
El análisis morfológico de fósiles revela cómo las extremidades de los canguros gigantes prehistóricos estaban adaptadas para resistir trayectos breves de salto, desafiando antiguos límites científicos sobre la movilidad animal.
Estos marsupiales, que habitaron Australia durante el Pleistoceno, podrían haber realizado saltos cortos pese a su enorme tamaño, cuestionando la idea dominante de que existe un peso máximo incompatible con esta forma de locomoción.
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Un estudio reciente publicado por Nature Publishing Group sostiene que algunos de estos animales, que superaban los 160 kilogramos, poseían estructuras óseas y tendinosas capaces de soportar las fuerzas mecánicas necesarias para impulsarse en el aire, aunque no de manera sostenida ni prolongada.
Adaptaciones óseas y biomecánica del salto
El trabajo fue liderado por la investigadora Megan Jones, quien junto a su equipo examinó fósiles de canguros gigantes del género Protemnodon y los comparó con especies actuales y extintas. En total, se analizaron 94 ejemplares modernos y 40 fósiles pertenecientes a 63 especies de canguros y wallabies.
Los especialistas utilizaron estimaciones previas de masa corporal y mediciones detalladas de la morfología de los huesos de las extremidades posteriores para evaluar la capacidad locomotora de cada especie.
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El foco se colocó en elementos clave para el salto: los metatarsianos —huesos alargados del pie que actúan como palancas durante el impulso— y el hueso del talón, que sirve de anclaje para los tendones que almacenan y liberan energía elástica.

Según detalla el estudio, los investigadores evaluaron si estas estructuras eran lo suficientemente resistentes para tolerar la tensión generada durante el despegue y el aterrizaje. También calcularon el tamaño teórico de los tendones necesarios para transmitir la fuerza muscular y analizaron si el talón podía alojar tendones de ese grosor sin comprometer la integridad ósea.
La biomecánica comparativa permitió establecer relaciones entre tamaño corporal, resistencia estructural y eficiencia de movimiento, una metodología ampliamente utilizada para inferir comportamientos locomotores en especies extintas.
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Hallazgos que desafían teorías previas
Los resultados mostraron que tanto los metatarsianos como el hueso del talón de todas las especies analizadas presentaban una resistencia compatible con las fuerzas del salto. Esto contradice modelos anteriores que establecían un supuesto “límite de peso” para el desplazamiento saltado, estimado entre 140 y 160 kilogramos.
Según esas hipótesis, animales por encima de ese rango no podrían absorber el impacto sin sufrir daños articulares o requerir tendones de dimensiones poco realistas.
El nuevo análisis indica que ese límite habría sido subestimado. Aunque los canguros gigantes no estaban diseñados para recorrer largas distancias a saltos como sus parientes actuales, sí podían realizar impulsos cortos cuando la situación lo requería.
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El estudio aclara que el salto probablemente no era su forma principal de locomoción cotidiana. Estos animales habrían combinado desplazamientos más lentos y eficientes con episodios breves de salto, por ejemplo para sortear obstáculos, reaccionar ante amenazas o modificar rápidamente la dirección de marcha.
Una de las hipótesis planteadas es que esta capacidad pudo haber sido útil para evadir depredadores extintos, como el león marsupial (Thylacoleo), considerado uno de los principales cazadores del ecosistema australiano del Pleistoceno.
Implicancias para comprender la fauna extinta
En comparación con los canguros actuales —los mamíferos saltadores más grandes que existen hoy—, los gigantes prehistóricos podían duplicar su peso corporal. Este dato vuelve aún más relevante el hallazgo, ya que amplía el rango de tamaños compatibles con la locomoción saltada.
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Los investigadores subrayan que, desde el punto de vista energético, el salto resulta costoso en animales muy grandes. Por ese motivo, su uso habría sido limitado a trayectos cortos y situaciones puntuales, no como estrategia dominante de desplazamiento.
Sin embargo, la posibilidad de ejecutar estos movimientos sugiere que estos marsupiales poseían una mayor versatilidad locomotora de la que se pensaba. Esto aporta información clave para reconstruir cómo utilizaban el paisaje, cómo evitaban riesgos y cómo se adaptaban a ambientes cambiantes.
Un aporte a la paleobiología y la biomecánica evolutiva
Más allá del caso específico de los canguros gigantes, el trabajo tiene implicancias amplias para la paleobiología. Demuestra que los límites funcionales inferidos a partir de modelos teóricos pueden revisarse cuando se incorporan datos empíricos más detallados y comparaciones extensas entre especies.
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El estudio también refuerza la idea de que la evolución no siempre sigue soluciones únicas: distintas combinaciones de tamaño, forma y material óseo pueden permitir estrategias de movimiento que antes parecían inviables.
Según destacan los autores, comprender cómo se desplazaban los grandes marsupiales del pasado ayuda a interpretar mejor la dinámica de los ecosistemas antiguos, las interacciones entre presas y depredadores y las respuestas de la fauna a los cambios climáticos y ambientales.
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