Roberto Fernandez Retamar (@clio1968)
Roberto Fernandez Retamar (@clio1968)

"La vida misma, incandescente". Así definió alguna vez Roberto Fernández Retamar a la poesía. Fue a fines de la década del sesenta en la revista Trilce. El sábado, este gran poeta murió en La Habana, donde vivía y escribía diariamente. Lo informó la Casa de las Américas, institución cultural que presidía desde 1986.

Tenía 89 años al morir. Dejó una extensa obra y opiniones dispares respecto de su rol como intelectual cubano. Es que no sólo fue un poeta, también un ensayista, un participante activo de la Revolución del 59 y un "intelectual oficialista" desde entonces.

Retamar —así: con su segundo apellido se lo conoce en Cuba— nació en La Habana el 9 de junio de 1930. Participó de la Revolución Cubana que derrocó a Fulgencio Batista en 1959. También fue diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y miembro del Consejo de Estado de la República de Cuba.

En el terreno literario, obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1989 y en 2008 fue distinguido con el premio internacional ALBA de las Letras. Integró la Academia Cubana de la Lengua y, por consiguiente, la Real Academia Española. Entre sus grandes obras se encuentran el ensayo de 1971 Calibán. y los poemarios  Felices los normales, ¿Y Fernández? o Con las mismas manos. Su primer libro de poemas vio la luz en 1950 y se tituló Elegía como un himno. El último, Historia antigua, se publicó en el año 2015.

Roberto Fernandez Retamar (@CasAmericas)
Roberto Fernandez Retamar (@CasAmericas)

En las redes sociales, muchos lo despidieron con tristeza. "Es muy duro —escribió Miguel Bonasso, periodista y ex diputado nacional—, para los que tuvimos el privilegio de su amistad, admitir que no volveremos a verlo, a escuchar su risa ronca, a reírnos -cómplices- con sus divertidas anécdotas, con su finísimo sentido del humor. Para quienes no lo conocieron queda la estampa intrigante de ese Quijote con gorra, bastón, guayabera y lentes, de gesto severo, desmentido por la mirada tierna".

Otro amigo suyo, el sociólogo Atilio Borón, lo despidió con una sentida columna. Aseguró que se trata de "una pérdida de verdad que irreparable, aunque esto parezca una frase trillada o un lugar común. Roberto deja un hueco en la cultura emancipatoria imposible de llenar". 

"Hay luto en la casa de la intelectualidad latinoamericana, en Cuba y en nuestra América", dijo el presidente de la isla, Miguel Díaz-Canel. "Querido Roberto, gracias por dejarnos obra, lucidez y compromiso", completó en Twitter el primer mandatario, quien asumió en este cargo hace poco más de un año, cuando Raúl Castro dio un paso al costado.

Definirlo no es una tarea fácil. Fue el gran poeta cubano, el poeta de la Revolución, pero también un escritor del castrismo, voz oficial del Estado, por lo cual cosechó duros cuestionamientos.

En su cuenta de Facebook, la escritora cubana Zoé Valdés aseguró que Retamar "fue de los firmantes de la Carta a favor del fusilamiento por parte del régimen castrista de tres jóvenes negros en Cuba en el año 2003". Es conocido ya el adjetivo que le puso Pablo Neruda, quien lo llamó "El Sargento", en alusión a su rol de comisario cultural en Cuba.

Por su parte, el presidente de Bolivia Evo Morales escribió en las redes sociales: "Nuestras luchas, nuestras revoluciones no son nada sin el apoyo de la cultura. Enviamos nuestras condolencias al pueblo cubano y familiares de Roberto Fernández Retamar. Nos quedan sus ideas que inspiran el rumbo de los pueblos libres que mantienen vivo su legado de resistencia".

Desde México, el escritor y director del Fondo de Cultura Económica Paco Ignacio Taibo II escribió: "La muerte de Roberto Fernández Retamar, gran poeta, gran compañero, defensor de lo mejor de la revolución cubana, es un golpe terrible. Mantenerlo vivo es seguirlo leyendo". 

Roberto Fernandez Retamar (@GambaoEl)
Roberto Fernandez Retamar (@GambaoEl)

"Leal militante de la Revolución Cubana, sin perder por eso el sentido crítico, la visión realista de los errores humanos, la capacidad de reacción ante las desviaciones burocráticas", lo definió Bonasso, y también como el "el lúcido y tierno poeta de las recatadas glorias hogareñas". 

 

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