel de miembro del equipo de transición y asesor sin cargo en la Casa Blanca. Y explicó a The New York Times, por qué siempre supo que tenía razón aunque nadie entendía su lógica.

"Sus críticos exigían saber cómo alguien que inmigró de Frankfurt a Cleveland en la infancia podría apoyar una campaña tan llena de intolerancia", escribió la periodista Maureen Dowd. "¿Cómo podía un hombre gay apoyar a alguien que probablemente nombrará en la Corte Suprema a jueces proclives a limitar los derechos para los homosexuales y las mujeres? ¿Cómo podía un futurista apoyar a un cavernícola que promueve los combustibles fósiles, pone la ganancia por delante de la protección ambiental e insiste en que puede retrotraer los efectos de la globalización sobre los trabajadores estadounidenses?".

Thiel le señaló que por primera vez en la historia de los Estados Unidos las expectativas de las generaciones jóvenes se han reducido. "Inclusive si hay apectos de Trump que son retro y que parecen remitir al pasado, pienso que mucha gente quiere volver a un pasado que era futurista: Los Supersónicos, Viaje a las estrellas. Están fechadas pero son futuristas".

Inclusive si hay apectos de Trump que son retro y que parecen remitir al pasado, pienso que mucha gente quiere volver a un pasado que era futurista: Los Supersónicos, Viaje a las estrellas

Un provocador profesional

El ejemplo pareció extraño: este hombre de 49 años, controversial como pocos en un medio de opiniones más suaves, siempre prefirió La guerra de las galaxias sobre Viaje a las estrellas: "Soy capitalista. La guerra de las galaxias es capitalista. Viaje a las estrellas es un programa comunista. En Viaje a las estrellas no hay dinero porque está la máquina transportadora que puede hacer cualquier cosa que uno necesite. El argumento entero de La guerra de las galaxias comienza con Han Solo que tiene esta deuda, así que la trama de La guerra de las galaxias se mueve por el dinero", le dijo a Dowd en otra nota.

No importa cuál sea la forma del futuro, a Thiel le importa el futuro. Quiere ser criogenizado, le interesan las investigaciones para prolongar la vida como la parabiosis. Y para proyectarse hacia ese futuro que quiere vivir apoyó al hombre que muchos otros consideraban un factor en contra. "Las elecciones tuvieron un tono apocalíptico", dijo. "Trump era divertido, así que se podía ser apocalíptico y divertido al mismo tiempo. Una combinación extraña, pero de algún modo muy poderosa psicológicamente".

Peter Thiel fue el apoyo inicialmente solitario del mundo tecnológico que recibió Donald Trump (Reuters/Shannon Stapleton)
Peter Thiel fue el apoyo inicialmente solitario del mundo tecnológico que recibió Donald Trump (Reuters/Shannon Stapleton)

La contradicción es el pan de cada día de Thiel. Le gusta dar vuelta los asuntos para poner a prueba el sentido común, una técnica que denominó "escepticismo pírrico". Le explicó a Dowd: "Quizá tengo siempre este programa que corre en el fondo de mi mente, que trata de pensar: 'Bien, ¿qué es lo opuesto de lo que estás diciendo?' Y entonces lo intento. Funciona con una frecuencia sorprendente". También deja marcas sorprendentes en el discurso del asesor presidencial: "En un punto, que no haya corrupción puede ser algo malo. Puede significar que las cosas son muy aburridas", dijo, en referencia al mandato de Barack Obama.

En la misma línea de provocador profesional dijo que su temor principal sobre la gestión de Trump es el opuesto al de los que creen que puede hacer cualquier cosa: "Bueno, acaso cambie las cosas demiasiado poco. Ese riesgo me resulta mucho más plausible".

Trump: amigo a primera vista

Según la autora del artículo, en su libro "Zero to One, Notes on Start-Ups or How to Build The Future" (Crear de cero: apuntes sobre start-ups, o cómo construir el futuro) Thiel expone tres claves de su filosofía que explicarían por qué este hombre, que ahora piensa en postularse a gobernador de California en 2018, apoyó a alguien que confía más en el correo físico que en el electrónico: "1) Es mejor arriesgar atrevimiento que trivialidad; 2) Un plan malo es mejor que ningún plan; 3) Las ventas importan exactamente lo mismo que el producto".

El emprendedor e inversor opinó que llegó de casualidad a su actual interés por la política. "Uno de mis amigos me llamó y me preguntó si quería ser delegado a la Convención Republicana. Y le dije: 'La verdad, creo que me gustaría. Creo que sería divertido ir'. Y a dos semanas me preguntaron si quería hablar". El publico que se reunió para elegir al candidato en la ciudad donde se crió Thiel, "le dio una gran recepción cuando apareció como sólo el tercer orador abiertamente gay en una Convención Republicana", destacó The New York Times.

Y ahí, en Cleveland, habló por primera vez con Trump. "Estuviste tremendo. Somos amigos de por vida", le dijo el magnate inmobiliario que todavía se veía como una figura improbable para la Casa Blanca. El cariño parece haber surgido como algo sincero: en un encuentro reciente con ejecutivos del mundo tecnológico en Trump Tower, que Thiel organizó, el todavía presidente electo le acarició la mano tan afectuosamente que lo distrajo: "Pensé que ojalá el gesto no se viera muy raro en televisión", dijo.

Trump le dijo a Thiel cuando lo conoció: “Amigos de por vida”. Le retuvo la mano con cariño durante la cumbre con tecnogurúes (Getty)
Trump le dijo a Thiel cuando lo conoció: “Amigos de por vida”. Le retuvo la mano con cariño durante la cumbre con tecnogurúes (Getty)

El cariño del emprendedor no alcanzó para que fuera a alguno de los actos de campaña del candidato republicano, o siquiera para que viera la transmisión de uno entero. "Diría que eran muy repetitivos", comentó. Pero lo defendió cuando Dowd le preguntó si no se tomó la transición un poco a la ligera. "¿No anduvo dando vueltas mientras tenía el pelo en llamas?", ironizó ella. "El pelo luce bien", duplicó él la ironía. "Trump se ve bien".

Los pronósticos catastróficos sobre el gobierno de Trump no conmueven en lo más mínimo a Thiel. "Siempre tengo expectativas muy bajas, así que rara vez me desilusiono".

Con los titanes tecnológicos anti-Trump

"Creo que al comienzo a todos les preocupaba ser la única persona en exponerse. Y al final, a todos les preocupaba ser la única persona en no exponerse", dijo sobre los titanes tecnológicos que logró llevar a la reunión con Trump, como Jeff Bezos y Elon Musk. "Normalmente si uno preside una gran empresa tiende a ser apolítico o políticamente blando. Pero este año [por 2016] se dio esta competencia por ver quién podía ser más anti-Trump", dijo.

Por su apoyo al actual presidente —que incluyó un aporte de USD 1,25 millones— se lo consideró un paria en Silicon Valley. "No le di dinero durante mucho tiempo porque no pensé que fuera importante", comentó casi casualmente. "Pero después la campaña me lo pidió". La revista New York lo llamó "villano nacional", y él se sorprendió. ¿Por qué tanta controversia? "Hubo un intento de sacarme del directorio de Facebook, lo cual es medio loco, dado que soy el director más antiguo luego de [Mark] Zuckerberg".

Peter Thiel habló en la Convención Republicana en Cleveland.
Peter Thiel habló en la Convención Republicana en Cleveland.

Thiel eludió la pregunta sobre si Jack Dorsey, el director ejecutivo de Twitter, no fue invitado a la reunión en Trump Tower porque el presidente estaba enojado porque durante la campaña la red social no le permitió crear un emoji de "Crooked Hillary" ("Hillary, la deshonesta") para atacar a su competidora demócrata, Hillary Clinton. "Hubo alguna gente molesta con eso", reconoció a medias. Pero los invitados ganaron su silla por la capitalización bursátil de sus compañías, dijo. Regresó indirectamente a Dorsey: "Creo que lo loco del asunto es que en un lugar como Twitter todos trabajaron para Trump en el año [2016] aunque creían que trabajaban para [Bernie] Sanders".

Creo que lo loco del asunto es que en un lugar como Twitter todos trabajaron para Trump en 2016 aunque creían que trabajaban para Sanders

Un odio en común: la prensa

No, no va a ayudar a crear un registro de los empleados musulmanes de sus compañías.

No, no cree que el nuevo gobierno quite derechos obtenidos a la comunidad LGBTQ; "pero obviamente me preocuparía si pensara lo contrario".

No, no le preocupan las señales de simpatía mutua entre Vladimir Putin y Trump: "¿Debería Rusia aliarse con Occidente o con China?".

No, no le parece razonable que un tuit intempestivo de Trump desate una guerra con Corea del Norte: "Una guerra en Twitter no es una guerra real".

Tampoco encuentra atendibles las inquietudes sobre conflictos de interés, tanto del presidente como de sus hijos y asesores (entre ellos, él mismo): "En muchos casos, es una indicación de que alguien entiende algo mucho mejor que si no hubiera conflicto de interés".

En cambio, tiene una perspectiva menos libertaria de la relación entre el poder y la prensa.

Thiel financió en secreto —no le faltaron fondos: según Forbes, tiene activos por USD 2.700 millones— la demanda de Terry Bollea, más conocido como la figura de la lucha libre Hulk Hogan, contra Gawker, un portal de chismes que publicó un fragmento de un video en el que se veía a Bollea en una situación sexual con la esposa de un amigo. Gawker también contenía otros blogs, como Valleywag, donde habían publicado el titular "Peter Thiel Is Totally Gay, People" ("Peter Thiel es totalmente gay, gente").

Thiel financió el juicio que llevó al sitio a la quiebra por violar la intimidad de la estrella de lucha libre Hulk Hogan.
Thiel financió el juicio que llevó al sitio a la quiebra por violar la intimidad de la estrella de lucha libre Hulk Hogan.

Los tribunales fallaron a favor de Bollea y obligaron a Gawker a pagar USD 140 millones, lo cual llevó al sitio a la quiebra. Su fundador, Nick Denton, quien también es gay, habló con Vanity Fair sobre Thiel: "Es interesante, y aterrador", lo describió.

"Creo que es un insulto a los periodistas sugerir que eso es periodismo", de dijo a The New York Times sobre la publicación de imágenes íntimas de personas. "La transparencia es buena, pero en algún punto se puede ir en una dirección muy tóxica".

Para él hay cierta resonancia entre el triunfo de Bollea sobre Gawker y el de Trump "sobre el establishment de este país", como definió. Un loco, se vio en ese momento, desafiaba la libertad de prensa y el poder de los medios —dijo en síntesis superficial Thiel— "pero no se rindió". Y del mismo modo, "la gente pensó que todo el asunto de Trump era falso, que no iba a llegar a nada, que era la cosa más ridícula que se podía imaginar, y de pronto, ganó", dijo. "Como Hogan".

¿El motivo? "Porque era honesto", arriesgó. "Realmente quería ganar".

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