
Investigadores descubrieron cómo los animales domésticos facilitaron rutas invisibles de transmisión de enfermedades en sociedades arcaicas.
La identificación de ADN antiguo de la bacteria Yersinia pestis, responsable de la peste, en restos de una oveja de hace 4.000 años hallados en Arkaim, un antiguo asentamiento fortificado en los montes Urales del sur de Rusia, aporta nuevas pistas para comprender la propagación de la peste en la Edad del Bronce.
De acuerdo con la Universidad de Arkansas, el estudio internacional dirigido por el arqueólogo Taylor Hermes reporta la primera vez que se detecta la peste de este periodo en un animal no humano, lo que ayuda a reconstruir las rutas de transmisión y resalta el papel de los animales domésticos en el surgimiento de epidemias.
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Un hallazgo clave para la arqueología y la genética

El hallazgo, publicado en la revista Cell, forma parte de una investigación sobre ADN antiguo de ganado, coordinada por la Universidad de Arkansas junto a colaboradores de Harvard University y centros de Alemania, Rusia y Corea del Sur.
Los análisis se realizaron sobre huesos y dientes animales recuperados de excavaciones en Arkaim durante los años 80 y 90. La oveja analizada está asociada a la cultura Sintashta, reconocida por la domesticación del caballo y el surgimiento de sociedades nómadas con influencia en Asia Central.
En declaraciones recogidas por la Universidad de Arkansas, Hermes explicó que el procesamiento del ADN antiguo presenta grandes retos técnicos por la contaminación de muestras, tanto por restos ambientales como por acción humana, lo que dificulta aislar secuencias claras.
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Los fragmentos obtenidos rara vez superan los 50 pares de bases, una proporción reducida frente a la longitud del genoma humano.
Además, el material genético de animales suele conservarse en peor estado, ya que estos restos enfrentan condiciones adversas como el calor de la cocción, la exposición en basureros y la intemperie, factores que degradan el ADN a gran velocidad.
Nuevas rutas de transmisión y el papel de los animales domésticos
A pesar de estas dificultades, el equipo de Hermes logró identificar la secuencia genética de Yersinia pestis en un hueso de oveja procedente de Arkaim.

“Es la primera vez que recuperamos el genoma de Yersinia pestis en una muestra no humana”, subrayó Hermes, destacando el valor de este resultado. Para los investigadores, el hallazgo constituye un “eslabón perdido” que permite explicar cómo la peste de la Edad del Bronce se dispersó a través de Eurasia durante unos dos mil años.
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Hasta el momento, los científicos habían identificado variantes idénticas de Yersinia pestis en restos humanos separados por grandes distancias, aunque la cepa de la Edad del Bronce no se transmitía por pulgas, a diferencia de la peste negra medieval.
“Nuestro hallazgo ofrece una nueva visión sobre la dinámica entre personas, ganado y posibles reservorios naturales de la peste”, afirmó Hermes a la Universidad de Arkansas.

El estudio sostiene que esos “reservorios naturales” podrían haber incluido especies aún no identificadas, como roedores de las estepas euroasiáticas o aves migratorias que portaban la bacteria sin desarrollar la enfermedad.
El auge de la cría de ganado y la movilidad asociada a la domesticación del caballo por la cultura Sintashta generaron contactos frecuentes entre humanos, animales y estos reservorios, lo que favoreció la propagación del patógeno. Patrones similares se observan hoy con otros virus, como los murciélagos y el Ébola.
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Continuidad de la investigación y advertencias actuales
La Universidad de Arkansas informó que el equipo continuará recogiendo nuevas muestras humanas y animales en los Urales del sur con el objetivo de identificar más casos antiguos de infecciones por Yersinia pestis.

La detección de la bacteria en la oveja hallada en Arkaim refuerza la hipótesis de ciclos de transmisión complejos entre personas, ganado y fauna silvestre, dejando en evidencia que estos procesos ecológicos superan las fronteras del tiempo.
El avance advierte sobre las consecuencias de alterar el equilibrio ecológico al expandir las actividades humanas hacia ambientes naturales. Comprender y preservar las relaciones interdependientes que sostienen los ecosistemas resulta esencial para evitar la aparición de nuevas enfermedades.
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