
La imagen de los grandes dinosaurios con cuernos, como el Triceratops, siempre estuvo ligada a Norteamérica y Asia. Durante décadas, los museos y los libros de paleontología repitieron una idea: los dinosaurios ceratópsidos nunca habitaron Europa. Esa teoría acaba de desplomarse tras el análisis de un fósil hallado en Hungría que reescribe el mapa de la prehistoria en el continente.
El hallazgo no partió de una nueva excavación, sino de una revisión minuciosa de fósiles conservados en colecciones europeas. Un equipo internacional de paleontólogos, liderado por Susannah C. R. Maidment, aplicó tecnologías como la tomografía computarizada y la modelización 3D a los restos de Ajkaceratops kozmai, un dinosaurio descubierto en Hungría.
El resultado fue concluyente: “Analizando el cráneo, encontramos un pico en forma de gancho y un paladar abovedado, rasgos característicos de los ceratópsidos”, detalló el estudio publicado en la revista Nature.

Hasta ese momento, muchos de esos fósiles se habían clasificado erróneamente como pertenecientes a la familia de los iguanodóntidos, debido a las similitudes superficiales entre ambos grupos. La confusión se debió a que ambas familias proceden de un ancestro común y desarrollaron características parecidas por convergencia evolutiva.
La falta de restos completos y el mal estado de conservación en Europa complicaron aún más la tarea de los científicos durante generaciones.
Redefiniendo especies y corrigiendo el mapa evolutivo
El impacto de este descubrimiento va más allá de un simple cambio de nombre. Al revisar otros fósiles, los especialistas identificaron que especies emblemáticas de la paleontología europea también eran ceratópsidos mal identificados. Uno de los casos más relevantes es el de un dinosaurio rumano conocido como Zalmoxes shqiperorum, que tras el nuevo análisis fue rebautizado como Ferenceratops shqiperorum. Este ajuste rinde homenaje al paleontólogo austrohúngaro Franz Nopcsa, pionero en el estudio de los dinosaurios europeos.

El caso de Ferenceratops shqiperorum es especialmente simbólico. No solo por ser una corrección de una especie mal clasificada durante décadas, sino porque devuelve al mapa a uno de los paleontólogos más curiosos de su tiempo. El propio Nopcsa había sugerido hace más de cien años que Europa albergaba linajes insulares únicos, aunque nunca pudo demostrarlo con las herramientas de su época.
Europa, un corredor y no una isla perdida
Hasta ahora, la narrativa predominante sostenía que Europa, fragmentada en islas durante el Cretácico, había desarrollado una fauna de dinosaurios completamente distinta a la de Asia y América del Norte. La ausencia de ceratópsidos en el registro fósil servía de argumento para esa “excepción europea”.
Sin embargo, el nuevo estudio contradice esa visión. Si estos dinosaurios sí estuvieron presentes, aunque camuflados bajo identidades erróneas, el panorama cambia radicalmente.

De acuerdo con la investigación publicada, los resultados desafían la comprensión convencional sobre la evolución de los dinosaurios ornitisquios y sugieren la necesidad de una reevaluación fundamental de los conjuntos de dinosaurios herbívoros del Cretácico tardío en Europa. Para los autores, la presencia de ceratópsidos refuerza la hipótesis de que Europa sirvió de corredor biogeográfico, permitiendo la dispersión de especies entre Asia y Norteamérica mediante archipiélagos y puentes terrestres.
Una nueva etapa para la paleontología europea
El hallazgo marca el inicio de una revisión profunda de los fósiles almacenados en museos de toda Europa. “Muchos de ellos podrían haber sido clasificados de forma errónea en el pasado”, advirtieron los científicos. Las técnicas modernas abren la puerta a reinterpretar viejos fragmentos y reescribir la historia con mayor precisión.

Este descubrimiento, según la revista Nature: “Tiene implicaciones mucho más profundas que una simple corrección taxonómica. Lo que está en juego es la forma en que entendemos la historia evolutiva del continente europeo durante el Cretácico”.
A partir de ahora, cada fósil europeo podría esconder una historia diferente a la que se le había asignado. La paleontología europea entra en una etapa de revisión y reinterpretación, impulsada por la tecnología y la humildad científica. Como concluye la investigación:“Lo que creemos saber puede ser solo el primer borrador de la verdad”.
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