Juan Sebastián Cabal y Robert Farah, jugando en dobles en Melbourne, Australia (Michael Dodge/ Getty Images)
Juan Sebastián Cabal y Robert Farah, jugando en dobles en Melbourne, Australia (Michael Dodge/ Getty Images)

Ser colombiano y viajar por el mundo no es exactamente sencillo, el pasaporte aún carga con ciertos estigmas. Colombia es para muchos el país de García Márquez, para otros, el de Shakira, Juanes o Maluma; para otros tantos, el del Pibe Valderrama o el de James Rodríguez. Y el país de Pablo Escobar, claro, ese país retratado por la serie de Netflix Narcos, que, según dos de los deportistas más importantes de Colombia, no cuenta la realidad y está creando situaciones peligrosas entre las generaciones que no vivieron aquellos años.

"¡Hay gente que cree que Pablo Escobar era bueno!", resalta con ojos bien abiertos y llenos de asombro Robert Farah.

Número diez del ranking mundial de dobles, Farah forma pareja en la cancha con Juan Sebastián Cabal, décimo también de la clasificación. A sus 32 años, ambos están pasando un gran momento deportivo y tienen en la mira conquistar su primer título de Grand Slam juntos, tras haber sido finalistas en el Abierto de Australia de 2018. Pero en la relajada charla con Infobae -no podía ser de otra manera, ambos hablaron recostados en sendos sillones masajeadores durante el reciente torneo de Río de Janeiro- el tenis estuvo lejos de ser el único tema. No, Farah y Cabal son multidimensionales, y por eso, hablan sobre todo con un nivel de conocimiento y profundidad que no muchos de sus colegas ofrecen.

Antes de sumergirse de lleno en la entrevista, Cabal se queja del juez de silla de su último partido: "Están aplicando de forma inconsistente la regla del límite de tiempo entre punto y punto. Si vas a aplicar la regla, es para todos. Como la NBA, que si no tiras a los 24 segundos, ya está. Pero no hagan excepciones, porque, entonces, no hay regla".

—No hay ningún colombiano entre los 200 mejores del mundo en individuales. Ustedes dos encarnan hoy, claramente, el tenis de su país. ¿Falta un título de Grand Slam para coronar a una dupla exitosa?
Cabal: Seguimos dando saltos grandes, la meta está ahí. Está cerca, solo tenemos que seguir trabajando con esta misma mentalidad y hambre de trabajar diaria. Haremos todo lo que está a nuestra alcance para que se dé. Hemos llegado a finales, semifinales de Grand Slam y perdido partidos bastante intensos. Nos quedan muchos años.

—Colombia es un país muy futbolero, ¿qué espacio les queda a ustedes, como tenistas y doblistas, incluso cuando logran grandes éxitos?
Farah: Claramente no se puede comparar con el fútbol, pero ha ido aumentando (el espacio) a través de nuestros triunfos, lo que hicieron (Santiago) Giraldo y (Alejandro) Falla en su momento. Estuvimos en Australia y la gente estuvo muy pendiente de nuestro torneo. Y, además, ESPN en los Grand Slam, nos muestra bastante.
Cabal: Y está el streaming, hay bastantes posibilidades de seguir ahora lo que hacemos. Cada vez nos siguen más. Y en las redes se siente mucho, te preguntan por el partido, cómo te pueden ver… Y siempre, siempre, que estamos jugando hay un colombiano en la gradería, eso demuestra el cambio.

—¿El individual está olvidado para siempre?
Ambos: Ya está aparcado, el dobles es nuestro trabajo, la mentalidad ha cambiado.

Juan Sebastián Cabal y Robert Farah, el punto fuerte de Colombia en dobles: “Pasamos todo el día juntos, nos conocemos de memoria”, dicen cuando se les pregunta por la convivencia (AFP)
Juan Sebastián Cabal y Robert Farah, el punto fuerte de Colombia en dobles: “Pasamos todo el día juntos, nos conocemos de memoria”, dicen cuando se les pregunta por la convivencia (AFP)

—Robert, naciste en Montreal, estudiaste economía en California, y tu familia es libanesa. ¿Cuán colombiano eres?
Farah: Mi familia es libanesa, sí. No hablo árabe, pero sí, francés. Me crié en Colombia con una familia extranjera, por decirlo así, pero mi familia colombiana fue Colsanitas. Con 12 o 13 años ya hacíamos concentraciones de tres meses, tuve una gran influencia de la cultura colombiana en mí. Soy bicultural, pero soy más colombiano, me siento más colombiano.

—Tampoco es que haya tenistas del Líbano, ni muchos del mundo árabe…
Farah: Está (el tunecino) Malek (Jaziri), nada más.
Cabal: Yo soy de Cali, no hay mucho misterio en mi pasado (ríe).

—Viajan mucho, están buena parte del año recorriendo el mundo. ¿Qué perspectiva tienen al ver el país desde afuera?
Farah: Yo amo Colombia, quiero vivir ahí ahora y cuando me retire. Es un país espectacular, con gente espectacular. Es cierto que te impacta a veces la falta del civismo cuando comparas con, por ejemplo, Australia. Cosas como que los carros no se detengan cuando la gente va a cruzar la calle, cosas de ese tipo, que cuando vuelves de un viaje te impactan. Si no hay carros, cruzas la calle; si hay carros, no. Es peligroso. Pero esa cultura también le da un folclore al país. Hay países que tienen reglas y un civismo tan fuerte que hace que la gente también se cohíba un poco. Es muy sutil, una línea delgada. El colombiano sabe que se puede salir con la suya en muchas situaciones de la vida común. Y eso le da algo de sabor, folclore, alegría a la gente, que se sienta un poco más libre. A mí me gusta eso. Viví tres años en Florida, donde todo tiene que ser de una manera. Y, al final, terminas aburriéndote.
Cabal: Es la parte cultural, con muchos problemas, con muchas cosas en las que en la comparación con otros países, nos falta mucho y estamos lejos. Pero disfrutamos mucho cada instante, hay alegría, hay un sabor. Se es servicial, no importa quién llegue; se vive, se disfruta el momento, no se da todo por garantizado
Farah: Tiene sus contras, pero mucho a favor.

—Muchos creen que en Colombia se habla el mejor castellano…
Cabal: De Sudamérica, podría ser…
Farah: Sí, porque los españoles seguro que no (risas). Quizás Argentina, Perú. Y Chile, no (risas).

—Colombia es hoy, para una parte importante de la población mundial, Shakira, Juanes o Maluma, como antes se la relacionaba con Gabriel García Márquez.
Farah: Creo que los futbolistas también marcan. Falcao, James… Sí, también Quintero.
Cabal: En el mundo en que vivimos pesa mucho el deporte, pero imagino que mucha gente conocerá a García Márquez, un premio Nobel. Lo importante es que nos identifiquen con eso, el buen deporte, la buena literatura, los buenos cantantes.

—¿A qué se refieren con "lo importante"?
Cabal: A que todo eso es positivo, no como como lo de (el comercial de Netflix sobre) la Blanca Navidad. Porque la gente se ríe, se lo toma en burla, pero nunca vivió aquella época. No saben cuántas familias perdieron los seres queridos, cuánto mal le hizo al país. Lo que destruyó. Y lo que muestra la televisión no es ni la mitad de lo que es la realidad. A Pablo Escobar lo quería su gente. Claro, la gente a la que le daba armas para matar y robar.
Farah: Tú ves una película y sabes claramente quién es el bueno y quién es el malo. Siempre. En cambio, en esta serie lo pintan como que hace sus maldades pero que tiene también un lado bueno. Uno no le coge rabia.

—Se ve a Escobar como alguien querible…
Cabal: Eso, parece querible. Y la verdad es que la gente común no podía salir a las calles por las guerras que había entre los carteles. La gente no sabe cuánta gente moría, las bombas, que no salías a las calles porque no sabías qué podía pasar. Eso creó un círculo vicioso. Y a mí me impactó mucho la noticia de estas semanas, la historia de un niño de 13 años que protestó y reclamó que no derribaran el edificio Mónaco, símbolo del poder de Pablo Escobar. Dijo que Escobar era una buena persona y que los asesinados se lo merecían… Conoció a Escobar por la serie Narcos. ¿Cómo es posible? Es un ejemplo de algo que nos crea más mal de lo que posiblemente nos haya hecho bien. Sales al exterior y la gente dice: "¡Oh, Pablo Escobar!". Se lo toman muy en broma, sin saber el background que hay tras eso. Y a nosotros no nos divierte para nada.
Farah: ¡La gente cree que Pablo Escobar era bueno!
Cabal: La gente no dimensiona lo que la población llegó a sufrir.
Farah: Y lo que se sigue sufriendo.
Cabal: Muchas generaciones siguen sufriendo por los seres queridos perdidos.

—¿Y en Colombia? ¿Qué efecto generó la serie? ¿Cómo se la entiende?
Farah: Claro, tú la miras y te entretiene. Y alguien que no es colombiano, o no vivió esa época, puede llegar a no sentir ningún rechazo hacia el personaje. Y la gente tiene memoria muy corta, quizás en un tiempo en Argentina idolatren a los Kirchner.
Cabal: La gente tiene muy mala memoria, muy mala memoria… Pasan rápido la historia.

—¿Son especiales los doblistas? Porque no es habitual lograr en el tenis conversaciones con este nivel de profundidad…
Farah: Depende de con quién hables…
Cabal: Hablas con Federer y te puede hablar de cualquier cosa que suceda en el mundo.
Farah: Los singlistas están quizás más estresados, tienen más presión.
Cabal: Hay jugadores que son tenis, tenis y solo tenis. No viven otra experiencia. Por eso, depende de cada quién.

—¿Ustedes no se pelean nunca?
Farah: Pasamos todo el día juntos, nos conocemos de memoria.

—Pero ¿no hay un día en el que no quieran ni verse?
Cabal: Todos los días, jajaja. No, es una rutina.
Farah: Somos muy cercanos, pasamos vacaciones juntos. Y eso no es muy común, porque este es un deporte muy individual. Somos muy hermanos, muy unidos fuera de la cancha.

—¿Les gusta el plan, cada vez más firme, de que la gira sudamericana de tenis deje la arcilla y pase a jugarse en cemento?
Cabal: No, no no… ¡Si no hay solo tres meses de clay!
Farah: Hagan eso y se pierde la arcilla. Hay que darle también la oportunidad a los jugadores que no nacieron jugando en dura. Si es por cambiar, se podría si no cambiar más torneos a pasto, ¿por qué no? O volver a tener un torneo en Bogotá, aunque sea cierto que el tema de la altura complica a algunos jugadores.

—¿Cuál es la meta en 2019?
Farah: Mi meta sería poder jugar todo el año. Ganar torneos, claro, pero la salud es muy importante para mí. Hay lesiones con las que se te va el año. La respuesta que buscas es obvia: queremos ganar un Grand Slam, pero para eso tenemos que estar bien físicamente.
Cabal: ¡Y, ya que quieres, queremos también ganar la Copa Davis! (risas). Roland Garros es un objetivo, pero no podemos descartar el US Open, donde hemos hecho semifinal el año pasado. Y en pasto hemos evolucionado, por qué no… Wimbledon es un torneo soñado. Tírame el que quieras, que lo recibo con gusto.