
Un estudio de la NASA abrió una pregunta incómoda para la futura exploración: microbios asociados a los seres humanos podrían sobrevivir en zonas sombreadas del polo sur de la Luna.
Se trata de un escenario que, según los autores, puede alterar investigaciones sobre la química antigua del satélite e incluso servir como campo de prueba para medir los límites de la vida microbiana fuera de la Tierra. Los resultados se publicaron en Science Advances.
La investigación se centró en un problema que acompaña a toda misión tripulada. Los seres humanos transportan microorganismos de forma inevitable, y parte de esa carga biológica se desprende de los trajes espaciales y de los hábitats. Según el equipo, esa presencia puede complicar la identificación de señales químicas antiguas en la superficie lunar. La preocupación alcanza también a futuras búsquedas de vida en Marte, donde distinguir entre rastros autóctonos y contaminación humana será una exigencia científica básica.
PUBLICIDAD
Impacto de la contaminación biológica en la exploración lunar
Prabal Saxena, científico planetario del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, encabezó el estudio y resumió esa tensión con una frase que sitúa el problema en términos muy concretos. “Los humanos somos exploradores por naturaleza, y con ellos vienen nuestras voces, nuestros recuerdos y nuestros microbios”, afirmó. Luego añadió: “Para algunos científicos, incluyéndome a mí, esta realidad puede resultar inquietante. Pero también crea una oportunidad para convertir una situación imperfecta en un experimento útil”.

La base del planteo parte de un dato sencillo y, al mismo tiempo, difícil de ignorar. Los humanos albergan, en promedio, un millón de bacterias en cada parche de piel del tamaño de una goma de borrar. Esa biocarga acompaña a los astronautas en cada desplazamiento. A juicio de los autores, el desafío no consiste solo en reducir al mínimo la contaminación, sino también en medirla antes de iniciar cualquier trabajo de superficie.
PUBLICIDAD
De ahí surge una de las principales advertencias del artículo. Antes de cualquier estudio científico sobre el terreno, los investigadores necesitan una línea de base que permita saber qué contaminantes llegaron con los visitantes humanos. Andrew Needham, coautor del trabajo en el Centro Goddard de la NASA y científico de control de contaminación de muestras lunares del programa Artemis, formuló esa necesidad con claridad. “Necesitamos comprender qué había allí antes que nosotros, porque cuando vayamos a Marte a buscar signos de vida más allá de nuestro planeta, querremos asegurarnos de que no se trate de cosas que hayamos traído nosotros”, dijo.
El estudio subraya que ni siquiera los protocolos estrictos de esterilización eliminan por completo el riesgo. Algunos organismos resisten condiciones que, en principio, parecían incompatibles con la supervivencia. Entre ellos figura Aspergillus niger, un hongo habitual en ambientes cálidos y húmedos, como baños domésticos y sistemas de calefacción, ventilación y aire acondicionado. Los astronautas ya lo analizaron dentro de la Estación Espacial Internacional, y experimentos previos mostraron que también puede sobrevivir fuera de ella.
PUBLICIDAD

Ese comportamiento llamó la atención de los investigadores porque estas especies no suelen clasificarse como extremófilas, es decir, organismos asociados a condiciones extremas como el vacío del espacio. Aaron Regberg, geomicrobiólogo del Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston y coautor del artículo, lo expresó sin rodeos: “Habría esperado que estos microbios se hubieran secado”.
Regberg recordó además una diferencia operativa que modifica el problema cuando la exploración es tripulada. La NASA suele exponer las naves robóticas a temperaturas superiores a 204℃ (400℉) para reducir la cantidad de organismos vivos a bordo. Ese procedimiento no puede aplicarse a astronautas, de modo que el riesgo de contaminación adquiere otra dimensión en el entorno del polo sur lunar.
PUBLICIDAD
La investigación también examinó por qué esa región ofrece refugios potenciales para microbios terrestres. La clave está en la iluminación. Debido a la escasa inclinación del eje de la Luna, en los polos el Sol parece permanecer muy cerca del horizonte y su luz roza la superficie con un ángulo bajo, como el haz de una linterna sobre una mesa. En ese escenario, relieves elevados, cráteres, montañas e incluso pequeñas irregularidades del terreno bloquean la llegada de la luz a las zonas bajas.
Ese patrón genera áreas en sombra que conservan temperaturas frías y retienen agua, además de proteger moléculas frágiles y posibles microorganismos frente a la radiación letal. En el marco del estudio, la idea de supervivencia se definió de forma acotada: que un microbio permanezca vivo durante al menos un día terrestre, sin que eso implique capacidad de crecimiento o reproducción.
PUBLICIDAD
Con ese criterio, el equipo eligió cinco microbios conocidos por su resistencia en ambientes espaciales. Además de Aspergillus niger, el análisis incluyó Bacillus subtilis, Staphylococcus aureus, Deinococcus radiodurans y varias especies de Fusarium. Los investigadores partieron de estudios previos para establecer el máximo nivel de calor y de radiación ultravioleta que cada organismo puede tolerar.

Luego sometieron esos organismos a simulaciones de tres regiones cercanas al polo sur lunar: Nobile Rim, Connecting Ridge y De Gerlache Rim. Para construir esos escenarios, utilizaron mapas ambientales elaborados con datos de elevación y temperatura recogidos por instrumentos del Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA, combinados con modelos sobre la incidencia de la radiación en la superficie.
PUBLICIDAD
Los resultados produjeron mapas de “nichos de supervivencia” con tamaños muy distintos. Algunos equivalían al fondo de un cráter de 1,6 kilómetros (1 milla) de ancho. Otros podían reducirse hasta la huella de la bota de un astronauta. Entre todos los organismos analizados, Aspergillus niger destacó por su resistencia a la radiación ultravioleta y mostró capacidad de supervivencia incluso en áreas con cierta exposición a la luz solar.
Ese punto resulta relevante porque la radiación UV mata a la mayoría de los microbios y se utiliza como herramienta de esterilización en hospitales. Para Heather Graham, coautora del artículo en el Centro Goddard de la NASA, el hallazgo obliga a incorporar la biología a un escenario que casi siempre se piensa en clave geológica o astronómica.
PUBLICIDAD
“Cuando pensamos en la Luna, no solemos pensar en la biología”, dijo. Después añadió: “Pero la Luna es un lugar donde una célula puede sobrevivir, por lo que nuestra primera exploración de estos sitios debería prestar especial atención a los microorganismos que llegan a la Luna y esforzarnos por caracterizar su química antes de que nuestras visitas cambien lo que encontraremos”.
Aun así, los autores marcaron un límite claro. El trabajo no aporta evidencia de que la Luna disponga de los ingredientes necesarios para que esos microbios crezcan y se repliquen. Entre esos factores figuran el agua líquida, una atmósfera y temperaturas moderadas. Lo que sí plantean los investigadores es que algunos microorganismos podrían persistir en estado latente en regiones próximas al Polo Sur lunar, un dato que condiciona la planificación científica de futuras misiones humanas.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
¿Los humanos evolucionaron para estar activos también durante la noche?
Un estudio comparó a los hadza con otros primates y planteó que la especie podría no encajar del todo en una definición diurna estricta

Camuflaje animal: cómo algunas especies cambian de color para sobrevivir, cazar y reproducirse
National Geographic documentó cómo la naturaleza desarrolló estos sistemas que presentan una complejidad extraordinaria, desde transformaciones estacionales que duran semanas hasta destellos que ocurren en medio segundo

El Ártico se calienta el doble que el promedio global: las nuevas pruebas de la huella humana en el clima
Las temperaturas en las regiones polares muestran una aceleración inédita respecto al resto del planeta, según un estudio reciente del Max Planck Institute for Meteorology. El análisis, basado en datos históricos y modelos matemáticos, identifica con precisión las causas

El avance de las megatormentas tropicales: advierten que el clima global enfrenta una reorganización inédita
Simulaciones científicas de alta resolución muestran temporadas más cortas y precipitaciones más fuertes en los trópicos, con efectos directos sobre inundaciones, cultivos y reservas hídricas

Cuál es el pez de casi 3 metros que se expandió por los ríos europeos y amenaza a especies nativas
Este depredador de agua dulce fue introducido con fines de pesca deportiva y su presencia generó preocupación por el impacto sobre la fauna autóctona. Wildlife Magazine y National Geographic detallaron sus características, distribución y efectos sobre los ambientes acuáticos


