El talento y el coraje de Oriana Fallaci vuelven en un libro obligatorio

La célebre periodista italiana se fogueó a los 14 años en la Resistencia contra Mussolini y sobrevivió en las guerras más sangrientas. Historia de una mujer que no le temió a nadie

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Oriana Fallaci
Oriana Fallaci

Ahora –es decir Saigón, junio de 1968, hace un casi exacto medio siglo–, en un rincón del hotel Continental, la sede obligada del centenar de periodistas, fotógrafos, camarógrafos que narran (narramos) la absurda guerra de Vietnam, una mujer flaca, menuda, pero con la cara marcada por una vida muy vivida, escribe su parte diario. No habla con nadie, ninguno de nosotros se acerca a ella… No es hostil, pero parece aislada por una burbuja invisible.

Buenos Aires, fin de agosto, 2018. Hoy. Llega a mis manos un libro: La vida es una batalla de cada día, de Oriana Fallaci (sí, aquella mujer del rincón), editado por El Ateneo. Y es casi un milagro, porque en sus 190 páginas late con fuerza todo lo que yo quise preguntarle en aquel largo y sangriento mes en el que se despedazaban las tropas norteamericanas y de vietnamitas del sur contra la fantasmal e invencible guerrilla vietcong.

Oriana Fallaci, testigo de la
Oriana Fallaci, testigo de la Guerra de Vietnam

Por ejemplo, su nacimiento en Florencia (29 de junio de 1929), sus días de niña –¡14 años!– luchando junto a los partisanos contra el grotesco y criminal dictador Benito Mussolini. Sí, cruzando el río Arno por donde podía –las bombas nazis habían destruido los puentes– para llevarles granadas y municiones a los hombres y mujeres de la Resistencia. Su nombre de guerra en aquellos días: Emilia…

“La vida es una batalla
“La vida es una batalla de cada día” (Editorial El Ateneo), de Oriana Fallaci

Sangre de familia: su padre, el albañil Edoardo, del grupo Justicia y Libertad, prisionero y torturado, le mostró el luminoso camino para siempre. El Bien y el Mal sin relativismos cobardes…

El periodismo le estaba destinado. Neera y Paola, sus hermanas menores, y su tío Bruno Fallaci, navegaban en esas aguas. Pero el peligro, las grandes entevistas y los laureles, tardaron…

Recién en 1951 publicó un artículo en L´Europeo, y hasta empezados los 60 no pudo escapar de la frivolidad, la intrascendencia. Una pluma brillante, pero encadenada a la frivolidad: ricos, famosos, vida mundana, amores, amoríos…

El destape llegó en Nueva York. Su nota El sexo inútil – Viaje en torno a la mujer –, denunciado la miserable condición de la mujer en Oriente. Un impacto. Un tiro en la frente. Su primera rebelión contra el terrorismo islámico: una cruzada que signó su vida. La cito: "El islam es por definición una religión totalitaria (…) Dice el historiador Ernst Nolte que si Occidente sigue en el camino de los últimos cien años, desaparecerá del mundo en otros cien. Como larvas en espera de la muerte, ansiosas de muerte, ustedes están arrodillándose frente al enemigo. Cubren la ruta de su avanzada con pétalos de rosa y aleluyas. ¿Quieren morir? ¡Mueran! Yo, ni estando muerta quiero morir. Y los combatiré siempre, hasta muerta, gracias a mis palabras escritas y a quienes las leen, a quienes las escuchan, tanto como los combato y seguiré combatiendo a ellos".

Célebre por sus entrevistas, encaró a los grandes mandamases del planeta sin rebajarse un segundo en nombre de la cortesía. Lo llamó "torturador" a Leopoldo Galtieri. Increpó al ayatolá Khomeini: le espetó "tirano" cara a cara, y se arrancó el chador que le exigieron como llave para el encuentro.

Fallaci y el ayatola Khomeini
Fallaci y el ayatola Khomeini

Cabalguemos ahora por sus definiciones como puñaladas:
– "En aquellos años (los del nazismo y el fascismo) aprendí a odiar las guerras… A comprender su condición absurda, su estupidez, su locura".
– "Todas las banderas, incluso las más nobles, las más puras, están manchadas de sangre y mierda".
– "Algo aprendí en este país (Vietnam), en esta ciudad, en esta guerra: a amar el milagro de haber nacido".
– "No preguntes quién ganó: no ganó nadie. No preguntes quién perdió: no perdió nadie. No preguntes para qué sirvió: no sirvió para nada" (Conclusión sobre Vietnam).
– "Algo sé de matanzas y exterminios. Lamentablemente. Sin embargo, en tiempos de paz nunca vi un exterminio tan infame, tan cínico, tan bien organizado como el de la plaza Tlatelolco. Nunca". (Se refiere a la matanza de estudiantes y obreros, el 2 de octubre de 1968, durante una manifestación en esa plaza mexicana. Oriana fue gravemente herida: dos balazos en la pierna izquierda y una en la espalda).
– "El héroe que lucha solo por la libertad y la verdad, sin rendirse nunca, por eso muere a manos de todos: de los patrones y de los siervos, de los violentos y los indiferentes". Su homenaje al único y gran amor de su vida: Alexandros Panagoulis, líder de la oposición griega contra la llamada Dictadura de los Coroneles.

Junto a Panagoulis, su gran
Junto a Panagoulis, su gran amor

Lo conoció en agosto de 1973, cuando él salió de la cárcel, y fue su pareja hasta el primero de mayo de 1976, día en que murió en un sospechoso accidente de carretera. Ella esperaba un hijo de él, pero lo perdió. Drama que le dictó e libro Carta a un niño que nunca nació. Un asombroso impacto editorial: casi cinco millones de ejemplares vendidos en todo el mundo…

(Un alto en el camino: mensaje de Fallaci a sus colegas, jóvenes o ya creciditos: "Lo importante de las entrevistas no son las preguntas sino las respuestas. Si una persona tiene talento, se le puede preguntar la cosa más trivial del mundo, y responderá de modo brillante. Pero si es mediocre, ante la pregunta más inteligente del mundo… ¡responderá de manera mediocre!").

Los días de la Resistencia, las guerras, las torturas, la muerte, todos los horrores que pasaron ante sus ojos y por su piel en más de medio siglo de periodismo, la blindaron. Y el resultado fue la irreverencia. No se inclinó ante reyes, presidentes, políticos de alto vuelo, millonarios… Por caso, en una carta fechada en Nueva York el 8 de enero de 1967, escribió: "Sí, almorzar con Juan Carlos y Sofía es lo peor. Conozco a esos dos idiotas. Los entrevisté en Atenas antes de su estúpido matrimonio, y están hechos del mismo molde que Franco. No sorprende que cuado muera el Asesino se conviertan en rey y reina de España. Juan Carlos vivió bajo su sombra, y Sofía es la hija de aquella reina de Grecia que estaba en la Juventud Hitleriana e hizo encarcelar a cincuenta mil ciudadanos socialistas".

En México, en 1968
En México, en 1968

Se definía como "Atea cristiana". Entre su primer libro –Los siete pecados de Hollywood– y el último –Un sombrero lleno de cerezas, la historia de su familia– pasaron veinte títulos y e igual número de millones vendidos.

La arrancó del mundo un cáncer de mama el 15 de septiembre de 2006. Tenía 77 años. Muy poco antes dijo: "Quiero morir en la torre de Mannelli, mirando el río Arno desde el Puente Vecchio. Era el cuartel general de los partisanos que gobernaba mi padre".

Pero no le fue concedida esa gracia. Muy grave, agonizante casi, fue internada en la clínica florentina de Santa Chiara. Su puerto final.

Oriana Fallaci en New York
Oriana Fallaci en New York

Algo (me) queda por decir. Pocos testigos de la última mitad del siglo XX han legado una vida y una obra tan rica, tan magníficamente escrita –rigor y belleza, belleza y rigor: el ideal del periodismo–, tan esclarecedora.

Y ahora, cuando cierro el libro, le creo profundamente: la vida es una batalla de cada día.

Como la de nuestros días en Saigón, en que estuvimos tan lejos y tan cerca en el hall de ese hotel castigado, algunas noches, por proyectiles, y en el que esperábamos que fueran alzadas las alambradas del toque de queda para salir al encuentro de la aventura.

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