La sorprendente historia detrás de la mano humana: origen, fósiles y secretos de destreza

Análisis paleontológicos demostraron que la capacidad manual fue tan determinante como el cerebro en la evolución de Homo sapiens y la diversidad cultural de la especie

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Las manos humanas combinan fuerza
Las manos humanas combinan fuerza y precisión, un rasgo que diferencia a nuestra especie de otros primates (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las manos humanas, dotadas de una combinación única de fuerza y precisión, representan un rasgo esencial que distingue a nuestra especie de otros primates. Gracias a recientes hallazgos fósiles clave en África, la investigación paleontológica ha permitido reconstruir, por primera vez, la historia de la evolución humana en relación con la mano.

Según informa New Scientist, estos descubrimientos aportan nuevas perspectivas sobre cómo la destreza manual favoreció el desarrollo de herramientas de piedra, el surgimiento del lenguaje y la configuración de la cultura humana.

El papel de la mano en la evolución humana

Durante décadas, el protagonismo de la mano en la evolución humana fue eclipsado por aspectos como el desarrollo cerebral. La aparición de nuevos fósiles ha colocado a esta parte del cuerpo en el centro del debate sobre el origen de los humanos.

Investigadores de Stony Brook University, el Max Planck Institute y otras instituciones coinciden en que las características de la mano son tan determinantes como el tamaño del cerebro en la historia evolutiva de Homo sapiens.

El protagonismo de la mano
El protagonismo de la mano compite ahora con el desarrollo cerebral en la explicación del origen de los humanos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La antropóloga Tracy Kivell, del Max Planck Institute, resalta su importancia: la mano fue clave para comprender cómo evolucionamos, afirmó en declaraciones recogidas por New Scientist.

Diferencias anatómicas entre las manos humanas y las de otros primates

Las diferencias entre las manos de humanos y las de chimpancés y bonobos son notables. Carrie Mongle, experta en evolución humana de Stony Brook University, explicó que las proporciones no tienen comparación: las manos humanas poseen un pulgar largo y robusto en comparación con los dedos.

En cambio, los chimpancés muestran dedos largos y curvados y pulgares delgados y cortos. Las manos humanas, por su parte, tienen dedos más cortos y rectos, preparadas para sostener objetos con precisión entre el pulgar y otro dedo.

Esta capacidad de agarre de precisión, necesaria para manipular herramientas o realizar movimientos complejos, depende también de la elevada movilidad del pulgar. Cody Prang, paleoantropólogo de Washington University, subraya el papel de un músculo: el flexor largo del pulgar permite doblar el pulgar de manera independiente al resto de los dedos. Esta adaptación, que no está presente o está menos desarrollada en otros primates, facilitó la fuerza y la versatilidad del agarre humano.

De los primeros fósiles a las herramientas: descubrimientos clave

Las primeras herramientas de piedra
Las primeras herramientas de piedra de la mano humana se hallaron en yacimientos de África oriental, especialmente en Olduvai, Tanzania (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las primeras pruebas materiales sobre la evolución de la mano humana surgieron en yacimientos de África oriental. A comienzos del siglo XX, excavaciones en la garganta de Olduvai (Oldupai), en Tanzania, revelaron primitivas herramientas de piedra, resultado de técnicas rudimentarias desarrolladas por antepasados humanos, según los trabajos dirigidos por Louis y Mary Leakey.

En la década de 1960, se hallaron restos óseos de Homo habilis, posible autor de esas herramientas. Sin embargo, los huesos de su mano seguían siendo robustos y con dedos curvados, lo que suscitó dudas sobre su capacidad real para la destreza, como señala Kivell consultada por New Scientist.

Con el tiempo, la colección de fósiles creció con hallazgos como el esqueleto de Lucy (Australopithecus afarensis), de 3,2 millones de años, y ejemplares de Paranthropus, cuya presencia se sitúa entre 2,8 millones y 1,4 millones de años atrás. A pesar de ello, los huesos completos de mano eran escasos y dificultaban comprender en profundidad la evolución manual.

Este panorama cambió en 2009, cuando se describió un esqueleto casi completo de Ardipithecus ramidus —llamado Ardi— de 4,4 millones de años. Tim White, de University of California, Berkeley, concluyó que, aunque ese homínido caminaba erguido, sus manos no se parecían a las de ningún simio actual, lo que supuso una complejidad evolutiva inesperada.

La evolución paso a paso: desde el árbol a la tierra

El paso de los primeros homínidos desde la vida arbórea a la existencia terrestre fue un cambio evolutivo radical que influyó en la locomoción y en la anatomía manual. Según el equipo de White, Ardipithecus caminaba erguido, pero conservaba rasgos útiles para trepar árboles, lo que se observa en la configuración intermedia de sus manos.

La transición de los primeros
La transición de los primeros homininos de la vida arbórea a la terrestre marcó un giro en la evolución humana (Imagen Ilustrativa Infobae)

Más adelante, la llegada de Australopithecus marcó un avance notable. Estos homínidos pasaban mayor tiempo en tierra y sus manos empezaron a evidenciar cambios importantes: el pulgar se hizo más largo y robusto, mientras los dedos, aunque aún algo curvados, tendían a ser más cortos. Mongle destaca que este alargamiento y ensanchamiento del pulgar refleja el creciente peso del uso de herramientas.

Especies como Australopithecus sediba y Homo naledi ejemplifican esa transición, presentando manos aptas tanto para la trepa como para la destreza. Kivell sintetizó: estos homínidos poseían características mixtas, útiles para distintas funciones.

La progresiva reducción de la curvatura digital y el fortalecimiento del pulgar, junto con una muñeca más móvil, posibilitaron la aparición de la fabricación de herramientas y una mayor precisión en los movimientos manuales.

Mano, cerebro y cultura: una relación determinante

El vínculo entre la mano y el cerebro es un tema central en los estudios actuales. El desarrollo de la corteza cerebral, especialmente en regiones responsables del control motor, parece estar relacionado con la evolución de un pulgar largo, presente en fósiles de homínidos y en primates modernos.

El perfeccionamiento de la destreza manual permitió crear herramientas complejas. Según New Scientist, esto influyó en la subsistencia, el surgimiento del lenguaje y la transmisión de rasgos culturales.

El desarrollo de la corteza
El desarrollo de la corteza cerebral está asociado al control motor y a la habilidad manual avanzada en los homininos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Estudios recientes sugieren que la manipulación de objetos y la fabricación de utensilios requirieron circuitos cerebrales especializados, lo que propició el crecimiento de zonas clave en el encéfalo y acercó a los primeros humanos a capacidades cognitivas avanzadas.

Descubrimientos recientes y preguntas abiertas

Pese a los avances, la historia evolutiva de la mano humana sigue generando debate. Los análisis de fósiles como los de Ardipithecus originan interpretaciones dispares: algunos expertos consideran que su mano era similar a la de los chimpancés, mientras otros sostienen que tenía rasgos únicos e intermedios.

El estudio de las manos de Paranthropus boisei, halladas cerca del lago Turkana, permitió reconstruir siete millones de años de transformación anatómica. Cada etapa, desde la vida en los árboles hasta la fabricación de herramientas sofisticadas, implicó cambios morfológicos paulatinos.

Como destaca New Scientist, la hipótesis de que especies distintas a Homo pudieran fabricar herramientas de piedra reinterpreta la distribución de las capacidades manuales en la prehistoria y abre nuevas líneas de investigación en paleoantropología.

A pesar de lo aprendido, la evolución de nuestras manos sigue siendo un reto para la ciencia. La liberación de las manos gracias a la marcha bípeda abrió la puerta a nuevas formas de capacidad técnica y cultural, y el trabajo de investigadores como Tracy Kivell refuerza la vigencia de las intuiciones darwinianas sobre la relación entre postura erguida y destreza.

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