
Este lunes se cumplen 15 años del debut de Cristiano Ronaldo. En ese entonces, con el número 28 en la espalda, el joven futbolista estaba ansioso por ingresar al Estadio José Alvalade, enfrentar al Inter de Milán, y demostrar de qué estaba hecho.
Con el correr del tiempo, ese pequeño y delgado jugador de 17 años se convirtió en la figura de su país y de su equipo. Para conocer más sobre sus inicios, Infobae contactó a Pablo Contreras, el ex defensor chileno con el que coincidió en el Sporting de Lisboa durante su primera temporada como profesional.
En febrero cumplió 17 años, y seis meses más tarde iba a debutar oficialmente en el equipo que lo vio crecer. Fue un 14 de agosto del 2002, cuando el Sporting de Lisboa se enfrentó al Inter de Milán, en el partido de ida preclasificatorio a la Champions League.
Habían pasado 58 minutos de aquel encuentro que no pasaba del 0-0 y allí estaba él, sobre la línea, pero del lado de afuera. La camiseta, una o dos tallas mas grande, hacían de su cuerpo una figura muy delgada. Con la número 28 en la espalda, ya estaba listo para entrar. László Bölöni, entrenador del equipo en ese momento, fue el primero que le abrió las puertas al verde césped tras reemplazarlo por el español Toñito.

A pesar del resultado, el cual terminó en empate a cero, en media hora de juego el luso llegó a demostrar que era un jugador diferente, que estaba llamado a ser la estrella del equipo. El 27 de agosto se jugó el segundo partido, en Milán, pero el joven prodigio no estuvo ni en la convocatoria. Allí cayeron por 2-0 y no pudieron clasificar a la Copa europea 2002-2003. "Se lo tomó bien (el no haber sido convocado), ya que Bölöni lo trabajó bastante bien", recuerda Pablo Contreras, teniendo en cuenta que aun era un niño.
Con 23 años, el defensor chileno arribó al conjunto portugués y coincidió con la primera temporada de la mayor estrella de la cantera: "Cuando llegué, él ya había ascendido junto a Ricardo Quaresma", detalló.
¿Cómo era Cristiano Ronaldo, 15 años atrás?
Era un chico tranquilo, trabajábamos con el mismo representante. Los lunes compartíamos bastante, incluso íbamos a cenar siempre. Fue muy agradable trabajar con él durante todo un año. Tenía que pasarlo a buscar, porque aun no podía manejar. Era un tipo sorprendente porque tenía claro su objetivo: Ir mejorando con la idea de ser el mejor del mundo.
¿En qué notó que era un jugador diferente?
Era indudable que me diera cuenta de su calidad como jugador. Nosotros veíamos que llegaba antes a entrenar, después trabajaba mucho su cuerpo, intentaba inventar cosas nuevas para marcar la diferencia.
¿Cómo era su personalidad?
Yo era uno de los que tenía mayor relación con él. Es cierto que era extrovertido, producto de que había muchas figuras en el equipo. Se desenvolvía bastante bien. Fue tanta la confianza que generamos que en un momento me manifestó que había tres posibilidades de emigrar del Sporting: El Real Madrid, el Manchester y el Milan. Yo le comenté en su momento que por sus características era mucho mejor como delantero que como extremo y le di mi opinión. El tenía que ir a jugar al Madrid.

Y la temporada siguiente se inclinó por el Manchester United…
Si, igual el tiempo me dio la razón. Tuvo un gran paso por el Manchester, donde fue puliendo sus habilidades, pero terminó de una forma increíble en el Real Madrid.
¿Por qué cree que eligió el United en vez de las otras dos propuestas?
Cristiano siempre ha sido un amante del fútbol inglés. En ese momento era un gran paso ir al United, el cual estaba catalogado como uno de los mejores equipos del mundo, junto al Real y el Barcelona. Pero hubo un partido amistoso que jugamos contra ellos (el seis de agosto del 2003) en el que inaugurábamos el Estadio y muchos de los jugadores que estaban en el Manchester le dijeron al entrenador que era el jugador ideal para contratar.
¿Como lo vio en su primer año como jugador profesional?
Yo lo he visto cada vez mejor, fue en crecimiento. Creo que ha tenido una gran temporada. En ciertos partidos se acercaba y me preguntaba si estaba jugando bien, o me decía "Pablo quiero mejorar" y lo que yo le proponía era que entregue la pelota un poco antes y no hacer tanto dribbling. A medida que fue pasando el tiempo lo pudo ir corrigiendo.

¿Qué hay de cierto en el apodo "Bebe llorón" con el que era conocido en el equipo infantil CF Andorinha de Madeira? ¿Era realmente así cuándo no recibía el balón?
Lo que tengo entendido, por un técnico chileno que tuvimos en común, fue que él siempre se frustraba cuando no conseguía tener la pelota. Pero con nosotros fue madurando mucho más, se le dio más espacio y se lo respetó mucho. Todos sabíamos que era un jugador que, con las cualidades que tenía, iba a marcar la diferencia.
¿Qué fue lo que más le sorprendió de él en el año que compartieron?
Su mentalidad súper ganadora. Un tipo que siempre quería competir, ya sea hasta para jugar a las cartas, era una persona que intentaba ganar en lo que fuera. Un chico de 17 años, con esa mentalidad, era sorprendente.

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