
Los hantavirus son un grupo de virus que viven en roedores silvestres. Son transmitidos a los humanos sin que el animal portador se enferme.
Si bien los roedores pueden transmitir esos virus con una mordedura, la vía más común es través de sus heces, orina y saliva. Esas secreciones liberan partículas virales en el aire, y así cualquier persona que las inhale queda expuesta al contagio.
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La dimensión global de esa amenaza quedó en evidencia esta semana: la OMS confirmó un brote a bordo del crucero MV Hondius, que partió de Ushuaia en abril, con tres muertos y al menos siete casos.
La hipótesis principal es que el caso índice contrajo el hantavirus Andes antes de embarcar, durante un viaje por el Cono Sur.
Esa cepa es una de las nueve que circulan en territorio argentino asociadas a enfermedad humana.
En diálogo con Infobae, la bióloga Karina Hodara, quien hizo su tesis de maestría en Biometría sobre un modelo de transmisión de hantavirus en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA), señaló que "ya se han identificado ocho especies de roedores silvestres con capacidad de portar y transmitir hantavirus a personas en el país".
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Los roedores silvestres no buscan al ser humano ni lo atacan. Son parte de los ecosistemas naturales y el contacto con ellos ocurre cuando las personas ingresan a su hábitat o cuando la expansión urbana reduce los espacios silvestres disponibles.
“Tienen una función clave en las cadenas tróficas. Son predadores de insectos, artrópodos y semillas. También son predados por predadores terrestres y aéreos de cada zona”, acotó la experta.
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Para entender por qué los virus llevan ese nombre y cómo llegaron a Argentina, hay que “viajar” hasta un río coreano en plena guerra.
El río que le dio nombre al virus

El nombre de la enfermedad viene del río Hantaan, en Corea del Sur, a orillas del cual soldados de las Naciones Unidas contrajeron una enfermedad hemorrágica grave durante la Guerra de Corea en la década de 1950. Más de 3.200 militares enfermaron con una tasa de mortalidad del 7%.
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El virus tardó décadas en identificarse. Recién en 1977, el doctor Ho Wang Lee aisló el agente causal en un roedor capturado cerca del río que le daría nombre al patógeno.
“Durante décadas, los hantavirus se conocieron solo como enfermedades de Europa y Asia. Estaban asociados con síndrome renal por hantavirus en humanos“, aclaró Hodara, quien actualmente es profesora asociada del Departamento Métodos Cuantitativos y Sistemas de Información de FAUBA.
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Todo cambió en 1993, cuando un brote en la región de Four Corners, en el suroeste de Estados Unidos, mató al 90% de los primeros infectados detectados, todos por falla respiratoria aguda.
Ese brote reveló una variante americana del virus, bautizada Sin Nombre, y dio origen a un nuevo síndrome clínico: el Síndrome Cardiopulmonar por Hantavirus, que es la forma en que estos virus se presentan en el continente americano. Puede alcanzar tasas de mortalidad de hasta el 50% según la región y la cepa viral, según informó la OMS.
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Ese nuevo síndrome no tardó en aparecer en el Cono Sur. En la Argentina, los primeros casos se detectaron en 1995.
En diciembre pasado, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) informó que “Argentina continúa siendo el país que reporta el mayor número de casos de hantavirus” en la Región de las Américas.
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Hasta principios de 2020, el Ministerio de Salud de la Nación había confirmado 1.982 casos distribuidos en cuatro regiones endémicas, con una mortalidad promedio histórica del 15,4% que trepó al 32% en 2025.
La mayoría de esos casos tuvo origen en el contacto con alguna de las especies de roedores silvestres que portan el virus, que se detallaron en un estudio publicado por investigadores del Conicet y la Universidad Nacional de Córdoba en la revista PLOS Neglected Tropical Diseases el año pasado.
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El virus Andes, sin embargo, es el único hantavirus del mundo con transmisión persona a persona confirmada, lo que significa que puede causar infecciones sin intervención de ningún roedor.
Las 8 especies de roedores

- La especie con mayor presencia en casos humanos es Oligoryzomys longicaudatus, conocida como el colilargo. Puede tener dos cepas distintas según la región: el virus Andes en la zona andino-patagónica y el virus Orán en el noroeste argentino.
- En esa misma región del noroeste, Oligoryzomys chacoensis es el reservorio del virus Bermejo, otra cepa del mismo género adaptada a ambientes más áridos.
- Calomys callosus, un roedor de campo, porta el virus Laguna Negra en esa misma región. Esa cepa registra la mortalidad más baja del país: alrededor del 1%, según datos del Ministerio de Salud de la Nación.
- Oligoryzomys flavescens —el colilargo pampeano— puede portar dos cepas diferentes: el virus Lechiguanas y el virus Central Plata, ambas presentes en la región central. Según Hodara, la mortalidad combinada de estas cepas en esa región alcanza el 30,8%.
- Oligoryzomys nigripes es el reservorio del virus Juquitiba, que circula en el noreste argentino —Misiones y Corrientes—. Hodara registró para esa cepa una mortalidad del 17,1% en los casos diagnosticados en esa región.
- Oligoryzomys microtis porta el virus Río Mamoré, originario de Bolivia, que también registra casos en territorio argentino.
- Akodon azarae porta el virus Pergamino en la región central del país.
- Necromys benefactus es el reservorio del virus Maciel en esa misma región.
Los hantavirus Pergamino y Maciel circulan en roedores pero hasta la fecha ningún caso humano de hantavirus fue atribuido a alguna de esas dos variantes.
Cómo evitar la infección

Ante la ausencia de vacuna y tratamiento específico, la prevención es el único recurso disponible para reducir el riesgo de transmisión.
La cartera de Salud nacional recomendó mantener las viviendas limpias, sellar grietas de más de 0,5 centímetros, almacenar la leña a más de 40 metros del hogar y ventilar durante 30 minutos cualquier espacio cerrado antes de ingresar.
El organismo aclaró que “las partículas virales eliminadas por las excreciones de roedores infectados sufren rápida inactivación con la luz solar”, lo que refuerza la importancia de airear los espacios antes de entrar.
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