
En una sala de la Universidad de Chicago, un grupo de científicos reveló la nueva posición de un reloj que no mide horas, sino la proximidad de la humanidad a un punto crítico. Este martes, el Boletín de los Científicos Atómicos anunció que el Reloj del Juicio Final se ha adelantado a 85 segundos para la medianoche, la distancia más corta en sus casi ocho décadas de historia. La noticia conmocionó a la comunidad científica y a líderes globales, al poner en primer plano la magnitud de los riesgos actuales.
El Reloj del Juicio Final no es un reloj común. Creado en 1947 por científicos como Albert Einstein y J. Robert Oppenheimer, mide metafóricamente lo cerca que está la civilización de una catástrofe. Cada año, el consejo de ciencia y seguridad del Boletín, que incluye ocho premios Nobel, evalúa el estado del mundo y decide si mover las manecillas. El paso a 85 segundos para la medianoche representa el máximo nivel de alerta desde la creación de este indicador.
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Alexandra Bell, presidenta y directora ejecutiva del Boletín, explicó en el comunicado oficial: “El Reloj del Juicio Final es una herramienta para comunicar lo cerca que estamos de destruir el mundo con tecnologías de nuestra propia creación. Los riesgos que enfrentamos por las armas nucleares, el cambio climático y las tecnologías disruptivas son cada vez mayores. Cada segundo cuenta y se nos acaba el tiempo”.

Amenazas crecientes: armas nucleares, clima y desinformación
La decisión de adelantar el reloj se apoya en un diagnóstico preocupante. El Boletín de los Científicos Atómicos cita como factores determinantes el riesgo de una nueva carrera armamentista nuclear, la falta de avances en acuerdos globales sobre el cambio climático, la proliferación de conflictos armados y la expansión de la desinformación.
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El comunicado oficial de la universidad de Chicago reportó que uno de los motivos principales ha sido la expiración del tratado New START entre Estados Unidos y Rusia, que regulaba los arsenales nucleares de ambas potencias. Daniel Holz, presidente del comité científico del Boletín, advirtió: “Por primera vez en más de medio siglo, nada impedirá una carrera armamentística nuclear descontrolada”.

El impacto de la desinformación y las nuevas tecnologías
La propagación global de desinformación ha ocupado un lugar central en la evaluación de los expertos. La ausencia de “hechos compartidos” debilita los lazos sociales y la confianza en las instituciones. Así lo expresó la periodista y Nobel de la Paz Maria Ressa en la conferencia de prensa del Boletín: “Sin hechos no se puede tener verdad, sin verdad no se puede tener confianza. Sin estos tres, no hay una realidad compartida, no puede haber periodismo ni democracia”.
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En tanto, los científicos del Boletín señalan que las herramientas tecnológicas, cuando se utilizan sin regulación, pueden agravar cualquier crisis global existente.
A lo largo de los años, el Reloj del Juicio Final ha oscilado al ritmo de la política internacional y los avances tecnológicos. Tras la firma del primer tratado de reducción de armas estratégicas en 1991, alcanzó su punto más lejano de la medianoche: 17 minutos. En 2023 y 2024, se situó a 90 segundos, y en 2025, a 89 segundos. Hoy, el margen es menor que nunca.
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El Boletín enfatiza que el reloj no está diseñado para medir definitivamente las amenazas existenciales, sino para fomentar el debate sobre temas científicos complejos y las crisis que enfrenta el planeta. Pese a las críticas sobre su carácter simbólico, el consejo defiende su utilidad para movilizar a la opinión pública y presionar a los líderes a tomar medidas.
¿Qué se puede hacer para alejar la medianoche?
La advertencia del Boletín de los Científicos Atómicos no es un mensaje de fatalidad, sino un llamado a la acción colectiva. El grupo sostiene que las amenazas enumeradas son “autoinfligidas” y que existen vías para revertir el avance hacia la medianoche.
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Los expertos insistieron en que el reloj puede retroceder si la cooperación internacional y la responsabilidad política se anteponen a la confrontación y la inacción.
Desde la reducción de armas nucleares hasta la adopción de acuerdos climáticos y la regulación de nuevas tecnologías, el mensaje alude a la capacidad humana para cambiar el rumbo. Como recordó Alexandra Bell: “Tenemos tiempo para arreglar los problemas que nosotros mismos creamos”.
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