
Hasta aquel entonces, Oscar Pistorius era un ejemplo de vida. El sudafricano de 26 años se había convertido en el primer atleta paralímpico en participar en un Juego Olímpico (Londres 2012) y se había ganado el mote del deportista sin piernas más rápido del mundo. Sin embargo, el 14 de febrero de 2013, el velocista dejó de ser un héroe.
Todo sucedió en un lapso de 2 minutos en su lujosa mansión de Silver Woods Estate, uno de los barrios residenciales más exclusivos de Pretoria. Allí convivía con su novia, la modelo de 29 años Reeva Steenkamp, quien pronto se convertiría en su víctima.

Entre las 3:12 y las 3:14 de la madrugada, Pistorius disparó en cuatro oportunidades contra el cuerpo de su pareja, quien se encontraba encerrada en el baño. Desde el primer momento, el atleta sostuvo que se trató de una confusión, ya que él creyó que quien se estaba tras la puerta era un ladrón.
Sin embargo, según se determinó en el extenso juicio que tuvo su sentencia final en julio 2016, y gracias al aporte de los vecinos, se conoció que la pareja había tenido una fuerte discusión y que los gritos de Steenkamp se oyeron antes de los disparos.

En estado de shock, Pistorius salió a la terraza y pidió ayuda, pero al no obtener respuesta y luego de colocarse las prótesis, corrió hacia el baño e intentó derribar la puerta.
Cuando no lo logró, el sudafricano tomó un palo de cricket, con el que logró romper la madera, alcanzó el picaporte e ingresó al baño.

Allí estaba el cuerpo sin vida de su novia, aunque él creía que aún respiraba. Terminó acostado en el piso, con la cabeza sobre la tapa del inodoro y bañado por un charco de sangre proveniente de los huecos que tenía la modelo en el brazo, la cadera y la cabeza.
Luego de utilizar toallas para intentar detener las hemorragias, sin conseguir resultado, Pistorius hizo tres llamadas. Primero a su vecino y amigo Johan Stander: "Johan, por favor, por favor, ven a mi casa. He disparado a Reeva. Pensé que era un intruso. Por favor, por favor, por favor, ven enseguida", exclamó el velocista, según señala el libro Pistorius, la sombra de la verdad. Luego llamó a emergencias, pero le recomendaron que fuese él quien llevara el cuerpo. Finalmente, se comunicó con la seguridad del complejo.

Pistorius tomó el cuerpo sin vida de la modelo y lo bajó por las escaleras. En ese instante se topó con un guardia de seguridad, su jardinero (que vivía en la planta baja) y con su amigo Stander, quien llegó acompañado por su hija.
A la espera de la ambulancia, que Stander había pedido, el sudafricano entendió que cualquier intento por regresar a su novia a la vida era inútil. Él la había asesinado.

Tras esa noche comenzó un largo juicio que tuvo dos sentencias. El 21 de octubre de 2014, el Tribunal Superior de Justicia de Pretoria condenó a Pistorius a cinco años de prisión por un delito de homicidio.
En diciembre de 2015, el Tribunal Supremo de Apelación anuló la primera condena y encontró al deportista, quien ya contaba con prisión domiciliaria, culpable de asesinato. Finalmente, el 6 de julio de 2016 fue condenado a 6 años de cárcel, un castigo menor del esperado, ya que la jueza determinó que "las circunstancias atenuantes pesan más que los factores agravantes".
Actualmente, Pistorius cumple su sentencia en la correccional de Atteridgeville, que posee instalaciones para personas con discapacidad.
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