
Imaginar un planeta donde la roca líquida fluye como mares y el calor nunca cede parece propio de la ficción. Sin embargo, ese escenario existe y lleva el nombre de TOI-561 b.
Un hallazgo reciente realizado con el telescopio espacial James Webb (JWST) desafía los límites conocidos por la ciencia. Este planeta, sometido a condiciones extremas, conserva una atmósfera densa y resistente. El descubrimiento, liderado por la Carnegie Institution for Science y anunciado en junio de 2024, redefine la comprensión sobre la evolución de los mundos más adversos del universo.
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Un mundo al límite: características de TOI-561 b
TOI-561 b se ubica a 280 años luz de la Tierra, en el disco grueso de la Vía Láctea. Es una super-Tierra, con una masa aproximadamente doble a la del planeta terrestre, y orbita una estrella muy antigua y pobre en hierro. Su órbita dura solo 10,5 horas, equivalente a menos de medio día terrestre. Esta proximidad extrema provoca que uno de sus hemisferios reciba luz y calor de manera constante, con temperaturas cercanas a 1.800 ℃.

El planeta presenta una densidad menor a la prevista para un cuerpo rocoso. Para los científicos, este dato resultó decisivo: algo debía envolverlo y reducir su densidad. “Nuestra observación sugiere que está rodeado por una manta relativamente gruesa de gas”, explicó Nicole Wallack. Hasta el momento, se asumía que la intensa radiación estelar habría destruido cualquier atmósfera en poco tiempo.
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El hallazgo que desafió las predicciones
Durante 37 horas de observación ininterrumpida con el James Webb, los investigadores midieron las variaciones de la luz estelar cuando el planeta pasaba por detrás. Estas mediciones permitieron calcular la temperatura y el brillo de la superficie de TOI-561 b. Si el planeta careciera de atmósfera, la temperatura habría sido mucho más elevada. Los datos revelaron valores notablemente más bajos, lo que indica la presencia de una envoltura gaseosa que ayuda a disipar el calor y, en cierta medida, protege al planeta.
La atmósfera podría estar compuesta principalmente por vapor de agua y oxígeno, aunque su composición exacta permanece sin identificar. Los instrumentos actuales no logran determinar todas las moléculas presentes y la señal química se confunde con el ruido de los datos. Los modelos más recientes descartan la posibilidad de que se trate de un planeta sin atmósfera o con una capa gaseosa demasiado delgada. “Realmente necesitamos una atmósfera rica en volátiles para explicar todas las observaciones”, señaló Anjali Piette, de la Universidad de Birmingham.
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Uno de los aspectos más intrigantes es la capacidad de la atmósfera para persistir durante miles de millones de años. Se estima que TOI-561 b conserva su envoltura gaseosa desde hace 10.000 millones de años, pese a la radiación extrema y su gravedad limitada. Una posible explicación radica en un ciclo constante de intercambio de gases entre la atmósfera y un océano de magma superficial, lo que permitiría renovar y conservar los compuestos volátiles.
Un desafío para las teorías
El caso de TOI-561 b contradice la idea de la “costa cósmica”, la línea imaginaria que separa los planetas capaces de retener sus atmósferas de aquellos que las pierden. Este planeta demuestra que incluso los mundos más extremos pueden conservar una atmósfera estable durante miles de millones de años. Para los astrónomos, el hallazgo exige una revisión de los modelos sobre la evolución de los planetas rocosos y sobre la diversidad de ambientes dentro de la galaxia.
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Además, la ubicación de TOI-561 b en una región antigua de la Vía Láctea y su formación en torno a una estrella con escasas reservas de hierro ofrecen pistas sobre la variedad de procesos posibles en comparación con sistemas similares al solar.

Nuevas preguntas, nuevos horizontes
El descubrimiento de esta atmósfera resistente no solo aporta respuestas a interrogantes previos, sino que abre el camino a nuevas preguntas sobre la formación y supervivencia de atmósferas en planetas fuera del sistema solar: ¿cuántos otros mundos, aparentemente inhóspitos, ocultan historias semejantes? ¿Qué otros secretos podrán develar los instrumentos más avanzados, como el James Webb, en los próximos años?
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La respuesta a estos interrogantes podría modificar el enfoque en la búsqueda de vida en otros planetas y ampliar el espectro de escenarios posibles para la habitabilidad. Los próximos estudios, liderados por la Carnegie Institution for Science y otros equipos, intentarán precisar la composición de la atmósfera de TOI-561 b y comprender los mecanismos que la sostienen.
Mientras tanto, TOI-561 b se erige como un recordatorio de que el universo resulta mucho más diverso y sorprendente de lo esperado. La ciencia deberá adaptarse a lo inesperado y explorar más allá, en busca de respuestas aún desconocidas.
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