Ejército gastó más de 2 mil millones en visores nocturnos que no sirven

La Contraloría General de la República investiga detrimento patrimonial en la institución por el polémico contrato.

Visores nocturnos Ejército (Colprensa - Álvaro Tavera)
Visores nocturnos Ejército (Colprensa - Álvaro Tavera)

El Ejército adquirió 52 visores nocturnos que en lugar de ser aquellos utilizados por las fuerzas especiales de Estados Unidos, resultaron, según la Contraloría, en aparatos para deportistas extremos y cazadores que no cumplen con los estándares militares.

Debido a esa situación, la Contraloría señaló que “no satisfacen ni van a satisfacer la necesidad para la cual fueron adquiridos: ser usados por las Unidades de Fuerzas Especiales del Ejército colombiano en operaciones militares”. Esto, debido a que según el ente de control, los elementos adquiridos son de tipo 3 y no tienen control por parte del gobierno norteamericano y son destinados a aficionados, más que profesionales militares.

En ese sentido, el gasto de 2.318 millones de pesos que costó el contrato para adquirir esos equipos de visión nocturna, se habrían convertido en un detrimento patrimonial para el Ejército Nacional.

Las explicaciones que habría dado el Ejército al respecto no convencieron a la Contraloría, la cual mantuvo su hallazgo financiero y solicitó que se compulsen copias a la Procuraduría General para que adelante las investigaciones disciplinarias de las personas que participaron en el contrato, según citó la W Radio.

El hallazgo surgió de la investigación de un contrato de la Agencia de Compras de la Fuerza Aérea que fue suscrito el 28 de octubre de 2017 y que costó 729.960 dólares. El cual establecía, además, un estudio previo precontractual para determinar el cumplimiento de los estándares militares.

Ese estudio, según el diario El Tiempo, determinó que los elementos adquiridos no cumplían con la norma y fueron rechazados y devueltos por garantía, pero en octubre de 2018 el Ejército los recibió nuevamente y en el acta consignó que cumplían con los requisitos, aunque no era así.

Por ese contrato hay un proceso penal que inició en noviembre de 2020 en contra de los militares que habrían participado en la contratación, así como también se indaga a la empresa que habría contratado la adquisición de los visores.

El director de la Central Administrativa y Contable Especializada en Aviación, Ariel Ponguta Ortiz, inició, en 2017, el proceso para adquirir 52 visores nocturnos para la brigada de las fuerzas especiales por un valor de $2.404 millones. El proceso generó sospechas porque expertos del comité técnico advirtieron que la empresa Aviacol Ltda no cumplía con los requisitos necesarios.

Es así como, a través de una carta del 13 de septiembre de 2017, se rindió un informe al coronel Hernán Felipe Álvarez Rojas, jefe del Centro Administrativo y Contable, CADCO, donde se le advirtió que dicha empresa tenía “nula experiencia en el tipo de visor nocturno con las especificaciones militares” que se deseaban adquirir, pues basa su producción en productos como binoculares, lupas, telescopios, gafas y luces de lectura.

Pese a las advertencias, según señaló Noticias Uno, el 26 de noviembre de 2017 el sargento primero Elvis Riaño Gómez y el cabo primero Hernán Rico Buitrago viajaron a Estados Unidos, supuestamente, para recibir una capacitación en la fábrica de tubos intensificadores de imagen, materiales que hacen parte de la composición de los visores nocturnos. Sin embargo, esta empresa, Harris Corporation, especializada en proveer servicios de tecnología de la información como antenas terrestres y espaciales y equipos inalámbricos, negó haber capacitado a los militares. La carta también asegura que se solicitó el informe del curso recibido, pero no se recibió ninguna respuesta.

El representante legal de la empresa, según señaló El Tiempo en 2020, fue capturado por la Fiscalía General de la Nación, al parecer a raíz de ese contrato, así como su socio. Además, la Contraloría ya la había cuestionado en julio de ese año por otros contratos con el Ejército.

Según el ente de Control, esa compañía logró varios contratos con las fuerzas armadas para suministro de equipos, pero se habría definido como radicada en Estados Unidos y fabricante, cuando solamente operaba en el país y servía de intermediario.

Al parecer, los 52 visores nocturnos eran la contratación inicial para un megacontrato con el fin de equipar a más de 15.000 miembros de la institución que hacen parte de las fuerzas especiales.

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