
Cuando ninguna criatura sobre la Tierra llevaba un nombre humano, un gigante recorría los mares primitivos de lo que hoy es Cleveland. Sus imágenes han poblado museos y documentales, representado durante años como la bestia “aspiradora” del Devónico: Dunkleosteus terrelli. Sin embargo, una nueva investigación reveló que ese temido depredador no cazaba como se pensaba.
Un equipo internacional de paleontólogos sostiene ahora que Dunkleosteus no “absorbía” a sus víctimas, sino que las destrozaba con mandíbulas capaces de actuar como cuchillas, una revelación que derriba veinte años de certezas científicas.
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Nueva evidencia: el reinado de las mandíbulas-cuchilla
Durante dos décadas, la imagen dominante sobre Dunkleosteus terrelli giraba en torno a su habilidad para succionar presas, semejante a la de ciertas especies modernas de peces óseos. Esta percepción, difundida a partir de estudios publicados en 2007 y 2009, describía al animal como un coloso capaz de engullir presas enteras en décimas de segundo, valiéndose de potentes corrientes de succión. No obstante, reveló la revista The Anatomical Record, esos modelos se basaron en suposiciones anatómicas erróneas debido a que varios huesos y cartílagos nunca habían sido registrados o descritos en detalle.

El salto científico llegó tras el análisis de los mejores fósiles conservados en el Museo de Historia Natural de Cleveland. Según el investigador principal, Russell Engelman: “El último trabajo importante que examinó en detalle la anatomía mandibular de Dunkleosteus se publicó en 1932, cuando la anatomía de los artrodiros aún era poco conocida”.
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El nuevo estudio identificó la presencia de numerosos cartílagos desconocidos en el cráneo y la mandíbula, así como inserciones musculares nunca antes documentadas. El hallazgo más destacado sostiene que, en vez de anclarse en el techo óseo del cráneo, los músculos encargados de cerrar la boca se insertaban en grandes cartílagos internos, alterando por completo la mecánica de su mordida. Esto transformó la interpretación sobre la fuerza y el funcionamiento del aparato oral de la especie.

Con este cambio de paradigma, los investigadores comprobaron que Dunkleosteus estaba perfectamente diseñado para el corte. Lejos de poseer dientes tradicionales, exhibía placas óseas extremadamente afiladas —denominadas odontoides—, equivalentes a cuchillas, preparadas para trocear carne y triturar presas de gran tamaño.
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La robustez queda reflejada en la sínfisis mandibular: una unión rígida que bloqueaba cualquier movimiento lateral o expansión, características esenciales en depredadores por succión. En muchas especies modernas este punto es flexible, permitiendo aspirar eficientemente. En Dunkleosteus, la estructura es fija y, en algunos casos, muestra una fusión parcial que hacía imposible esa habilidad.
Una boca adaptada para cortar, no para succionar
Otra pista crucial aparece en la propia cavidad bucal. La boca de Dunkleosteus era enorme y se ubicaba en una posición muy retrasada, abriéndose hacia los lados. Estas particularidades dificultaban la creación de presión negativa, condición indispensable para que la succión resultara eficaz. Los peces actuales con bocas grandes emplean sellos de tejido o cartílago, pero Dunkleosteus carecía de estos, por lo que la succión simplemente no funcionaría.
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La biomecánica muestra que el ángulo de apertura de la boca alcanzaba aproximadamente los 65°, notablemente más amplio que las primeras estimaciones publicadas. Este rango coincide con los grandes depredadores pelágicos de hoy, adaptados para atrapar y procesar presas voluminosas, como corroboran marcas de mordiscos preservadas en otros animales fósiles del Devónico.
La investigación destacó que casi la mitad del cráneo de Dunkleosteus estaba formado por cartílago. Los científicos identificaron canales óseos para músculos similares a los encontrados en tiburones y rayas modernas, lo que revela una convergencia evolutiva sorprendente.
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Dunkleosteus, pese a ser el “niño modelo” de los artrodiros, resultó una rareza: ni dientes reales ni cráneo enteramente óseo, sino una maquinaria adaptada para un depredador de corte y desgarro.
“El trabajo revela que incluso los fósiles más estudiados todavía pueden brindar nuevos conocimientos”, aseguró Engelman.
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El registro fósil confirma la presencia de marcas compatibles con el uso de cuchillas óseas para arrancar grandes fragmentos de sus víctimas. No solo cambia la visión sobre Dunkleosteus, sino que obliga a revisar el modo en que la ciencia reconstruye la anatomía y el comportamiento de otros peces con armaduras similares.
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