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Cómo la presencia humana afecta la conducta de los osos en Asia

El avance sobre territorios silvestres, la emigración juvenil y el abandono de prácticas rurales tradicionales generan cambios en el comportamiento animal y aumentan los riesgos de encuentros peligrosos

Oso pardo (Europa Press)
El aumento de ataques de osos en Asia preocupa a comunidades rurales de Nepal, Japón y Pakistán (Europa Press)
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Los ataques de osos han dejado de ser una rareza en muchos rincones de Asia para convertirse en una preocupación habitual, especialmente en regiones rurales y de montaña. En países como Nepal, Pakistán y Japón, el aumento de los encuentros violentos entre humanos y los mamíferos ha encendido las alarmas tanto de autoridades como de comunidades locales.

En Nepal, las zonas altas del Himalaya han sido escenario de episodios cada vez más frecuentes, mientras que en Japón, informes recientes advierten sobre la irrupción de osos en áreas agrícolas y pobladas. El fenómeno también se ha replicado en las extensas llanuras de Deosai en Pakistán, donde los ataques a visitantes y residentes se han vuelto parte del debate público.

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Un estudio realizado por un equipo de investigación en Nepal reveló que, en la mayoría de los casos, estos ataques tienen una raíz común: la intervención humana en los hábitats silvestres.

Geoff Childs y el equipo especializado con el que trabajo apuntan a que factores como la emigración juvenil, la expansión de actividades humanas en territorios antes reservados a la fauna y la alteración de ecosistemas son los principales detonantes de este preocupante cambio en la relación entre osos y personas. El ensayo fue publicado en la Universidad Washington en Saint Louis.

El papel de los humanos en los ataques de osos

En la aldea de Nubri, enclavada en las alturas de Nepal, el éxodo de los residentes más jóvenes ha provocado un cambio radical en la vida cotidiana y en la seguridad de sus habitantes. Con la migración masiva hacia otras regiones en busca de educación y empleo, las casas quedan en manos de personas mayores, quienes permanecen prácticamente solos tras la partida de sus hijos y nietos.

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Un orso pardo pasea en el Zoo Aquarium de Madrid, a 12 de agosto de 2021. (Alejandro Martínez Vélez / Europa Press)
La emigración juvenil y la alteración de hábitats silvestres intensifican los conflictos entre osos y seres humanos en regiones montañosas (Alejandro Martínez Vélez / Europa Press)

Esta ausencia de juventud ha tenido consecuencias directas en la protección de los cultivos y viviendas. Antes, los más jóvenes actuaban como disuasivos naturales, encendiendo fogatas y golpeando ollas durante la noche para mantener alejados a los osos de los campos de maíz. Sin estas prácticas, los animales se sienten tentados a acercarse más a los asentamientos, buscando alimento y generando situaciones de riesgo.

La situación se agrava por el abandono de los campos periféricos, que antes servían de barrera adicional entre los osos y las viviendas. La escasez de “osos espantajos” (nombre con el que se conocía a los jóvenes encargados de ahuyentar a los animales) ha quedado en evidencia, y los ataques se han vuelto más frecuentes y peligrosos para quienes ya no pueden contar con apoyo familiar cercano.

El fenómeno, según los registros y testimonios de los investigadores Dolma Choekyi Lama, Tsering Tinley y Geoff Childs, muestra cómo los cambios demográficos no solo afectan la estructura social, sino que también inciden de manera directa en la seguridad y bienestar de las comunidades rurales. Para quienes se quedan, la emigración de los jóvenes convierte a los osos en una amenaza más presente y dificulta la búsqueda de soluciones efectivas ante cada ataque.

Las soluciones tecnológicas propuestas por las autoridades, como el alambrado eléctrico alimentado con energía solar, no han dado los resultados esperados según testimonios locales. La falta de personal para su mantenimiento y la limitada cobertura en zonas montañosas hacen que los problemas persistan. La combinación de métodos menos efectivos y la ausencia de jóvenes ha dejado a los habitantes en una situación de vulnerabilidad creciente frente a los ataques de osos.

El Zoológico de Washington celebra el nacimiento de dos crías de oso bezudo tras más de diez años
El abandono de campos agrícolas y la ausencia de 'osos espantajos' elevan el riesgo de ataques en aldeas como Nubri (Freepik)

Las consecuencias de estos cambios se reflejan en las historias de quienes han sufrido directamente la violencia. Dorje, residente de Nubri, afirmó en diálogo con los investigadores que ha enfrentado tres ataques en cinco años. En el más reciente, uno de los animales le mordió el pie mientras intentaba proteger la cosecha, infligiéndole profundas laceraciones. Pese a sus conocimientos, Dorje apenas logró detener la hemorragia con un tónico a base de hígado de oso, pero el peligro de infección era inminente.

El acceso a atención médica resulta un desafío monumental para los habitantes de estas zonas remotas. En el caso del hombre, fue necesario esperar tres días y reunir una suma equivalente a 2.000 dólares estadounidenses para alquilar un helicóptero y trasladarlo a Katmandú. Las dificultades económicas y logísticas convierten cada ataque en una emergencia de alto riesgo.

No es un caso aislado: una señora de un pueblo vecino sobrevivió a un ataque que le dejó un corte desde la frente hasta la barbilla mientras iba al baño durante la noche. Su familia también tuvo que enfrentar la odisea de reunir fondos para su evacuación y tratamiento. Estas experiencias muestran cómo la falta de recursos y la distancia de los servicios de salud agravan el impacto de los ataques, sumando temor y precariedad a la vida diaria en Nubri.

Un asunto creciente en Asia

La problemática de los ataques de osos no se limita a Nepal. En Japón, el aumento de estos episodios también ha captado la atención de medios y autoridades, señalando un patrón comparable al de las comunidades rurales del Himalaya. Según información publicada por The New York Times en noviembre de 2025, la frecuencia de los encuentros peligrosos entre humanos y osos está creciendo, en parte, por razones demográficas.

Las zonas rurales japonesas solían funcionar como un espacio de amortiguación entre los hábitats naturales y las áreas urbanas. Sin embargo, la despoblación acelerada y el envejecimiento de la población están provocando el abandono de campos y actividades agrícolas. Este escenario ha permitido que los osos avancen hacia regiones más densamente pobladas, donde el contacto con las personas es inevitable.

Expertos advierten que el turismo excesivo, la alimentación de animales y la invasión humana aumentan la frecuencia de los encuentros con osos (AP)
Expertos advierten que el turismo excesivo, la alimentación de animales y la invasión humana aumentan la frecuencia de los encuentros con osos (AP)

El incremento de ataques en Japón pone en evidencia que la pérdida de presencia humana en áreas rurales facilita la expansión de los animales silvestres hacia espacios antes reservados para los residentes. Este fenómeno ha generado nuevas preocupaciones de seguridad y está en tensión directa con las políticas de conservación, que buscan proteger especies nativas como el oso sin descuidar la integridad de la población local.

Otro caso similar se da en las extensas llanuras de Deosai, en Pakistán. Los ataques de osos pardos han generado alarma tras incidentes recientes, como uno sufrido por la reconocida cantante local Quratulain Baloch. Este caso, que atrajo la atención nacional, sirvió para visibilizar cómo las acciones humanas están modificando el comportamiento natural de la fauna silvestre.

Expertos en vida silvestre, como Vaqar Zakaria, subrayan que estos animales rara vez atacan a personas de manera intencional, según recogió Asian News Network. Sin embargo, la presencia de comida humana, el crecimiento del turismo y la costumbre de alimentarlos han provocado que pierdan su “timidez natural” y se acerquen cada vez más a los campamentos y asentamientos.

El profesor Shafqat Hussain, especialista en antropología y conservación, advierte en diálogo con Asian News Network que el aumento de campistas y turistas incrementa la probabilidad de encuentros peligrosos. Según los expertos consultados, la invasión de los hábitats tradicionales de los osos, sumada a la alteración de sus fuentes de alimento, es el principal motivo detrás de la escalada de ataques.

Los especialistas coinciden en que la intervención humana, ya sea por la expansión de actividades turísticas, la degradación de hábitats o la práctica de alimentar a los animales, está detrás del cambio en la dinámica entre osos y personas. Esta alteración ha hecho que los animales se vuelvan más impredecibles, acercándose a zonas donde antes evitaban el contacto con humanos y exponiendo a residentes y visitantes a riesgos cada vez mayores.

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