Aquello que pertenecía a las páginas de un libro, dos siglos después, la ciencia confirma que realmente una ballena sí puede hundir un barco.
El cachalote que embistió el ballenero Essex en 1820 no fue una anomalía: un estudio publicado en 2026 documentó por primera vez, mediante drones, que los cachalotes usan su enorme frente como arma, validando lo que el primer oficial del barco hundido había afirmado dos siglos atrás.
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La mañana del 20 de noviembre de 1820, Thomas Nickerson, un grumete de 15 años, observó desde cubierta cómo un cachalote se abalanzaba a toda velocidad contra el ballenero Essex. El impacto derribó a toda la tripulación. El animal se alejó unos 270 metros, giró y volvió a embestir, esta vez destruyendo completamente la proa.
El naufragio dejó a 20 hombres a la deriva a unos 2.000 kilómetros de tierra firme, en lo que se convirtió en uno de los episodios de supervivencia más cruentos de la historia marítima y la inspiración directa de Moby-Dick, la novela de Herman Melville publicada en 1851.
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Lo que durante décadas fue tratado como una rareza inexplicable, el primer oficial del Essex, Owen Chase, lo había descrito con precisión en su relato de 1821: la frente del cachalote era un arma deliberada. Sin embargo, la biología tardó 200 años en darle la razón.

Los cachalotes jóvenes se golpean la cabeza entre sí, y hay video que lo prueba
Un equipo de investigadores liderado por el ecofisiólogo Alec Burslem, de la Universidad de Hawái, filmó con drones a cachalotes embistiéndose mutuamente cerca de las Azores y las Islas Baleares, en el Atlántico oriental. Las imágenes, captadas entre 2020 y 2022, fueron publicadas en marzo de 2026 en la revista Marine Mammal Science y constituyen el primer registro sistemático del comportamiento.
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El estudio, resultado de una colaboración entre la Universidad de Hawái, la de las Azores y la Asociación Tursiops —una ONG con sede en las Baleares—, documentó tres casos en los que un cachalote se aproximó de frente a otro y lo golpeó con la cabeza, en una ocasión empujándolo varios metros. “Fue muy emocionante observar este comportamiento, que sabíamos que había sido hipotetizado por tanto tiempo, pero que nunca había sido documentado y descrito de forma sistemática”, dijo Burslem en un comunicado de la universidad.
Un hallazgo sorprendió a los investigadores: los animales que protagonizaron los embates no eran los grandes machos adultos que la hipótesis clásica señalaba como candidatos, sino ejemplares subadultos, es decir, cachalotes jóvenes. Eso abre nuevas preguntas sobre la función del comportamiento: si es una forma de competencia social entre machos que aún no se reproducen, o algo más parecido al juego brusco que se observa en las crías de otros mamíferos sociales.
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La cabeza del cachalote equivale a la embestida de un autobús a 65 km/h
La cabeza de un cachalote representa aproximadamente un tercio de la longitud total de su cuerpo y alberga el espermaceti, un órgano lleno de una sustancia aceitosa que fue el tesoro más buscado por los balleneros del siglo XIX, usada en lámparas, jabones y velas. Ya en 2002, el biólogo evolutivo retirado Dave Carrier había publicado un estudio que planteaba que ese órgano “evolucionó como un ariete para dañar a un oponente”, capaz de asestar un golpe fatal, de la misma manera en que lo hacen mamíferos terrestres como los ciervos o los carneros.
“Los cachalotes son mamíferos, estrechamente relacionados con animales como los ciervos y los carneros, donde los machos compiten golpeándose entre sí”, explicó Carrier a BBC Future. “Esto no fue originalmente nuestra hipótesis; fue de Owen Chase”, añadió y resaltó: “Un ballenero del siglo XIX argumentó que la frente era un arma, y nosotros nos propusimos probarlo”. Durante dos siglos, dijo, los biólogos habían descartado en gran medida el testimonio del primer oficial, pero “la intuición y la experiencia del ballenero probablemente eran correctas”.
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Burslem estimó que un cachalote adulto en plena embestida puede impactar con una fuerza de aproximadamente 1.200 kilonewtons, equivalente al choque de un autobús que circula a unos 65 kilómetros por hora (40 mph).

La ciencia tiene un punto de partida, pero aún falta mucho por entender
El naufragio del Essex no fue el único de su tipo. En 1851, un cachalote embistió y destrozó el ballenero Ann Alexander en el Pacífico Sur. En 1902, otro hundió el Kathleen frente a las Islas Galápagos. En los tres casos registrados de ataques a barcos nodriza, el atacante fue un cachalote.
A pesar del avance que representa el nuevo estudio, los investigadores subrayan que los tres eventos documentados en drone son un punto de partida, no una conclusión. No existe aún suficiente información para determinar con certeza con qué frecuencia los cachalotes usan su cabeza como arma cuando no hay cámaras cerca, ni por qué lo hacen exactamente.
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“Tenemos una enorme cantidad de cosas por aprender sobre estos animales”, señaló Burslem. “Necesitamos priorizar su conservación.”
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